Indagan la composición de la materia orgánica del suelo

Por: 
Gaceta UNAM
29 de Julio 2020
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En el suelo los microorganismos utilizan lo que pueden aprovechar de ese carbono como fuente de energía y de materia para construir sus propias células. Foto: Gaceta UNAM.

Por medio del estudio de la composición y estructura química de la materia orgánica del suelo, investigadores del Instituto de Geología (IG) recrean la historia de los procesos ecológicos que ocurrieron en un sitio.

 

La materia orgánica del suelo es la que queda como residuo después de que los microorganismos han utilizado lo que podían aprovechar de ella”, resumió Bruno Chávez Vergara, investigador del IG. (Lea: Materia orgánica del suelo mejora nutrición de pastos

 

Nuestra atmósfera está cargada de dióxido de carbono y por medio del proceso de fotosíntesis las plantas toman ese carbono de ella, lo fijan y crean sus tejidos. Cuando ese tejido cumple su ciclo de vida se marchita y cae al suelo.

 

“En el suelo los microorganismos utilizan lo que pueden aprovechar de ese carbono como fuente de energía y de materia para construir sus propias células. Todo aquello que no ha sido transformado a su composición elemental, que es dióxido de carbono y iones inorgánicos, puede quedar en el suelo y ser parte de su materia orgánica”, explicó.

 

La materia orgánica del suelo es el almacén más importante de carbono orgánico en el planeta y está compuesta de las mismas moléculas de las que están hechas los seres vivos que no han podido ser transformadas a su forma elemental. Por ello en el suelo hay residuos que provienen de plantas, animales y microorganismos. (Lea: Mantener los suelos vivos para aumentar materia orgánica)

 

Al ser reflejo de todo lo que la planta hizo para construir sus moléculas, desarrollar tejidos y llegar al suelo, la materia orgánica del suelo nos permite contar toda la historia de los procesos ecológicos que ocurrieron en un sitio”, comentó Chávez Vergara.

 

Reguladora de fertilidad

 

La materia orgánica está compuesta principalmente de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre, aunque puede contener otros macro y micronutrientes esenciales para las plantas.

 

“La materia orgánica del suelo regula la fertilidad química, a partir de la cantidad de nutrientes que proveerá para las plantas, así como el mantenimiento de la biodiversidad y la estructura física de los suelos, pues esa materia permite que las partículas minerales se peguen entre sí y formen terrones (agregados), que posibiliten al suelo mantener una cantidad suficiente de espacio poroso donde las raíces de las plantas toman agua, nutrientes y se anclan. Esto ayuda a que haya una mayor productividad vegetal, más residuos, más materia orgánica y se generan estos procesos de retroalimentación positiva que mantienen la fertilidad de los suelos o ciclos virtuosos en los ecosistemas”, explicó. (Lea: Mantener los suelos vivos para aumentar materia orgánica)

 

En el Laboratorio de Biogeoquímica y Materia Orgánica del Suelo (BiogeoMOS), que pertenece simultáneamente al IG y al Laboratorio Nacional de Geoquímica y Mineralogía (LANGEM), Chávez Vergara y sus colaboradores indagan los procesos más básicos de la materia orgánica del suelo.

 

“Tratamos de aproximarnos a la conectividad del carbono, el nitrógeno y el fósforo para entender la dinámica de los sistemas naturales y manejados”, detalló.

 

Los miembros del BiogeoMOS estudian los compuestos orgánicos desde que son elaborados por las plantas. “Hacemos cuantificación de carbono y de nutrientes y la caracterización de las moléculas contenidas en los tejidos vegetales; para ello, usamos técnicas como la espectroscopía infrarroja, la resonancia magnética nuclear y la calorimetría diferencial de barrido, estas dos últimas en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela”, dijo. (Lea: Así funcionan los microorganismos que aceleran la descomposición orgánica)

 

Con estas técnicas los científicos indagan la cantidad de elementos que componen el tejido, pueden ver sus características y tratar de relacionarlas con cuál sería la demanda, así como con las necesidades de los microorganismos.

 

“Con los métodos espectroscópicos podemos conocer la composición química, es decir, la abundancia de moléculas, qué hay en tejido o en una molécula orgánica, mientras que, con la calorimetría diferencial de barrido, la cantidad de energía que se libera y qué tan difícil es liberarla de las moléculas orgánicas.”

 

Por medio de estos métodos los expertos infieren la cantidad de energía que se requiere para formar una molécula. “Como en todos los procesos ecológicos los balances son importantes para ser muy eficientes”, concluyó. (Lea: Cuidar las bacterias del suelo, la respuesta para mejorar su negocio)

 

Fuente: Gaceta UNAM.