En Facatativá, una oferta de apenas 30.000 pesos por un ternero recién nacido terminó empujando una decisión que cambió el rumbo del negocio en esa Ganadería. La fórmula de vacas holstein con charolais abrió una línea de carne y hoy vende destetos pesados y animales precoces en un emprendimiento que nació en medio de la crisis.
Hubo un tiempo en el que en la Ganadería La Reserva un macho Holstein recién nacido valía tan poco que se constituía en un problema más que en un activo.
Gabriel Izquierdo, su gerente y representante legal, todavía lo recuerda de manera incómoda, igual que habría sido para cualquier lechero: criar un ternero durante meses para que el mercado apenas lo mirara y, en el peor de los casos, ofreciera por él una cifra que no alcanzaba ni para justificar el esfuerzo. (Lea en CONtexto ganadero: Charolais gana terreno: negocios, genética y nuevos mercados marcaron su Nacional)
Fue ahí, en esa mezcla de frustración y necesidad, donde comenzó a tomar forma la idea de cruzar las vacas holstein con charolais.
La Reserva, ubicada en Facatativá y dedicada históricamente a la producción lechera, buscaba una salida que no consistiera en abandonar la leche, sino en dejar de perder plata con los machos y convertirlos en un nuevo negocio.
“Alguna vez una persona nos ofreció como 30 mil pesos por un macho recién nacido. Entonces vimos la necesidad de diversificar un poco el negocio de la lechería, no colocando todos los huevos en la misma canasta”, relató Izquierdo en CONtexto.
La decisión fue un salto al vacío por capricho y también se sustentó en el peso que causaba el desgaste de una lechería cuyos precios no siempre reaccionaban al ritmo de los costos de producción.
La finca necesitaba otro centro de ingresos y encontró en la genética cárnica una posibilidad para no seguir entregando terneros a precio de saldo.
En 2008, La Reserva empezó a inseminar vacas holstein con toros charolais, en su mayoría franceses.
La idea sonaba atractiva en el papel, pero en la práctica venía cargada de dudas: no había una experiencia cercana para copiar, existía el temor de partos difíciles y nadie podía asegurar cuál iba a ser el resultado de ese F1 en peso, adaptación o mercado.
A lo anterior se sumaba un ingrediente adicional, pues, como refiere Gabriel Izquierdo, no había un referente otra ganadería en Colombia que trabajara de manera formal este mismo cruce, de modo que la apuesta arrancó sin un espejo local que sirviera de ejemplo.
Izquierdo reconoció que al principio lo sintieron como una apuesta arriesgada. “Decíamos que era una locura porque no sabíamos si íbamos a tener mucha dificultad en el parto ni cuáles iban a ser los rendimientos”, recordó.
La sorpresa llegó después: la combinación empezó a mostrar animales con desarrollo rápido, buen volumen y una capacidad de destete muy por encima de lo que la finca estaba acostumbrada a ver.
La lógica del cruce terminó siendo más simple de lo que parecía, pues la holstein puso la leche y el charolais puso la carne.
La madre sostuvo mejor a la cría y el ternero respondió con peso. En vez de un macho de poco valor, la finca comenzó a sacar animales que ya no se parecían al problema de antes, sino a un producto con buena demanda.
Números históricos
Hoy La Reserva desteta entre los 6 y 8 meses con promedios cercanos a los 270 kilos. Algunos animales salen de 250, otros de 290, pero el piso del negocio cambió.
Ya no se trata de vender un macho porque toca, sino de ofrecer un desteto que llama la atención por su tamaño y por el tiempo en que lo logra.
“Los clientes no creen que un desteto esté en 270 o 280 kilos. El charolais aporta la carne y la holstein le aporta la leche que necesita la cría para obtener muy buenos rendimientos al destete”, dijo Izquierdo.
La precocidad también aparece más adelante. En la finca reportan animales de 16 meses con 494 kilos, de 17 meses con 530 kilos y de 21 meses con 528 kilos. Son pesos que le dieron sentido económico a una decisión tomada años atrás, cuando la preocupación era qué hacer con terneros que nadie quería pagar
Cuentas claras
La Reserva no montó un sistema sofisticado para lograrlo. El manejo sigue siendo de ganadería tradicional: el ternero nace, toma calostro, recibe los cuidados básicos y permanece con la madre hasta el destete.
No hay estabulación ni una dieta de lujo en la cría; la base sigue siendo el pastoreo. (Lea en CONtexto ganadero: Conozca por qué la genética charolais crece y se posiciona en la ganadería colombiana)
Más adelante, cuando el animal se acerca a los 420 kilos, entra una suplementación calculada para cerrar la ceba con más velocidad. Maíz molido, torta de palmiste o semilla de algodón hacen parte de una fórmula que la finca no aplica por costumbre, sino por números.
“Nos han garantizado ganancias en promedio de 1.300 gramos diarios. Pero siempre hacemos el estudio financiero para que la ganancia de peso cubra ese suplemento”, explicó Izquierdo.
Lo aprendido
La experiencia también le bajó dramatismo a uno de los grandes temores iniciales: el parto. Según Izquierdo, las dificultades en vacas holstein puras fueron mínimas y no llegaron a ser un problema significativo.
Más desafiante ha sido el manejo de comida y la necesidad de no fallar en la oferta forrajera, porque si algo dejó claro este cruce es que la genética no trabaja sola.
Donde antes había un macho holstein que casi se regalaba, hoy hay un desteto que puede venderse entre 12.000 y 13.000 pesos por kilo. Y detrás de ese cambio no hay una fórmula mágica, sino una decisión empresarial nacida de una pregunta muy simple: qué hacer cuando el mercado ya no paga por lo que se produce.
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