Frente al aumento de la resistencia a los químicos y la necesidad de una producción más limpia, productores y expertos están apostando por métodos que devuelven a la naturaleza su papel protagónico. Agrosavia explica los tres caminos del control biológico, una estrategia en auge en la agricultura sostenible que podría evitar pérdidas millonarias si se adopta a tiempo.
Mariquitas, avispas diminutas y hasta virus forman parte de un ejército que hoy se posiciona como una solución efectiva y sostenible frente a las plagas agrícolas. En distintas regiones del mundo, y con fuerza creciente en América Latina, los métodos de control biológico están transformando la manera de proteger los cultivos, dejando atrás la dependencia casi exclusiva de los agroquímicos.
Agrosavia, entidad de referencia en investigación agropecuaria, analizó los enfoques que componen esta estrategia y cómo están siendo aplicados con resultados prometedores. (Lea en CONtexto ganadero: Control biológico, una estrategia tan sostenible como rentable)
Uno de los caminos es el llamado control biológico por conservación, que se basa en fortalecer los enemigos naturales que ya existen en el ecosistema agrícola. En lugar de introducir nuevas especies, este método promueve prácticas que mejoran su presencia y efectividad.
Un ejemplo sencillo y exitoso consiste en sembrar franjas de plantas nectaríferas junto a los cultivos. Estas plantas sirven de alimento y refugio para insectos benéficos que se alimentan de los organismos nocivos, como crisopas o avispas parasitoides.
“La biodiversidad es aliada de la producción”, afirmó Agrosavia, que resalta que estas prácticas no solo ayudan a controlar plagas sino que además mejoran la salud del suelo y reducen la dependencia de productos químicos.
Otro enfoque es el control biológico clásico, donde se introducen enemigos naturales que no pertenecen al ecosistema local, pero que han demostrado ser efectivos contra plagas específicas.
Un caso histórico y exitoso fue la introducción de mariquitas australianas para combatir la cochinilla acanalada en los cítricos de Estados Unidos. Estas pequeñas predadoras lograron reducir drásticamente las poblaciones de la plaga sin afectar negativamente otras especies. Sin embargo, este tipo de intervención requiere estudios previos rigurosos para evitar desequilibrios ecológicos, advirtió Agrosavia.
Finalmente, el control biológico inundativo es una medida de acción rápida, pues cuando la población de una plaga alcanza niveles peligrosos, se liberan grandes cantidades de organismos benéficos para reducirla. A diferencia del enfoque clásico, aquí no se busca establecer una población permanente del controlador, sino una respuesta puntual y eficaz.
Un ejemplo destacado fue la aplicación de un virus específico del insecto Anticarsia gemmatalis en cultivos de soya en Brasil, donde logró controlar con éxito la oruga de las leguminosas, reduciendo el uso de insecticidas y aumentando la rentabilidad para los productores.
Agrosavia sostuvo que el control biológico no solo es viable, sino necesario. La resistencia de las plagas a productos químicos, el daño ambiental y los altos costos asociados al uso intensivo de pesticidas están llevando a una transición obligada hacia prácticas más responsables. (Lea en CONtexto ganadero: Control biológico: ¿Por conservación o introducción?)
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