Estudios científicos de largo alcance y nuevas investigaciones europeas advierten sobre posibles efectos neurológicos, digestivos e inflamatorios asociados al consumo frecuente de tofu, especialmente cuando se usa como sustituto de la proteína animal.
El tofu se ha posicionado en los últimos años como una alternativa “saludable” a la carne, impulsado por tendencias alimentarias y discursos ambientales. Sin embargo, la evidencia científica que ha vuelto a circular en la comunidad académica plantea serias dudas sobre su seguridad, en especial cuando se consume de forma habitual y como reemplazo de la proteína animal. (Lea en CONtexto ganadero: Informe en Europa destapa los problemas ocultos de la ‘carne’ falsa)
Recientemente, el doctor en Ciencias Biomédicas y profesor investigador Ricardo Andrés Roa Castellanos retomó en un video una investigación publicada por científicos estadounidenses que analizó los efectos del consumo de tofu en la mediana edad y su relación con el envejecimiento cerebral. Los resultados, lejos de ser anecdóticos, muestran asociaciones consistentes con deterioro cognitivo y cambios estructurales en el cerebro.
Cerebro y envejecimiento
El estudio titulado Envejecimiento cerebral y consumo de tofu en la mediana edad (Brain aging and midlife tofu consumption), liderado por L. R. White y un equipo de investigadores, se basó en un seguimiento longitudinal iniciado en 1965.
La investigación evaluó a hombres que reportaron su consumo de tofu durante la mediana edad y posteriormente fueron sometidos a pruebas cognitivas, neuroimágenes y autopsias décadas después. (Lea en CONtexto ganadero: La carne de laboratorio contamina más que la de animal)
Los hallazgos fueron claros. Mayor consumo de tofu se asoció de manera independiente con bajo desempeño cognitivo, agrandamiento de los ventrículos cerebrales y menor peso cerebral en la vejez. Estas asociaciones se mantuvieron incluso tras ajustar múltiples variables.
Los autores concluyen que “en esta población, un mayor consumo de tofu en la mediana edad se asoció de forma independiente con indicadores de deterioro cognitivo y atrofia cerebral en la vejez”. Además, se observó un patrón similar en las esposas de los participantes, lo que refuerza la consistencia de los resultados.
Ultraprocesados bajo la lupa
A esta evidencia se suma una investigación más reciente de la Universidad de Extremadura, realizada en 2025, que pone el foco en el tofu y el seitán comercializados en países occidentales. Según el estudio, estos productos poco tienen que ver con sus versiones tradicionales asiáticas y entran en la categoría de ultraprocesados.
Mario Estévez García, catedrático del Área de Tecnología de los Alimentos, advirtió para El Diario.es que “estos alimentos se elaboran de forma muy distinta a los originales que encontramos en los países asiáticos”, lo que cambia radicalmente su impacto en la salud.
El trabajo, desarrollado por el grupo TECAL del Instituto Universitario de la Carne y Productos Cárnicos, comparó la digestión del tofu, el seitán y la carne en modelos animales. Los resultados mostraron inflamación, disbiosis intestinal y una digestibilidad muy inferior en los productos vegetales ultraprocesados frente a la proteína cárnica.
Proteína y digestión
Uno de los puntos centrales del estudio fue la capacidad del organismo para digerir y aprovechar la proteína. La carne mostró una digestión progresiva y eficiente, relacionada con mayor saciedad y mejor absorción de aminoácidos. En contraste, el tofu y el seitán presentaron escasa digestibilidad, lo que altera el proceso intestinal.
Estévez explica que “el proceso de digestión que se observó fue totalmente distinto para los tres tipos”, subrayando que incluso en personas sanas se detectaron marcadores inflamatorios asociados al consumo de estos productos.
Ante este panorama, los investigadores coinciden en que se requieren más estudios que evalúen los efectos sostenidos del consumo de tofu y otros análogos cárnicos. Mientras tanto, la evidencia disponible cuestiona su papel como sustitutos seguros y equivalentes de la proteína animal, tanto para la salud cerebral como para el equilibrio metabólico.



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