Donar 2 cabras a los 11 años, una apuesta por el equilibrio social

Por: 
Luisa Gómez Rodríguez
27 de Octubre 2014
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Donación Juan de Dios Montero Meza
En la foto de i a d, Cecilia Meza, Juan de Dios Montero Meza y Nicolás Montero. Foto: Fedegán.
Se podrían contar 430 experiencias de una sola noche. Todas tienen el mismo nivel de importancia, pero una en particular llama la atención: la de Juan de Dios Montero Meza; un niño de 11 años nacido en Magangué, Bolívar.
 
En la historia de ‘Una Vaca por la Paz’, iniciativa que lidera la Fundación Colombia Ganadera, Fundagán, apoyado por la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, era la primera vez que un menor de edad hacía presencia en la Gran Cena Gourmet, que se lleva a cabo cada 2 años para favorecer a familias, madres cabezas de hogar y todos aquellos afectados por la violencia en el sector rural. (Lea: Los ecos de las voces que asistieron a ‘Una Vaca por la Paz’)
 
Juan de Dios estaba rodeado por 429 adultos, algunos pertenecientes a la tercera edad, eso sin contar con el personal de logística, cocineros y medios de comunicación. “Pensé que se iba a aburrir porque era un evento para gente mayor y normalmente los niños se duermen en ese tipo de actividades”, cuenta Cecilia Meza, madre de Juan de Dios.
 
Era un enigma porque él no sabía de qué se trataba la actividad. “Mi mamá me invitó a la cena. Para ser sincero no quería ir, pero cuando entré al salón me empezó a gustar lo que vi, para mi era algo especial porque con este tipo de campañas las personas que no tienen suerte se benefician, además ayudarlas con una vaca es muy bonito ya que pueden mantener a sus hijos y a su familia en general”, cuenta Juan de Dios.
 
La madre de él lo describe como un niño con bondad. “Esa es su naturaleza. Siempre le he dicho ‘Juan de Dios, cuando uno trae bondad trae paz, tranquilidad y honestidad’, por eso cuando compré las boletas, le decía a mi esposo que uno tiene que estimularle que conviva con la situación del país, que sepa que hay niños menos protegidos que él y que por eso uno no puede quedarse con las manos cruzadas”, señala Cecilia. (Lea: Llegó la hora de unir esfuerzos y hacer 'una vaca por la paz')
 
Poco a poco, esa noche del 8 de octubre se acercaba. Los Montero Meza habían llegado a la capital colombiana 2 días antes para comprar lo necesario, como la ropa de Juan de Dios. Cuando llegó el momento, la familia hizo presencia en el Club El Nogal, ubicado en la ciudad de Bogotá.
 
Los 430 asistentes ingresaron al salón de 35 metros de ancho por 13 de largo sobre las 8 y 30 de la noche y se sentaban en igual número de sillas, ubicadas en 43 mesas. “Sentí mucha emoción porque saber que era el único niño entre todas esas personas me hacía pensar que debía comportarme muy bien frente a ellas”, agrega el menor.
 
Con luces tenues, en las paredes se veían fotos de familias beneficiadas por el programa en ocasiones anteriores, pendones de empresas que apoyaron la causa, 2 pantallas gigantes a lo ancho del salón con una vaca color naranja y un cero al lado, que indicaba que no se habían hecho donaciones, también había una tarima y un atril. Sobre las 9 de la noche empezó el evento que reunió a familias, empresarios, ganaderos, actrices, un futbolista, 4 chefs y dirigentes gremiales para actuar en pro del crecimiento del campo colombiano.
 
Las luces se apagaron y en la pantalla principal se proyectó un video con testimonios de familias beneficiadas, en su mayoría mujeres cabezas de hogar que contaban con un terreno para criar a los animales. (Lea: Los sabores de ‘Una Vaca por la Paz’)
 
Al ver el video sentí pena por esas pobres familias que son aterrorizadas por la violencia y el desplazamiento  forzado, entonces entendí que ese sentimiento no debía impedirme ayudarlas, al principio me intimidé porque donar a mis animales me dolía, pero ya después sentí alegría porque esas cabras van a ayudar a alguien más”, asegura Juan de Dios.
 
Cecilia explica que cuando todos los asistentes veían y escuchaban con atención los testimonios de las personas beneficiadas, comprendieron realmente cómo ellos se alegraban de recibir ese “regalo”, de esa manera ella le dijo a su hijo que lo que para él no representa felicidad para ellos sí. “‘En tus manos está darles esa sonrisa a esos niños, es de verdad que están felices’ le dije. Estoy segura de que no se aburrió ni un solo instante en el evento porque muchas cosas lo mantuvieron activo: tomarse fotos con la gente, la comida, todo”.
 
El regalo de un cumpleaños
 
Para un cumpleaños, como cuenta la madre de Juan de Dios, el niño había recibido una lluvia de sobres. Así empezó a ahorrar. Hasta que luego de un tiempo Cecilia le dijo a su hijo que ese dinero lo debía invertir, por eso en La Guajira él compró una cabra y un padrote.
 
 
“Los tengo en la finca de mi abuela, los voy a ver los domingos y los festivos que no hay tanto trabajo, a veces los alimento. No recuerdo el nombre de la persona a la que se los compré, pero me gustan mucho, sobre todo el pelaje y ordeñarlos”, asegura el niño. (Lea: Hay que devolverle a la sociedad algo de lo que ha hecho por nosotros)
 
De acuerdo con Cecilia, regalar una vaca por regalarla lo puede hacer cualquiera, pero Juan de Dios lo hizo porque debía que ser algo propio, algo que le alegrara la vida a otras personas. “Era el primer niño que donaba sus animales. Aunque los amo tuve el valor para dejarlos ir y dárselos a alguien más”, comenta el menor.
 
Sí, dijo “los amo”, en plural, entonces levantó la paleta por segunda vez. “Luego me puse a pensar ‘si yo les doy la cabra, ¿cómo va a hacer esa familia para que el animal procree?’, entonces levanté de nuevo la paleta y doné para que fuera más justo con los beneficiarios. Me encantaría ver a esa familia y ver que son alegres con lo que yo hice. La felicidad en los rostros de las personas a las que uno ayuda, es la satisfacción más grande que se pueda tener”, agrega.
 
¿Cómo afrontar la violencia para alcanzar la paz con animales?
 
Para Juan de Dios antes de afrontar un problema, este se debe aceptar; entonces si se entiende la violencia que hay en Colombia, “todos podremos solucionarlo”. Al parecer, la bondad en el corazón es la solución de la problemática que enfrenta el país desde hace más de 60 años.
 
Yo creo que otro acto muy bondadoso, aparte de donar, es no ser tan egoístas, groseros y engreídos, porque así es como se llega a la violencia. La desconfianza puede romper muchos tipos de pactos. Al ver cómo la vaca de la pantalla se llenaba (de color blanco a medida que se hacían donaciones), para mi significó que las personas que donaron tienen mucha bondad en sus corazones y eso es un sentimiento de satisfacción que por siempre vivirá en ellos”, apunta el niño de 11 años. (Lea: Informe: Así se multiplica la economía rural con una vaca)
 
El relevo generacional contribuye al equilibrio de la balanza de la igualdad
 
Para Cecilia este tipo de actividades se deben seguir fomentando con más frecuencia, en especial en los niños, que como se dice popularmente, “son el futuro de Colombia”.
 
“Se debe pensar en iniciar un relevo de este tipo de actividades con los hijos, hay que estimular estas obras, con el fin de que los niños vivan la realidad que tienen en el país. Sí hay gente buena, pero lo único que se ven en los noticieros son noticias negativas. Juan de Dios no creía que la gente fuera a donar y se sorprendió con la cantidad de vacas que se recaudaron para las familias que más lo necesitan”, señala la madre del menor.
 
Un total de 1.452 animales, incluyendo la cabra y el padrote de Juan de Dios, se donaron la noche del 8 de octubre en el Club El Nogal. Varias emociones se vivieron, porque como señalaba Cecilia, eran pocos los que creían que se fueran a dar gestos de bondad con las familias rurales, pero al ver el inicio de esta subasta en pro del desarrollo del campo colombiano, 430 personas se dejaron llevar para hacer realidad una ilusión. (Lea: Ganaderos le tienden la mano a víctimas de minas antipersonal)
 
Con esta cena comprendí lo que pasa en el país con los campesinos: son desplazados por la violencia y se genera pobreza a causa de toda la desigualdad que hay entre pobres y ricos. Si ponemos una balanza se nota en dónde está el peso. Al donar mis animales lo que hice fue equilibrar un poco la báscula porque va a haber más igualdad, habrá paz”, puntualiza el niño de 11 años.