Esa ganadería del Caribe colombiano fortaleció procesos de conservación, manejo de residuos y bienestar animal para alcanzar una certificación que hoy comienza a convertirse en una ventaja competitiva frente a las exigencias de los mercados internacionales.
Después de más de diez años implementando cambios en sus procesos productivos, la ganadería El Rosario, ubicada en la región del Sinú, obtuvo el Sello Ambiental Colombiano, una certificación que reconoce las buenas prácticas sostenibles dentro del sector pecuario y que empieza a ganar relevancia en medio de las nuevas exigencias ambientales de los mercados internacionales.
El reconocimiento llega en un momento en el que la sostenibilidad dejó de ser un tema opcional para convertirse en un factor estratégico dentro de la producción ganadera. La presión internacional frente a la deforestación, el bienestar animal y la trazabilidad de los alimentos está obligando a las empresas del sector a replantear sus modelos productivos.
En ese escenario, El Rosario decidió transformar una tradición familiar de más de 100 años en una apuesta empresarial enfocada en la sostenibilidad, la conservación y la competitividad. En conversación con CONtexto, Paul Rodríguez, gerente de la compañía, aseguró que el objetivo no solo era mejorar procesos internos, sino también demostrar que la ganadería puede desarrollarse de manera responsable.
“Este sector tiene muchas personas que hablan mal de la ganadería. Buscamos formas, como las certificaciones, para mostrar que se pueden hacer las cosas de una manera correcta y que se pueden impactar positivamente diferentes aspectos sociales y ambientales, pero claramente esto tiene que ser un negocio rentable”, afirmó Rodríguez. (Lea en CONtexto ganadero: El Rosario, primera finca ganadera reconocida en programa de Nutresa)
Construcción con propósito
La transformación comenzó formalmente en 2015, cuando la empresa inició su primera certificación en buenas prácticas ganaderas con el apoyo de Fedegán y organizaciones regionales. Desde entonces, la ganadería empezó a implementar mejoras en infraestructura, capacitación del personal y manejo ambiental.
El Sello Ambiental Colombiano se convirtió posteriormente en uno de los principales objetivos de la empresa. Según Rodríguez, durante tres años estudiaron los requisitos exigidos por la certificación para identificar fortalezas y debilidades dentro de la operación.
“Empezamos a revisar qué cumplíamos y qué no. Principalmente, había que fortalecer temas de reforestación y manejo de residuos”, explicó.
Aunque el proceso formal de auditoría tomó menos de un año, la certificación fue el resultado de una década de trabajo continuo en sostenibilidad. Uno de los mayores retos consistió en fortalecer la documentación y el registro de evidencias relacionadas con el manejo de residuos biológicos, agroquímicos y procesos ambientales.
“Lo que vimos en esta certificación fue la necesidad de ser más rigurosos con toda la evidencia de los procesos que ya veníamos haciendo”, señaló el gerente.
Conservación y productividad
La obtención del Sello Ambiental también refleja una estrategia de diversificación productiva. Actualmente, la empresa combina la actividad ganadera con iniciativas de conservación y agroturismo dentro de sus predios. La finca registra 246 especies de aves, una cifra que se ha convertido en símbolo de su apuesta por la biodiversidad y en una oportunidad económica adicional. (Lea en CONtexto ganadero: Ganadería El Rosario apela al turismo para impulsar la exportación)
“Dentro de la ganadería, haciendo una realidad amigable con el medio ambiente y con la biodiversidad, también podemos generar otras fuentes de ingresos”, aseguró Rodríguez.
Además del Sello Ambiental Colombiano, la empresa cuenta con otras certificaciones relacionadas con sostenibilidad y responsabilidad empresarial, entre ellas, el reconocimiento como negocio verde y su condición como empresa B, siendo la primera ganadería del país en obtener esa distinción.
Más allá del reconocimiento ambiental, la certificación representa una oportunidad estratégica para acceder a mercados internacionales con mayores exigencias.
Europa, por ejemplo, avanza hacia regulaciones enfocadas en cadenas productivas libres de deforestación, lo que obligará a productores y exportadores a demostrar prácticas sostenibles. “Si uno quiere llegar a futuro a Europa, para ellos el tema de deforestación es clave. Esta certificación es una garantía de que se están haciendo las cosas bien”, afirmó Rodríguez.
Para esta empresa, la implementación de estos procesos ha mejorado la toma de decisiones dentro de la operación. La recopilación de datos y el seguimiento constante de indicadores productivos han permitido fortalecer aspectos relacionados con bienestar animal y eficiencia.
Ahora, el siguiente paso será avanzar hacia la digitalización de los procesos documentales mediante el desarrollo de un software propio que facilite el seguimiento ambiental y reduzca el uso de papel. “El reto sigue. Siempre hay oportunidades de mejora”, concluyó Rodríguez.
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