Beneficios de la labranza mínima y 3 formas de realizarla

Por: 
CONtexto ganadero
25 de Julio 2019
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La labranza mínima permite la siembra de cultivos sin necesidad de mecanización del suelo. Foto: Agronegocios.co

También conocida como mínimo movimiento del suelo, esta práctica consiste en intervenir lo menos posible el terreno al momento de cultivarlo para no interferir en los procesos naturales que allí se desarrollan. Aprenda cuáles son sus beneficios y cómo puede aplicarla.

 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre los principales beneficios de la labranza mínima del suelo están: (Lea: Estos son algunos aciertos y errores en el establecimiento de praderas)

 

  1. Protege la humedad del suelo debido al aumento de la filtración y a la baja de evaporación.
  2. Regula su temperatura y contribuye al control de los extremos de calor y radiación, mejorando el microclima del suelo.
  3. Protege la estructura del suelo.
  4. No interrumpe los drenajes naturales.
  5. Controla la erosión del suelo.
  6. Aumenta su fertilidad, disminuyendo la tasa de descomposición de la materia orgánica y por tanto la pérdida de carbono.
  7. Estimula la actividad biológica del suelo.
  8. Permite el ahorro en un 20% en mano de obra.
  9. Ahorro en combustible y costos de maquinaria pesada.

 

 

3 formas de hacer la labranza mínima

 

Labranza cero o siembra directa: Esta permite el desarrollo de cultivos sin preparación mecánica o alteración del terreno desde el cultivo anterior. El sistema de siembra directa afloja el suelo en un área estrecha y poco profunda inmediatamente alrededor de la zona de las semillas.

 

La perturbación localizada se efectúa con un plantador de conservación o sembradora y se hace sobre todo en suelos de textura gruesa como arenas o gravas, o en suelos bien drenados que son menos susceptibles a la compactación. (Lea: Así recupera la labranza mínima al suelo)

 

Labranza mínima en surcos o continua: En esta se remueven los surcos de 20 a 30 cm de ancho que serán ocupados por el cultivo, dejando el suelo entre surcos sin remover. La separación de la tierra dentro de los surcos se hace a una profundidad de 15 a 30 cm, según el tipo de suelo y clase de cultivo.

 

El sistema es ideal para terrenos fríos y húmedos, debido a que los surcos ofrecen plántulas en un ambiente más cálido y con mejor drenaje. (Lea: Estas son las amenazas que impulsan la degradación del suelo)

 

Labranza mínima puntual o sitio a sitio: El suelo se prepara alrededor de la postura de la siembra, efectuando una remoción de forma circular a unos 20-25 cm alrededor de la postura, sin dejar espacio. Se recomienda en cultivos de distanciamiento largo como sandía, yuca o tomate, entre otros. 

 

El propósito es no alterar el suelo en una estrecha franja a lo largo de la fila de plantas y dejar la mayor parte de la superficie sin perturbar, lo que facilita el crecimiento profundo de la raíz y el movimiento del agua. (Lea: Con labranza mínima se recuperan pasturas degradadas)

 

Las herramientas más empleadas para estos sistemas de labranza mínima, que evitan la rotación de los horizontes del suelo y su alteración excesiva, son la matraca, las sembradoras de tracción mecánica o animal, y el palo plantador, por nombrar algunas.