El Ministerio de Agricultura definió un aumento de 1,3 % en el precio de la leche, pero el sector advierte que no cubre costos ni inflación, con una situación agravada por un nuevo escenario comercial con Estados Unidos en el que las importaciones ahora son ilimitadas. La decisión reabre una pregunta de fondo: ¿qué pasa con el país cuando producir leche deja de ser negocio para miles de familias?
En Colombia, desde el 1.º de marzo, el precio base de la leche al productor tuvo un incremento de 1,3%, una decisión adoptada por el Ministerio de Agricultura tras la discusión en el Consejo Nacional Lácteo como órgano consultor del Ministerio, donde Fedegán representa y defiende los intereses de los más de 350.000 ganaderos productores de leche en el país.
Aunque el ajuste supera el 0,83 % que arrojaba inicialmente la fórmula oficial, para ganaderos y voceros técnicos del sector sigue siendo insuficiente frente al alza de los costos de producción, la inflación causada en el inicio de 2026 y el incremento del costo en mano de obra por cuenta del incremento del 23,7 % en el salario mínimo. La desgravación total de la leche importada de Estados Unidos complica aún más el escenario para pequeños y medianos ganaderos.
La preocupación no es menor: un aumento tan bajo, advierten, desestimula la actividad, reduciendo la oferta nacional y empujaría al país a una mayor dependencia de las importaciones, afectando nuestra seguridad alimentaria nacional.
El pago de la leche cruda en Colombia no depende únicamente de una cifra fijada de manera discrecional. Está regulado por la Resolución 017 de 2012, que estableció un esquema técnico con varios componentes. (Lea en CONtexto ganadero: Golpe al bolsillo del ganadero: precio de la leche solo sube 1,3 % en 2026)
Entre ellos figuran los valores de referencia del gramo de proteína, del gramo de grasa y de los sólidos totales; las bonificaciones o castigos por calidad higiénica; los reconocimientos por calidad sanitaria; los descuentos por transporte, y las bonificaciones voluntarias que pueda otorgar la industria.
Ese esquema, además, distingue entre dos grandes regiones: trópico alto y trópico bajo. Cada una tiene valoraciones diferenciadas según sus condiciones productivas.
Cada año, una fórmula matemática actualiza esos parámetros con base en variables del período anterior, como inventarios, costos e indicadores del comportamiento sectorial. Para 2026, ese cálculo arrojó un incremento de apenas 0,83 %. Tras la discusión técnica y la solicitud manifiesta desde Fedegán por un incremento que cubriera al menos la inflación causada y que recogiera los indicadores actuales ya mencionados, el Ministerio lo elevó a un escaso 1,3 %.
Ahí empezó el desacuerdo. Ricardo Arenas Ovalle, médico veterinario y consultor agroindustrial con amplia trayectoria en producción y calidad de leche y funcionario de Fedegán, sostuvo que el ajuste quedó por debajo de la realidad económica del productor. Su tesis es que la cifra no conversa con lo que hoy cuesta producir un litro de leche en el país.
Según su planteamiento, el sector pidió revisar escenarios que incorporaran mejor el aumento del salario mínimo, la inflación anual y el peso real de esos factores dentro de la estructura de costos.
La argumentación, indicó, era técnica y buscaba un incremento “más decente” para el ganadero, sobre todo en un contexto de crisis climáticas regionales y márgenes cada vez más apretados en finca de producción.
Arenas insistió en otro punto sensible, pues mientras el ajuste al productor sigue siendo bajo, el precio al consumidor y de los derivados lácteos ha crecido históricamente a un ritmo mayor. En otras palabras, el margen se ha venido ampliando hacia otros eslabones de la cadena y se ha reducido para quien produce la leche.
El problema, desde su óptica, no es solo que 1,3 % sea uno de los incrementos más bajos de los últimos años, sino que no guarda proporción con la inflación ni con el encarecimiento de producir.
Enfriar la producción
En el campo, una señal de precio también es una señal de permanencia. Si el ingreso sube menos que los costos, el mensaje para muchos productores es que la actividad pierde atractivo. Y allí aparecen las consecuencias que más inquietan al sector.
Una de ellas es el desestímulo productivo, ya que algunos ganaderos podrían bajar su apuesta por la lechería; otros, incluso, migrar hacia sistemas de carne o retirarse.
La preocupación es mayor porque la lechería tiene un peso social enorme en la economía rural. Miles de familias dependen de ese ingreso cotidiano para sostenerse. Si la rentabilidad cae, no solo se afecta la oferta de leche, sino también el tejido productivo campesino.
Para Arenas Ovalle, insistir en resolver los problemas de la cadena apretando al productor termina convirtiéndolo en el eslabón que siempre absorbe los costos del ajuste. (Lea en CONtexto ganadero: Crisis lechera en la Costa: precio del litro cae más de $1.000 y ganaderos advierten protestas)
Importaciones y seguridad alimentaria
La decisión también llega en un momento delicado por la apertura plena del TLC con Estados Unidos. Sin aranceles ni contingentes, y con una tasa de cambio tan favorable para importar como la actual, el temor es que entre más leche o derivados al país justo cuando la producción nacional recibe una señal débil.
El círculo sería perverso, menor estímulo interno, más compras externas y mayor dependencia. Desde esta lectura, el problema ya no es solo gremial ni coyuntural, es estratégico. Si Colombia debilita su aparato productivo lechero y se vuelve más dependiente del mercado externo, su seguridad alimentaria queda más expuesta.
Más aún si, como advirtió Arenas Ovalle, en Estados Unidos también se han visto reducciones relevantes en la producción. Si mañana ese proveedor no tiene los mismos excedentes, el país podría enfrentarse a escasez, precios más altos o ambos y sin la suficiente capacidad de reacción.
El Ministerio dejó abierta la posibilidad de revisar el comportamiento del índice en mayo o junio. Pero para el productor, ese compás de espera puede significar varios meses de estrechez y en algunos casos la quiebra. Y en ganadería, cuando la confianza se rompe en la finca, recuperarla después cuesta mucho más que 1,3 %.
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