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Alias ‘bendito menor’

Foto: semanarioguajiro

Pérez Toncel, de 26 años, es señalado por las autoridades como uno de los hombres fuertes de las ACS y como cabecilla del frente Javier Cáceres.

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Con recompensa a cuestas de $1.000 millones, alias ‘Bendito Menor’ desafía al Estado desde las calles de Riohacha

por: Melanny Orozco- 31 de Diciembre 1969

El video en el que Naín Andrés Pérez Toncel aparece en una caravana de motocicletas por la capital de La Guajira reactivó la alarma sobre el poder de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra en el Caribe. La escena expone la libre movilidad de uno de los hombres más buscados del país, así como la forma en que un cabecilla puede convertir redes, música, miedo y visibilidad en una demostración de autoridad sobre el territorio.

El video en el que Naín Andrés Pérez Toncel aparece en una caravana de motocicletas por la capital de La Guajira reactivó la alarma sobre el poder de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra en el Caribe. La escena expone la libre movilidad de uno de los hombres más buscados del país, así como la forma en que un cabecilla puede convertir redes, música, miedo y visibilidad en una demostración de autoridad sobre el territorio.


En Riohacha, La Guajira, la reciente aparición en video de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, mientras conducía una motocicleta de alto cilindraje en medio de una caravana tras la eliminación de la Selección Colombia, volvió a poner en evidencia el poder y la presencia de las estructuras criminales en el Caribe.

Y no se trató solo de una escena viral: el protagonista es uno de los hombres más buscados de la región y por él el Gobierno ofrece hasta $1.000 millones de recompensa. (Lea en CONtexto ganadero: Violencia no da tregua a La Guajira: ‘Los Pachenca’ anuncian paro armado y el Estado sin respuesta)

La imagen, difundida en redes sociales, tiene un peso que va más allá de la provocación. En un departamento en el que las autoridades han desplegado operaciones para capturarlo, la circulación pública de un cabecilla de ese nivel sugiere algo más delicado: capacidad de movimiento, margen de protección y un mensaje de desafío descarado hacia el Estado.

La escena también golpea la credibilidad oficial, pues si uno de los principales jefes criminales del Caribe puede circular en un evento público, grabarse, exponerse y seguir prófugo, el problema deja de ser solo judicial y se convierte en una evidencia de la fragilidad del control estatal en zonas donde el crimen organizado ha aprendido a mezclarse con la vida cotidiana.


¿Quién es alias ‘Bendito Menor’?


Pérez Toncel, de 26 años, es señalado por las autoridades como uno de los hombres fuertes de las ACS y como cabecilla del frente Javier Cáceres.

Según la información, su trayectoria criminal comenzó en 2019 como sicario al servicio de alias ‘Pinocho’, máximo jefe de esa estructura.

Un año después, habría ingresado al componente móvil armado y, para 2021, ya tenía bajo su influencia barrios urbanos de La Guajira.

En 2022, según los reportes de inteligencia, se consolidó como hombre de confianza dentro de la organización, con injerencia en extorsiones, rutas de narcotráfico y control de la troncal del Caribe en zonas de Magdalena, Cesar y La Guajira.

La dimensión de su expediente explica por qué su presencia pública genera tanto ruido. Las autoridades lo señalan de coordinar narcotráfico y cobros extorsivos, así como de participar en homicidios, reclutamiento y acciones armadas con fusiles y otras armas de largo alcance.

A ese prontuario se suman hechos especialmente graves. En 2024 habría estado detrás de la salida de cargamentos de droga en lanchas rápidas y semisumergibles desde La Guajira, y también es vinculado con ataques violentos como el ocurrido en Mingueo, Dibulla, donde murió el subteniente Fabián Estiven Camacho Banguero.

Pero el poder de alias ‘Bendito Menor’ no se expresa solo con armas o rutas ilegales, también se construye con imagen.

La Fiscalía ha documentado videos en los que aparece rodeado de lujos, acompañado de mujeres, artistas vallenatos, vehículos de alta gama y armamento, una narrativa visual que refuerza su figura de capo joven y de jefe con mando.

En ese ecosistema simbólico aparece un elemento inquietante: su corrido prohibido. La canción, compuesta “por encargo”, lo presenta como un hombre de palabra, vinculado a la defensa del territorio y a una supuesta justicia propia. La letra no solo glorifica su figura, sino que intenta instalar una versión en la que el criminal se muestra como protector.

La circulación de esa música en redes, con niños y adolescentes repitiendo sus versos, agrava el fenómeno.

Ya no se trata únicamente de un cabecilla escondido, sino de un personaje que empieza a disputar legitimidad en el plano cultural, convirtiendo la violencia en relato y el miedo en admiración o normalización. (Lea en CONtexto ganadero: 35 masacres y 133 asesinatos en 1er trimestre de 2026 desnudan la inseguridad rural en Colombia)

La Guajira conoce bien ese lenguaje. Cuando un jefe criminal se deja ver en público, en vez de esconderse, lo que busca es proyectar es dominio y control, así como la idea de que puede transitar sin sobresaltos, incluso mientras carga una recompensa millonaria y acumula señalamientos por narcotráfico, extorsión y terrorismo.

El riesgo de normalizar esas imágenes es alto. Si el corrido, el video, la caravana y la estética del capo terminan imponiéndose sobre la acción institucional, lo que se erosiona no es solo la autoridad policial, sino la noción misma de quién manda realmente en ciertos tramos del Caribe colombiano.