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Foto: Fedegan

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Mejoramiento genético debe tener en cuenta el cambio climático

por: - 31 de Diciembre 1969

Los cambios ambientales han obligado a seleccionar animales con mejores parámetros genéticos en relación con la adaptabilidad que debe realizar el animal en cierto ambiente, señala un trabajo realizado por Manuel Pérez Rivera de la Universidad de La Salle y publicado en la página web del centro educativo.

Los cambios ambientales han obligado a seleccionar animales con mejores parámetros genéticos en relación con la adaptabilidad que debe realizar el animal en cierto ambiente, señala un trabajo realizado por Manuel Pérez Rivera de la Universidad de La Salle y publicado en la página web del centro educativo.

En consecuencia, se ha optado por realizar mejoramiento y selección genética, buscando obtener animales con mejores capacidades de adaptación a los diferentes ambientes y que tengan mayor resistencia. Por ejemplo, dice el autor en su trabajo publicado en la página web de la Universidad, la raza Ayrshire tiene uno de los rasgos más importantes por su gran capacidad de adaptación a diferentes sistemas de producción. (Lea: Así está la genética hoy en Colombia)

El objetivo del estudio, señala Pérez, fue la estimación de parámetros genéticos de producción considerando el Índice de temperatura humedad (ITH), en bovinos de la raza Ayrshire en Colombia, para lo cual se utilizaron 10 492 registros de producción de leche pertenecientes a 2 247 vacas.

Según el investigador, existe una alta relación del estrés calórico sobre la producción de leche a lo largo de la curva de lactancia evidenciándose que en el primer tercio es el que mayor efecto presenta sobre la producción, por lo tanto, es necesario realizar selección por animales que presentan mayor resistencia al estrés calórico en dicha etapa. (Lea: Uso adecuado de la genética)

La temperatura y la humedad relativa podrán indicar el grado de estrés calórico. Una de las medidas más utilizadas es el “índice de Temperatura-Humedad”, en donde específicamente relaciona estos dos aspectos. En vacas lecheras hay estrés térmico cuando el ITH es mayor a 72, indica Pérez.

Mediante su cálculo es posible estimar la sensación de confort térmico en diferentes ambientes, ya que este índice se ve influenciado por la radiación, convección y conducción, así como la densidad de animales, y por el tipo de aislamiento.

El incremento en la temperatura ambiental también disminuye en 6,5 % la ingesta de alimento, así mismo una disminución de apetito, y horas en la que el animal pastorea, pero hay un incremento en el consumo de agua, señala.

Según Bouraoui, citado por Pérez en su trabajo, hay una disminución de la producción de leche de 0,4 kg por cada grado centígrado por encima del índice de humedad temperatura de 69, esto en ganado de razas lecheras. El rendimiento de la producción de leche puede llegar a disminuir hasta en un 50 % a un 75 % a temperaturas que superan los 26,5°C en vacas de la raza Holstein y superiores a 29,5°C en vacas de las razas Jersey y Pardo Suizo.

Además de la disminución en la producción de leche también varía la composición de la misma. Disminuye el rendimiento en grasa, así como los sólidos no grasos, indica.

El cambio climático, manifiesta Pérez en su trabajo, ha obligado a replantear la eficiencia de un alimento y lo que este requiere en cuanto a energía para ser metabolizado que se traduce en gasto energético, que determinará la producción de calor; pero también ha llevado a seleccionar animales con altos índices de productividad y con diversas características como lo es la resistencia, que se ha venido trabajando en la raza Ayrshire en donde la rusticidad es un factor importante ya que tiene una gran capacidad de adaptación a diferentes climas; este rasgo se ha desarrollado y se denota más cuando hay cruzamientos. (Lea: En 2020 se cumplen 30 años de la modificación genética en bovinos)

Concluye el autor señalando que puede ser necesario desarrollar estrategias para la selección del ganado lechero para condiciones climáticas específicas, lo que permite mejorar el potencial genético, incluso en climas cálidos.

Además, mejorar la productividad y rentabilidad en negocios de producción lechera, mediante los programas de mejoramiento genético animal que tengan en cuenta el cambio climático, y pueda predecir la producción de leche en animales que están sometidos a tiempos de verano e invierno prolongados.