¿Qué hay detrás de la crisis permanente de los productores lácteos del país?

Por: 
Ricardo Arenas Ovalle
23 de Junio 2017
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La situación actual ha obligado a muchos ganaderos a botar la leche. Foto: CONtexto ganadero.
En nuestro mercado no hay ‘excedentes de la producción láctea nacional’ como han sostenido muchos por décadas. 
 
Llevo años sosteniéndo que no los hay no porque el consumo per cápita del país supere apenas los 145 l/año cuando la OMS y la FAO hablan de consumos mínimos esperados del orden de 170 y 180 l/año, sino porque siendo bajo este consumo, la producción nacional no es aún mayor.
 
Con esto no quiero desvirtuar la necesidad manifiesta de buscar incrementar los consumos locales principalmente en los estratos 1 a 4 que no superan los 30 l/per cápita/año en los primeros y ascienden máximo hasta los 96 en el último. Pero este consumo debe mejorar a mediano y largo plazo, pues es el fruto de la interdependencia de factores como el ingreso per cápita, la cultura, los hábitos de consumo donde la publicidad juega un papel fundamental, y los precios y calidad con que los productos lácteos llegan a la mesa de los consumidores. (Lea: ¿Grandes empresarios captan con mayor facilidad la atención de Iragorri?)
 
Figura 1 (véase al final del texto)
 
Los falsos excedentes por el contrario se generan es por la gran importación de leche de países en donde los costos de producción son más baratos o se subsidian por alguna vía, pues en dichas naciones el sector primario es defendido con dientes y espuelas por los políticos de turno, del bando que sean.
 
Figura 2 (véase al final del texto)
 
Y aun así la leche y los lactosueros importados, que para 2016 fueron 54 mil 841 toneladas (41 mil de leche en polvo y 10 mil 833 de lactosueros), equivaldrían a más de 450 millones de litros de leche (casi un mes de la producción nacional), eso significa que no son más económicos que la producción local. Para lo que va corrido del 2017, la industria importó en los primeros meses más de 19 mil toneladas en productos lácteos.
 
Figura 3 (véase al final del texto)
 
Figura 4 (véase al final del texto)
 
El precio internacional de la leche supera los USD 3.200 por tonelada y con una TRM de $2.950 más los costos de introducción y reconversión de leche, dan precios por litro reconvertido superiores a los $1.400. El valor pagado en muchos de los países de origen de las importaciones por el litro en las fincas es superior, en términos de centavos de dólar, al que reciben nuestros productores. (Lea: En medio de dudas, Iragorri liderará controles a industrias lecheras)
 
Para los amantes de la economía o de los números, lo anterior se traduce en ecuaciones como algo así:
 
Excedentes = Producción – Consumo
 
Falsos excedentes = (Producción + Importaciones + Contrabando) - (Consumo + Exportaciones)
 
Algún defensor a ultranza de los modelos neoliberales dirá que la segunda es la ecuación de los mercados, pero valdría la pena explicarles la teoría de mercados modernos a los campesinos quebrados, a niños desnutridos de los estratos bajos del país, o incluso a los productores primarios de mercados no perfectos cono el de la leche, así como a la gran mayoría de los mercados agropecuarios.
 
No olvidemos que la leche es el producto más perecedero que existe en el sector agropecuario y en el país cerca del 60 % del acopio formal proveniente de los 400 mil productores, lo captan menos de 5 empresas lácteas, configurando como en muchos países un oligopsonio que debe cuidarse de la obvia posición dominante de la industria sobre los productores primarios.
 
Hoy insisten en que las mejores lluvias, que por fin se dieron en las regiones agrícolas y el paro de maestros que tiene sin alimentación escolar a miles de niños, son la razón para que haya exceso de leche en el país.
 
Si revisamos la producción nacional de los últimos años, veremos que por segundo año consecutivo hubo un decrecimiento en la cantidad de leche obtenida total. Esta vez la caída fue de un 3,5 % entre 2016 y 2015 y 2,1 % entre 2015 y 2014; por lo que la teoría de los excedentes por incrementos en la producción interna pierde fortaleza. (Lea: Iragorri responde WhatsApp sobre situación de los lecheros)
 
Costos de producción y competitividad
 
Son los términos del discurso con el que agreden una y otra vez a los productores sin detenernos a ver que sus elevados costos dependen en mucho de la tasa de cambio no controlada por ellos sino por la política macroeconómica, de las deficiencias de infraestructura del país en relación a vías de comunicación, energía rural distritos de riego, y de las debilidades de los canales de comercialización.
 
Temas técnicos y de calidad de la producción láctea: si bien es cierto que son muy importantes de mejorar, son menos relevantes a la hora de hacer la priorización, al menos por ahora.
 
Inicialmente en esta nueva y cíclica abundancia de la oferta de leche, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con el concurso acucioso de las empresas lácteas, diseñó un decreto para reglamentar el precio de compra de leche que permitiría adquirir el volumen nacional que ya tenía serios inconvenientes de comercialización, vía reducción de precio de un porcentaje de la producción, aduciendo que esto permitiría exportar y liberar la presión interna. Esa misma presión se generó con las importaciones.
 
Estas exportaciones serían además subsidiadas con dineros del FEP que se alimenta de los recursos de los propios ganaderos en su cuota parafiscal tan perseguida hoy en día. En resumen: La industria importa leche a precios similares a los nacionales, presiona a la baja los precios locales de un producto perecedero, y luego exige adicionalmente unas cuotas a precios irrisorios para exportar de manera subsidiada desde el bolsillo de los propios ganaderos. (Lea: WhatsApp de un productor de leche al Minagricultura)
 
La industria nacional ha tenido un crecimiento importante gracias a su esfuerzo y trabajo que aplaudo en primera fila. Empresas grandes como Alquería, Alpina o Colanta, han mostrado una capacidad empresarial y comercial digna de todo reconocimiento; y muchas compañías pequeñas y locales también han hecho la tarea muy juiciosamente. El resultado además de sus mejores utilidades particulares, ha sido el crecimiento del acopio industrial en detrimento del mercado informal, lo que en términos generales es positivo para el país.
 
Figura 5 (véase al final del texto)
 
Los malos no son ellos, no nos equivoquemos. La industria lógicamente propende por una provisión lo más barata posible y el desarrollo de productos que les permitan mayor valor agregado con altas utilidades para repartir dentro de su naturaleza empresarial.
 
Lo malo es el país. Ese que amamos pero que tiene ingresos per cápita que a muchos no les permite un consumo elevado de leche, y ese que no tiene dentro de las prioridades políticas de los Gobiernos, la defensa y un crecimiento real de los sectores campesinos y ganaderos. Ese que no cuenta con verdadera política sectorial y se limita a reaccionar a crisis, a prometer ‘créditos blandos’ para conjurar paros agrarios, que si bien es cierto ayudan financieramente al sector primario, no solucionan problemas estructurales del mercado ni de la productividad.
 
Es claro que la fórmula de precios de excedentes es en últimas una reducción del precio real de compra.
 
Es increíble que el MADR no tenga el diagnóstico real y no tome una posición sensata en favor de los 400 mil productores lecheros, en lugar de hacer tanto eco a los intereses industriales, que aunque válidos para estos, deberían no ser la prioridad del MADR sino eventualmente del Ministerio de Industria y Comercio. (Lea: “Nos van a quebrar a todos los productores”, Alejandro Galvis)
 
Ahora luego de meses de las llamadas de auxilio de los productores, con el escándalo mediático de la leche usada como ‘abono’ para los potreros; el Gobierno toma 3 medidas de coyuntura ante una crisis que por ser cíclica y de años, exige medidas estructurales de política pública sectorial y no solo de choque temporal.
 
Figura 6 (véase al final del texto)
 
En conclusión: la sobreoferta de la que hablamos hace 5 meses (y 15 años) y que proviene 100 % de la gran importación de leche, se ‘conjurará’ durante 3 meses con 3 medidas que gastan exclusivamente los dineros aportados por los ganaderos, y que buscan subsidiar el consumo momentáneo de los niños de países ricos (apoyo a la reexportación) y de los guerrilleros en zonas veredales.
 
¿Y de las medidas estructurales qué?
 
-¿De la visión real de cadena, qué?
-¿De la distribución de los beneficios de la cadena a todos sus integrantes, qué?
-¿Del precio de leche cruda relacionado lógicamente al precio de venta al consumidor, qué?
-¿Del control a la posición dominante de la industria para evitar la ‘infame’ estrategia de importar leche a precios iguales o superiores a los nacionales, y/o de leches subsidiadas para tener el as bajo la manga (o en las bodegas) al momento de negociar precio y condiciones de compra a la leche nacional perecedera por su condición natural, qué?
-¿Del fomento al consumo principalmente en estratos bajos donde no es ni la quinta parte de lo recomendado por la FAO, qué?
-¿Del control real en la adulteración de la leche con lactosueros tan común en nuestro país, qué?
-¿De los contratos serios de proveeduría que permitan a unos y otros olvidarse de discusiones eternas del precio y dedicarse abrir mercados y a cumplir expectativas de volúmenes y calidad, qué?
-¿De los costos de producción que van más allá de ‘la cerca pa’dentro’, qué?
-¿De la reducción de los costos de los fertilizantes por parte del ministerio y que no pasó de un titular de prensa, qué?
-¿De las empresas de economía mixta locales y regionales que se apalanquen en las compras públicas locales y que estimulen el consumo regional, qué?
-¿De los programas de asistencia técnica e integración vertical de la cadena, qué?
-¿Y de la desunión de los ganaderos que hasta en semejante berenjenal aprovechamos para tirarle piedra al ‘colega’ del bando político contrario por cuenta de la polarización nacional que sigue desde el mismo Gobierno bajo la premisa de divide y reinarás, qué?
 
Si hubiera un control del Estado y verdadera política sectorial con visión de 400 mil productores y no de 30 empresas, a pesar de los TLC, este país produciría más y mejor leche con mercados garantizados. (Lea: Baja en precio de leche también se ha sentido en Magdalena medio)
 
El día que las políticas del Gobierno sean más técnicas y documentadas, el día que las diferencias personales y políticas entre el ministerio y los dirigentes gremiales no afecte las decisiones, el día en que los afanes de protagonismo de muchos dirigentes se diluya en los objetivos de un verdadero sector productivo pujante y representativo de las 400 mil familias campesinas que derivan su sustento del sector lácteo; ese día y solo ese día, se podrá pensar en verdadera política sectorial favorable al productor y al país en general.
 
Del contrabando que estaría en la ecuación dentro de la importación, aunque evidentemente aún más dañina por falta de impuestos y generalmente de calidad, hablaremos otro día, pues su impacto en volúmenes nacionales no es hoy relevante así como de la informalidad, extendida dentro de toda la cadena que tiene 2 caras de la moneda y es otro debate para definir su papel en la economía y más aún su real naturaleza.
 
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*Ricardo Arenas Ovalle
Médico Veterinario
Esp. Finanzas y Negocios Internacionales
Esp. Gerencia de Empresas Agropecuarias
Experto en producción y calidad de leche
Consultor Agroindustrial (MADR-FAO)
Miembro Fundador Consejo Nacional de Mastitis y Calidad de Leche (CNLM)
Miembro Fundador Cámara Gremial de la Leche