30 ciclos de vacunación en 15 años

Por: 
Julián Pérez Mujica
04 de Marzo 2013
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Óscar Correa, vacunador Fedegán
Correa ha estado presente en cada uno de los 30 ciclos de vacunación que Fedegán ha implementado desde 1998. Foto: CONtexto ganadero
Muchos no recordarán bien algunos de los hechos relevantes de 1998, algunos tendrán apenas referencia de lo que sucedía por aquel entonces, sin embargo para otros, como Óscar Correa, aquel año fue sin duda uno de los más importantes de su vida, aquel que le permitió comenzar su carrera como vacunador.
 
En 1998, año en el que Hugo Chávez ganaba por primera vez las elecciones en Venezuela, un par de amigos fundaba Google, Francia se consagraba como campeona de fútbol por primera vez en su historia y Britney Spears aparecía en la escena musical, Óscar Correa comenzaba a recorrer los caminos de Candelaria y Pradera, en el Valle colombiano, con la única misión de vacunar contra la fiebre aftosa a los animales de la región.
 
El hecho, que podría parecer irrelevante para muchos, se aprecia en su real dimensión cuando uno se entera que transcurridos 15 años desde entonces, Correa ha estado presente en cada uno de los 30 ciclos de vacunación que Fedegán ha implementado desde 1998.
 
Para este tecnólogo en pecuarias, que ha sido testigo de las diferencias en de organización, que ha visto modernizarse el sistema, que ama lo que hace igual que lo hacía el primer día, el oficio es algo que se lleva en las venas y para lo que se necesita pasión. (Lea: Vacunadores todoterreno, sin importar distancia ni lugar)
 
Cuando yo comencé la dosis valía $240, hoy en día sigue siendo muy económica, apenas $1.000, pero lo más importante es que más allá del costo, los productores saben de la importancia de tener vacunados a sus animales”, comenta Correa.
 
Cuando se encuentra en ciclo de vacunación, Correa sale pasadas las 4 de la mañana y no llega antes de las 7:30 de la noche.
 
“Mi  trabajo en estos 15 años ha permitido la organización de las rutas del sector, mi trabajo, y el de los que como yo nos dedicamos a esto, ha sido lo que ha permitido tener una estructura sólida que facilita a todos lo que hacemos y por lo mismo ayuda a que lo hagamos de la mejor manera”.
 
Hoy en día Correa ha sido pilar fundamental en el establecer los predios a visitar, las mejores rutas para optimizar tiempos y en saber quiénes son pequeños, medianos y grandes ganaderos. (Galería: La travesía de un vacunador)
 
Todo ha ido evolucionando en el trabajo de este vacunador. Inicialmente cuando llegaba a vacunar los dueños de los predios eran desconfiados, a algunos ya los habían visitado, a otros les parecía costoso y su trabajo lo adelantaba caminando en gran parte de sus recorridos. Hoy en día todo está organizado y la moto se ha convertido en su aliada inseparable.
 
 
El carro no es una opción para quien cuando no puede llegar en su moto utiliza caballo. De igual manera si no es posible, él sabe que su misión de vacunar es primordial y por lo mismo camina lo que haga falta, todo con tal de que al final del ciclo pueda dar el parte de tranquilidad y seguir teniendo la certeza de que si están libres de aftosa y brucelosis en su región, es en gran parte gracias a su trabajo.
 
Este vacunador ha sido afortunado, no solo porque no ha sufrido lesión alguna, algo que es común entre quienes se desempeñan en esto, sino porque no ha tenido que enfrentar circunstancia alguna de amenazas o de inseguridad.
 
15 años de historias, anécdotas y de mucho trabajo
 
Óscar Correa lo tiene claro: “visito 351 predios en cada uno de los 2 ciclos que se hacen al año, vacuno casi 17 mil 500 animales y en esto no hay interés económico, si uno lo hiciera por plata, estaría en el oficio equivocado. (Lea: Vacunadores de Santander se certifican con el SENA)
 
Tras 15 años en el oficio Correa tiene muchas historias, él mismo sonríe cuando se le pregunta por ello.
 
Correa sonríe cuando recuerda aquella vez en la que “me dijeron, estando en la parte alta de una montaña, que al bajar lo hiciera con mi moto apagada porque había una vaca con fobia a los motores. Yo creí que era una creencia de quienes allí vivían, como tantas que tienen, y pues no les hice caso. No fue sino prender la moto y esa vaca se me vino encima a tratar de derribar la moto”.
 
Alguna vez un señor le rogó por casi una semana para que visitara su predio. El destino no estaba en la ruta, pero el personaje le insistió tanto que Correa fue y al llegar se encontró que allí solo había caballos para ‘vacunar’. (Lea: Vacunadores de Arboletes, Antioquia, certificados por el Sena)
 
Lo que más recuerda es “el día que llegué a una finca, la señora estaba sola y me dijo que el esposo no demoraba. Yo le pedí el baño prestado, me quité las botas y estando allí empezaron a golpear fuertemente. El señor vio las botas y se imagino otra cosa y yo apenas trataba de explicarle. Hoy en día sigue sin darme la cara de la vergüenza”.
 
Correa empezó los ciclos en el país, por eso se muestra orgullo cuando se habla de estatus sanitario del país, al que él aporta su granito de arena. Sufre mucho cuando se habla de contrabando, de posibles brotes de algún virus e incluso por el poco control que Ecuador y Venezuela prestan al tema.
 
“Ecuador ya está entrando en el cuento. Con Venezuela si es muy difícil. Eso es lo malo de tener un mal vecino con plata, te friega cada vez que quiera”, asegura el técnico pecuario.
 
Mi municipio fue el primero que fue declarado como libre de aftosa, por eso me preocupa el tema y hago todo lo que está a mi alcance para seguirlo manteniendo de este modo.
 
Correa no sale nunca de su casa sin echarse sobre su cabeza un poco de azúcar. Cuando está en ciclo de vacunación tampoco lo hace sin lo que considera el almuerzo de los que como él trabajan vacunando: pan, salchichas a lo que le suma la gaseosa que compra en alguna tienda.
 
Él sabe que en los grandes predios, al funcionar como empresa, la cordialidad brilla por su ausencia; amabilidad que por el contrario es el sello que distingue a la mayoría de pequeños propietarios; a todos los conoce, todos lo llaman y él a todos ayuda, finalmente ama lo que hace y entre todos buscan lo mismo: un ganado sano.
 
En su opinión hace falta un poco de capacitación, de estudiar más, de asesoría para los que vienen.
 
En el país hay 2.600 vacunadores, que pueden llegar a visitar entre 12 y 14 predios diariamente, “yo que les digo que hay momentos de alegría de sinsabores, es complicado pero también es bonito, pero tiene uno que llevarlo en la sangre”, como en la sangre lo lleva Correa, un vacunador a quien la satisfacción cuando habla lo evidencia y quien espera poder seguir siendo parte de una Colombia libre de aftosa con vacunación.