El niño que más ama los animales en toda Colombia

Por: 
Luisa Gómez Rodríguez
10 de Agosto 2015
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Nicolás Ospina Velásquez, ganadero 10 años
Nicolás, de 10 años en este momento, comentó que cuando tenga 30 años espera ser médico veterinario. Foto: Fedegán.
Nicolás Ospina Velásquez tiene 10 años y sabe desde ya que su futuro estará ligado a los animales, a quienes considera su pasión y la razón por la que desea convertirse en médico veterinario.
 
Decanos de varias universidades del país aseguran que hay pocos jóvenes interesados por el campo colombiano. Las razones son varias. Hay personas que dicen que ser ganadero, y ejercer esta actividad, – o profesión – genera demasiados gastos, en especial por la coyuntura que atraviesa el sector rural. Sin embargo, hay quienes aún creen en la tierra.
 
Y hubo un niño que me hizo darme cuenta de que ese amor por la tierra, por los animales y en especial por la ganadería es sincero. Lo conocí en la vigésima versión de Agroexpo 2015, en Bogotá. La gente que lo veía podría pensar que era un menor como cualquier otro, pero quienes lo conocen lo trataban como a un ganadero. De hecho, con 10 años, él ya se considera como tal. (Lea: Velásquez, raza pionera de la reconversión ganadera en Colombia)
 
Su nombre es Nicolás Ospina Velásquez y su actitud con los animales era tan seria, de tanto respeto, admiración y cariño que mayordomos, ganaderos, jueces, arrieros, médicos veterinarios y zootecnistas lo trataban como a un adulto. Sus papás solo se limitaban a sonreír cuando él hablaba, e inclusive, le hacían una que otra seña para que dejara descansar a los invitados, pero ellos se mostraban perplejos ante su nivel de conocimiento, y por qué no decirlo, madurez. Su abuela, o 'Nonita' como él la llama, es su ejemplo a seguir y su tío, su faro.
 
Mi abuelo compró la finca, él fue quién creó la raza Velásquez (1955). Apenas murió, mi Nonita miró la obra que él había dejado, ella dijo que era espectacular y que no la podía vender porque es un gran tesoro, entonces siguió trabajando hasta que mi tío creció y ahora es quien le ayuda. Después nací yo, y a los 18 meses empezó mi amor por el campo y por el ganado”, aseguró Nicolás.
 
Todo inició en 2007, año en el que la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, publicó en ese entonces el libro Ganadería Colombiana Las Razas. En este documento se dieron a conocer todas y cada unas de las razas bovinas que hay en el país: su procedencia, sus adaptaciones climáticas, el número de cabezas que hay a nivel nacional y su evolución. Allí se encuentran las criollas y las colombianas, como la Velásquez, y Nicolás contó que gracias al trabajo de campo que se realizó para este proyecto nació su gusto por esta actividad. (Lea: Piel de bovinos, clave para adaptarse al clima colombiano)
 
“Hubo un día en el que fueron a tomar unas fotos para un libro (Ganadería Colombiana Las Razas) y entonces mi mamá le dijo a mi tío que no me llevara porque me iba a descuidar, además yo tenía 18 meses, pero él le dijo que no se preocupara, que eso no iba a pasar. Entonces, en un momento él se ocupó y se distrajo, cuando se dio media vuelta, vio que yo le estaba tocando la cabeza a una vaca y enseguida tomaron una foto. A partir de ahí empezó mi amor por la ganadería, porque la vaca me demostró que había cariño entre los 2”, explicó el niño.
 
Y pasó lo mismo con su toro, Gladiador (en la foto), él aseguró que el bovino le genera un gran sentimiento de amistad, incluso después de que este tuviera que abandonar el predio, dadas los llamados de atención de un mayordomo de un predio vecino.
 
“Hace 2 años se fue de la finca. No sé cómo hacía, pero sabía abrir broches y puertas, siempre llegaba a la casa, no se iba a pastar a un lugar diferente, esperaba a que yo saliera y le diera de comer. Él y yo tuvimos una relación muy bonita, fuimos grandes amigos, hasta que el mayordomo de una finca vecina nos hizo una advertencia, lo que pasaba era que el animal se pasaba para ese predio y el señor le dijo a mi tío que si volvía a verlo por ahí, lo castraba, por eso lo llevamos a Panaca, en Quindío. Era uno de los más mansos que tuvimos, tiene una cabeza muy masculina y unos testículos grandes. Es más, ya dispusimos un ternero a servicio y mi Nonita dice que él es hijo de Gladiador”. (Lea: Razas criollas colombianas tienen tasa de fertilidad superior al 85 %)
 
En su tiempo libre: la ganadería
 
Nicolás aseguró que para él la ganadería es una actividad de “entretenimiento”, pero no como algunos lo piensan, afirmó que cuando no sabe qué hacer, lo primero que se le ocurre es ir a los potreros para ver cómo están las vacas y si tienen suficiente alimento.
 
Me gusta todo de la ganadería, los animales y el campo. Creo que soy de esos pocos ganaderos que les gustan los animales peligrosos, como los cocodrilos o las serpientes. Es tanto mi gusto, que un día le dije a mi mejor amigo que me iba para la finca, le comenté que regresaba el lunes, pero entonces él dijo que yo volvía el martes. Mi amor por esta actividad es tan grande, que mis amigos lo saben y por eso casi no me creen cuando les hablo de volver. Si algún día alguien me llegara a decir que esto es explotación infantil, les diría que respeten mis gustos”. (Lea: Las razas criollas, alternativa eficiente ante el cambio climático)
 
Por eso, se define a sí mismo como “el niño que más ama a los animales en Colombia, porque no todos los que tienen finca desarrollan ese amor por la ganadería”. Él ya sabe cuál será su proyecto de vida en 2 décadas.
 
Uno debe tener pasión por esta actividad. Mi tío es mi amigo fiel, me apoya mucho en mis gustos por la ganadería, de vez en cuando me dice que esté pendiente de las tareas que hay, por ejemplo, contar a los animales. Es que donde está el ganado y las razas criollas, ahí estoy yo. Por eso, de aquí a 20 años me veo como un médico veterinario. Es más, mi tío me enseñó cosas como poner una inyección o hacer palpaciones”.
 
El mensaje para esta y las futuras generaciones
 
Según Nicolás, los niños tienen que ver el lado positivo de los animales, “entender que ellos son un milagro”, ya que ocupan un papel importante en la naturaleza. “Nos ayudan en millones de cosas: sin las vacas no tendríamos leche, sin los toros no habría carne, y por eso les propongo hacer un ejercicio a los niños que no son ganaderos: un día busquen a una animal amansado, acérquensele y demuéstrenle amor y cariño, así lo hice yo”.
 
Y también envió un mensaje a las generaciones adultas, a esas personas que todavía dudan del impacto que puede generar el campo colombiano: creer. (Lea: INFORME: Razas criollas colombianas: eficacia reproductiva)
 
A las personas que tienen dinero y quieren comprar un finca, pero no saben si es correcta la decisión, les recomiendo que sí lo hagan, que adquieran ganado, inclusive caballos, se van a sentir acompañados. También le digo a aquellos que fumigan que no deberían hacerlo, en lugar de mejorar el suelo, lo daña, lo sé porque mi mamá es bióloga y le dijo a mi tío que no use herbicidas, que evite guadañar con tractor, porque arrasa con todo. Hay métodos naturales”.
 
El niño de 10 años dijo que trabajará en pro de la ganadería, e hizo énfasis en producir una nueva raza colombiana en el futuro, que tenga las propiedades de la Velásquez y que fomente el interés de los campesinos en apostarle a lo propio.