“Fragmentación de la tierra al estilo comunista se está dando en Colombia”: Cabal Molina

Por: 
CONtexto ganadero
06 de Diciembre 2020
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“La izquierda comunista fue la que empobreció a Colombia”, sostuvo María Fernanda Cabal. Foto: Fedegan-FNG.

La propaganda comunista así como la fascista, se basa en la doctrina colectivista y, su mayor esfuerzo, se centra en convencer a la gente dentro de sus carencias, de su rabia y promoviendo el odio. Dicha propaganda ha sido idéntica en Chile, Cuba, México y Venezuela, donde se fragmentó la tierra y la propiedad rural y les generó hambre y miseria.

 

“Cada país donde se fragmentó o colectivizó la tierra, fue un desastre y les tocó revertir y volver otra vez, a que haya un propietario. La propiedad privada demuestra que hay un ánimo de señor y dueño y el libre mercado, simplemente le da el impulso y le da la vía para la creatividad, las ganas, la generación de riqueza”.

 

Así lo manifestó la Senadora de la República, María Fernanda Cabal Molina, al realizar un diagnóstico explícito y crítico, a la vez que emitió una alerta sobre la manera cómo ha evolucionado la tenencia de la tierra y al manifestar que la política que se ha hecho en Colombia, va en contra de la propiedad privada.

 

Su intervención tuvo lugar en el marco del 38 Congreso Nacional de Ganaderos, específicamente en el conversatorio “Una ganadería para el cambio, Tierra, seguridad y desarrollo”, el pasado 26 de noviembre de manera virtual.

 

En el diagnóstico –que calificó como cruel y crítico– se refirió a los antecedentes comunistas desde principios del siglo pasado, a la diferenciación entre historia y memoria, a la fuerte ocupación de los grupos guerrilleros y su toma del territorio, a la ley de víctimas y de restitución de tierras y a las más de 10.000 víctimas del sector ganadero, entre otros temas de gran trascendencia nacional.

 

Ante el moderador, Fernando Londoño Hoyos, exministro del Interior y de Justicia, así transcurrió el conversatorio virtual.

 

Fernando Londoño Hoyos (FLH): María Fernanda Cabal Molina, Senadora de la República, persona que ha dedicado los mejores años de su vida a trabajar por el campo colombiano. Lo conoce a fondo. Y además es una estudiosa de una materia que nos propone un primer problema, y es que el marxismo fue diseñado –si uno lee a Carlos Marx– la economía está diseñada sobre la base de la propiedad industrial que a este escritor le pareció que se hacía en condiciones de explotación del hombre por el hombre.

 

A Marx le pareció que eso debía cambiar con un socialismo de Estado, donde cada uno fuera dueño de su trabajo a través de unas migajas que el Estado le daba de su producción.

 

¿Cómo, por qué y a qué horas, cambió ese objetivo central del comunismo que era el objetivo de la propiedad y de la producción industrial a la propiedad agrícola que era un elemento secundario de la teoría de Marx, y que le produjo no pocos inconvenientes porque no tenía ni idea de lo que estaba hablando? ¿A qué hora se volvió el campo el punto central de la controversia político social de nuestro tiempo?

 

María Fernanda Cabal Molina (MFCM): Recorriendo la historia vemos cómo la propaganda comunista así como la fascista, y recordándole a la gente que ambas son siameses, son hijos del mismo vientre, porque son doctrinas colectivistas, el mayor esfuerzo que se hace es poder convencer a la gente y convencerla dentro de sus carencias, de su rabia y promoviendo el odio.

 

Desde el año 1933 empecé a identificar una propaganda que era prácticamente idéntica con el mismo lema sin redes sociales, con unos dibujos muy llamativos de campesinos con el eslogan de la tierra para quien la trabaja.

 

Esta propaganda era idéntica para Chile, Cuba, México y Venezuela. La internacional comunista después de que gana la revolución con Lenin, se empeñó en exportar la revolución y lo hicieron de forma muy efectiva.

 

Encontraron que a pesar de que Marx detestaba a los campesinos –les parecía una subclase–, él entendía la revolución como la que iban a hacer los obreros, entonces le toca abrir este escenario del campo porque necesita usar al campesino para generar esa revuelta.

 

Dicha situación llega a América a lo largo del tiempo y después de la independencia, se observa que continúa habiendo una acumulación, eso es cierto, pero eso es un fenómeno que gradualmente se va deshaciendo con el tiempo, primero por la herencia –que generalmente termina fragmentada– y segundo, por las políticas de reforma agraria que buscaban que más campesinos accedieran a mayor número de tierras, así fueran minifundios o microfundios.

 

Esta es una política que ha venido siendo repetitiva, pero pareciera que cometemos el mismo error, y que no hay otro discurso porque es, el que sigue vendiendo. No nos damos cuenta de los números y de las cifras que la pauperización, el empobrecimiento que hay hoy con pequeños minifundios, no van a resolver el problema del pequeño campesino porque vamos a volver a lo mismo, este va a terminar vendiendo por su pobreza, por la ausencia de tener formas de conectarse con un mercado, debido a que no hay vías, no hay salud, no hay nada.

 

Pero volviendo al tema de la tierra, la propaganda fue tan efectiva, tan eficiente, que se terminó quedando en la memoria colectiva del ser humano. Uno dice: ¡pero a ver! Le muestro los hechos para que vea que pasó.

 

Diferenciar historia y memoria

 

Siempre hago una diferenciación entre historia y memoria, porque la historia se puede verificar con hechos, son fuentes fidedignas que se pueden probar, la memoria, no. Por eso el comunista o el fascista tiene que vivir de mitos y leyendas para convencer a la gente de que lo que han dicho es cierto. Por eso crean el mito fundacional de Marquetalia, el mito de la tierra, como fenómeno de cambio o lucha agraria revolucionaria. Y eso es todo lo que adaptan los movimientos revolucionarios en Colombia. (Lea: La ineficacia de la reforma agraria en Colombia)

 

Entonces aquí todas las políticas que se vienen haciendo en países como Colombia van exactamente en contra de lo que es la propiedad privada, del grande –que ya existe mucho menos, ya no hay ese grande que dibuja la narrativa de izquierda–; del mediano y del pequeño que sigue siendo terriblemente vulnerable.

 

Si a eso se le suma que no hay títulos, aquí prevalece lo que se llama la falta de tradición, y en vez de ayudar a que todos esos puedan tener su título de propiedad, que la propiedad privada hay que entenderla como la base de la civilización. Sin propiedad privada no hay civilización.

 

Con la tierra se les olvidó que los fenómenos de las luchas revolucionarias arrancaron en los años 60 promovidos por los sacerdotes de la teoría de la liberación, muchos de ellos españoles, muchos heredados de la guerra civil española y vienen a sembrar las semillas de la revolución en estos países de América.

 

Esas primeras invasiones van desde los años 60 –que es el tema Golconda, donde ahí también se crea el ELN–. Después viene una etapa donde se frenan las invasiones y se empiezan a infiltrar sindicatos y asociaciones campesinas en la etapa del enguerrillamiento para nuevamente volver a un punto que es demasiado interesante: de 1987 a 1994 las fuentes del Incora, revelan que el mayor número de transacciones fueron compras que hizo el Estado a propietarios no necesariamente terratenientes, había de todo, donde no pudieron soportar la invasión de las Farc, el ELN y el EPL –especialmente estos dos últimos– eso se llamó los frentes populares.

 

La guerrilla reclutaba campesinos sin tierra a fines a su proyecto político militar. Invadía una finca, no había Estado, secuestraban al propietario, desplazaban a esa familia y no les quedaba de otra que rogarle al Estado que se las comprara.

 

Control territorial

 

Si se observa con el mapa de Colombia, la sistematicidad con la que se hizo esta gestión; se observa la capacidad de ocupamiento de territorio que han tenido las guerrillas. Por eso Iván Márquez señala en una frase, que no se puede olvidar cuando el proceso de paz de Santos, “Tierra y territorio están indisolublemente ligados”.

 

A ellos, nunca les ha importado un campesino y de hecho son los primeros depredadores; a ellos les interesa vender la propaganda de tierra para quien la trabaja, para apoderarse del control territorial de la zona donde van a tener la coca, la minería ilegal, el tráfico de armas, en fin, en toda guerra hay control territorial y hay guerra de posiciones.

 

Si se observa de 1987 a 1994 es impresionante, por ejemplo, en regiones como San Alberto (Cesar), o en la ubicación estratégica de la Serranía del Perija, forman un corredor. Tengo más de 100 invasiones documentadas solo en el Cesar.

 

Si este país quisiera hacer un estudio serio, debería hacerlo con la fuente que existe en el Incora.

 

Qué sucedió después que esos invasores –que terminan premiados por el Estado porque el Estado colombiano le encanta darles gabelas, premios e impunidad a los bandidos y terminan titulados en parcelas con créditos, además, de la Caja Agraria–, pues más del 90 % vendieron porque no tenían vocación agrícola o porque la misma pobreza los obligó a vender. A quién le venden esa parcela de predio que invadieron, que le quitaron al propietario original y le tocó rogarle al Incora, si es que este Instituto se lo compró. Ojo, compraban a la quinta parte del precio con bonos a 5 y 10 años.

 

Dejaba esa familia que era una gran productora agrícola o agropecuaria en la ruina y eso fue en todo Colombia en los sitios donde había mayor producción. ¿Qué hizo ese pequeño? Vender. ¿A quién le vende? A otro campesino.

 

Ley de víctimas

 

Cuando se crea la ley de víctimas y restitución de tierras –que es un lobo con piel de oveja– oponerse a eso es ir en contra de las víctimas. Es tan políticamente incorrecto que yo he tenido que soportar durante 4 años que llevó esta cruz encima –que además no me pesa porque es una causa justa– donde las agresiones son de todo tipo y de todas partes, primero por la enorme ignorancia de la gente sobre la historia y el fenómeno de la tenencia de la tierra, y otra, porque la izquierda sigue siendo la dueña de los pobres y vendiendo una idea falsa, la izquierda comunista fue la que empobreció a Colombia aún hoy.

 

¿Quién reclama hoy gracias a la famosa ley de víctimas y restitución de tierras? Ese antiguo invasor, ese antiguo miembro de los frentes populares del ELN, EPL o las Farc. Por lo menos el 60 % de los reclamantes, son falsos reclamantes que no tienen derecho a reclamar y esta ley es diseñada de tal forma que el propietario se queda sin ninguna defensa posible. Lo más irónico es que ese propietario para poder comprar un predio titulado por el Incora, es totalmente desconocido por el mismo Estado colombiano, que le pone no solo la carga de la prueba de un conflicto sino que le vulnera el principio de confianza legítima, no existe doble instancia, queda como si fuera un delincuente.

 

Peor aún, más de la mitad de los predios restituidos son menores de 5 hectáreas. ¿Será que un terrateniente tiene menos de 5 has?¿Qué ha sucedido? Que he llevado yo sola un proyecto de reforma que ha venido siendo a la vez archivado porque no se discute. Este gobierno en un principio tenía en campaña interés en la reforma. (Lea: Las dos caras de la Restitución de Tierras)

 

¿Ahora qué estamos haciendo? Estamos esperando, que al menos la parte de los campesinos más pobres, que son sujetos de especial protección constitucional en el papel –como buena parte de los discursos de este país– que además la mayoría son víctimas, deberían tener una protección constitucional adicional o reforzada, están dejados en la calle desde hace 7 años.

 

Cuando conozco este drama humano, empiezo una lucha para generar conciencia. Que dificultad. Incluso tenemos sentencia de la corte constitucional que obliga al Congreso a legislar y, ni así. Hemos logrado un acuerdo entre varios partidos de distintas corrientes para que el contenido de la sentencia con respecto a los más pobres pueda ser reformado. Ojalá honren su palabra.

 

La tierra es el garrote

 

Siempre la tierra es el garrote. A nadie le importa que en el sector urbano exista un negocio de pizzas, por ejemplo, que tiene 200 puntos de ventas, a ese no le dicen nada, pero si alguien tiene una finca de 1.500 hectáreas es un depredador. Hay una forma de mirar lo rural y lo urbano, distinta. Es injusto que el productor del campo tiene todo en contra, inclusive el que tiene recursos, porque los riesgos del campo son adicionales a los que existen en una ciudad.

 

Ese es el diagnóstico cruel, crítico. Un Estado que construye las herramientas permanentemente para su autodestrucción. Recordemos que la reforma rural integral del acuerdo de paz –hecha a espaldas de los gremios productores agrícolas y pecuarios– establece que tiene que darle 3 millones de hectáreas a los campesinos, bueno, es una política que siempre ha existido, no sé de dónde van a sacar esa cantidad y 7 millones que se deben formalizar, ojalá hubiera una política de formalización mucho más activa.

 

En Colombia hay 31 millones de hectáreas en cabeza de indígenas, sobre todo los del CRI que son los más avispados y son los que exigen y exigen y exigen, mientras hay otros indígenas desplazados que no tienen tierras, pero que los que los agrupan cobran por ellos el subsidio al Estado.

 

También existen 5 millones de has en cabeza de las comunidades negras especialmente en el Pacífico. Y la propiedad privada tiene 46 millones de has, que, si se pasan por la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos, se observa que cada propietario tendría en promedio 9 hectáreas, mientras que de otros territorios de comunidades negras e indígenas les correspondería 3.700 has.

 

Esos son hechos, están verificables pero la narrativa y el discurso, hacen que la gente crea que uno es el que dice mentiras y que uno es el que está distorsionando la realidad. Una lucha muy fuerte y pesada en contra de lo que es un país que se autodestruye, un país que carece de sentido común para las cosas, pero que tenemos que seguir luchando para poder enderezar lo que es nuestro activo más importante, que es la producción de comida para Colombia y para el mundo.

 

FLH: Se nos olvida que el territorio es un elemento esencial del Estado, lo mismo que la población, o que el orden jurídico al que está sometida esa población en un territorio determinado. ¿No es ahí dónde está el gran tema, que es más fácil tomarse la tierra que desde el punto de vista estratégico de una gran revolución, es mucho mejor la tierra que cualquier otra cosa?

 

MFCM: Por supuesto, pero además usted acaba de mencionar la esencia de la lucha revolucionaria que es territorio y población. Ellos necesitan el control territorial para controlar la población. De hecho, es lo que hacen en buena parte, por ejemplo, del Cauca. A ellos solo les interesa tener el control para generar unas dictaduras con la excusa de representar al pueblo y poder dominar al resto de los seres humanos. Pero yendo más allá, esas mentalidades son mentes enfermas, son izquierdo patas. Pretender controlarle el proyecto de vida a un individuo, no es sano.

 

Y cuando esas personas no sanas, llegan al poder, es cuando tienen la capacidad de generar desastres.

 

Este que es un gremio (el ganadero) que lo ha vivido todo, el abandono del Estado, la guerrilla, el paramilitarismo y hoy en día una inseguridad jurídica sobre sus predios; que lo ha vivido todo, es el gremio que tiene que ser la fortaleza, además, por la esencia de su causa, que es producir comida, alimentar a la gente.

 

De ser el muro de contención, de lo que pasó en Colombia, de lo que nos devolvió el presidente Uribe, que en buena hora está libre de nuevo, y de lo que queremos construir para el futuro como sociedad civilizada y como Estado de derecho.

 

Ellos tienen que ser conscientes que su vida, como lo logré recoger en dos libros que publicamos con la Fundación de Fedegan, 'Acabar con el Olvido'. Más de 10.000 víctimas ganaderas que no pueden quedar simplemente relegadas a un segundo plano. No. Víctimas de todos los grupos ilegales. Que se den cuenta que ese valor civil de trabajar la tierra tiene que mantenerse con la fuerza que da el espíritu para seguir defendiendo esta Nación. (Lea: Fundagán continuará con la reconstrucción de la memoria histórica de los ganaderos)

 

FLH: Este sistema de distribución forzada de tierras, de reforma agraria de corte comunista y socialista, ¿dónde ha producido buenos resultados, donde ha aumentado la producción de comida, donde ha aumentado el bienestar de la gente campesina, donde?

 

MFCM: No solo ha traído pobreza, sino que nuevamente lo triste es que compren la fórmula. Recuerde usted el tema del 'ejido mexicano', que es el microfundio, llegó un momento de empobrecimiento que después, les tocó generar una fórmula para poder juntar los pedacitos y atender la demanda de productos mexicanos por parte del mercado de Estados Unidos que es tan grande.

 

En 1921 después de la revolución Bolchevique, se generan más de 5 millones de muertos de hambre. En 1932 igual, 6 millones de muertos. En Cuba, se colectivizó la propiedad y dejaron de ser autosostenibles, perdieron su seguridad alimentaria y, de hecho, vive hoy de lo que importa especialmente de La Florida, con una triangulación generada por el bloqueo. Hasta las Caraotas, las producen es en La Florida y no en Cuba. El mayor productor de azúcar no tiene azúcar. Es como Venezuela, que se queda sin gasolina.

 

Entonces cada país donde se fragmentó o se colectivizó la tierra, fue un desastre y les tocó revertir y volver otra vez, a que haya un propietario. La propiedad privada demuestra que hay un ánimo de señor y dueño y el libre mercado, simplemente le da el impulso y le da la vía para la creatividad, las ganas, la generación de riqueza.

 

¿En qué tiene que acompañar el Estado? En no perseguir, en no prohibir, en facilitar, en todo lo que es alrededor de una productividad, del acceso al crédito, en que no inventen competencias extranjeras que revienten a los privados, en que haya vías, pero no tiene por qué meterse en nada más.

 

Déjele al privado. El que quiera vender, que venda, y el que quiera comprar, que compre. Cada cual es dueño de su destino. No podemos planificar el destino de los demás.

 

Fragmentar esos pequeños minifundios, lo que trae es miseria para esa familia campesina y una productividad tan escasa que tampoco suple ni garantiza la seguridad alimentaria.