El caballo criollo colombiano: símbolo de familia antes que de élite

Por: 
Luisa Gómez Rodríguez
29 de Febrero 2016
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XXXII Exposición Nacional Equina
La XXXII Exposición Nacional Equina contó con la asistencia de 6.000 personas bajo una carpa de 6.000 metros cuadrados. Foto: CONtexto ganadero.
Decidimos adentrarnos en el mundo equino en el que pudimos comprender que se trata de una familia unida, no de élite, que invita a todos aquellos que desconocen las costumbres de este sector. De igual manera, pudimos ver que prima el bienestar animal.
 
Adultos, jóvenes y niños trabajan por un solo fin: demostrar la casta de la que está hecha esa familia y, por supuesto, el caballo.
 
Fue así como nos dieron la bienvenida a la XXXII versión de la Exposición Nacional Equina, organizada por la Federación Colombiana de Asociaciones Equinas, Fedequinas.
 
Voces especializadas aseguran que este evento no hubiera sido posible sin el esfuerzo de Alirio Galvis Castiblanco, quien sería el arquitecto de esta obra en la que se reunieron a más de 700 animales y a 6.000 personas por día, en un espacio de 70 fanegadas bajo una carpa de 6.000 metros cuadrados. (Lea: Después de 29 años, Hipódromo de Los Andes cobra vida)
 
La amabilidad de la familia equina es tal que los asistentes tuvieron la posibilidad de ver con sus propios ojos las comodidades en las que se encontraban administradores, palafreneros, médicos veterinarios, jueces, locutores, comerciantes, representantes de entidades públicas y privadas e inclusive visitantes extranjeros.
 
A pesar del inclemente sol, todo lo que un día afirmó Galvis en diálogo con CONtexto ganadero era cierto: los baños tuvieron una remodelación tanto en sus griferías, como en sus redes eléctricas. Las 1.200 pesebreras fueron readecuadas para que médicos veterinarios, caballos, palafreneros y propietarios pudieran estar cómodos; entrar en cada una de ellas era estar en un pequeño mundo dentro de uno grande.
 
Una de las cosas que más me sorprendió en este evento es la comodidad que le dan al actor principal: el caballo, es algo nunca antes visto y que realmente le elogio a los organizadores del evento, porque finalmente el animal es el que necesita de todas las comodidades para luego hacer una buena presentación. Si no se le provee una cama de calidad, como las que vimos aquí, será difícil que su descanso sea pleno”, afirmó José González, criador proveniente de República Dominicana y propietario de La Revista del Paso Fino.
 
Y así era. El Hipódromo de Los Andes estaba adecuado para todo, tenía un espacio para 1.200 vehículos, también estands comerciales para que los asistentes pudiesen ver apreciar pinturas, trabajos de talabartería, confecciones alusivas al mundo equino y un lugar para acceder a créditos.
 
Al seguir caminando por este Hipódromo – que estaba olvidado desde hacía 29 años – se encontraba la pista por la que pasaban todos lo animales: asnos, yeguas y caballos de todas las edades que exponían sus mejores cualidades en los 4 andares: paso fino, trocha, trote y galope. (Lea: Informe: Conozca las 5 razas equinas más representativas de Colombia)
 
En este espacio los animales entraban a la pista de madera, con el fin de que los jueces pudieran escuchar su andar, entre más seco era el golpe, mejor se podía establecer si cumplía con la modalidad que se estuviese juzgando. Reconocerlos no es fácil, se necesita de preparación y concentración, no en vano los jueces presentes eran adultos que evidenciaban su experiencia y sabiduría.
 
En la pre-pista se encontraban los caballos antes de salir a hacer su demostración. También había lugar para aquellos ejemplares a los que les hacían chequeos médicos de rutina, la versificación del chip, que tuvieran un buen estado corporal y que su hoja de ruta cumpliera con los reglamentos antidoping que el certamen requiere.
 
Después se encontraba la estación de herrería. Allí los propietarios llevaban los caballos para que les hicieran las reparaciones correspondientes en los cascos de los animales, de tal manera que la presentación de los equinos o asnales no se viera afectada.
 
La idea es que los asistentes conozcan la importancia de tener un buen herraje en los cascos de los animales. Entonces, el propietario tiene la opción de herrar a su caballo en dado caso de que se le caiga una herradura o que en la pre-pista tenga un inconveniente. Les damos una opción para atender una emergencia”, indicó Jhon Jairo Orjuela, representante de la empresa Emconclavos.
 
Adentrándonos en este mundo nos dirigimos a las pesebreras, “un pequeño mundo dentro de otro”, como lo denominó Carolina Ramírez, la secretaria general y presidente ejecutiva encargada de Fedequinas. Y sí que lo eran. En este espacio no solo se peinaban y bañaban los caballos, también se adecuaban sitios para celebrar un bautizo o simplemente poder tener un rato de tertulia entre familiares y amigos, recordando lo que fue el día de competencias. (Lea: La chalanería, un deporte que toma fuerza en Colombia)
 
“Buscamos que se resguardara el vínculo familiar, no solo se trata de involucrar a los equinos, que son el aspecto más importante de la feria, sino que también fuera un sitio donde los niños pudieran disfrutar. Contrario a lo que muchos piensan que el mundo equino es sórdido, es más normal de lo que parece, se realizan fiestas en torno al caballo de paso fino colombiano. Estos son los escenarios que queremos que el mundo conozca: son sanos y buscan engrandecer el tesoro biológico y cultural”, aseguró Ramírez.
 
Pero la unión con el caballo es, tal vez, uno de los aspectos que más impacto genera, dado que no cualquiera puede hacerle una trenza a la cola de un equino. Así lo dijo Santiago, un palafrenero antioqueño, quien ratifico que todo está en la confianza con el animal, en poderle hablar todos los días, decirle qué actividades se van a hacer, e inclusive, cantarle, porque así es como se logra esa conexión con una especie que genera respeto por donde quiera que pase.
 
 Por eso, para muchos, sin duda esta es una feria que une a gente de todas las edades y que en especial sienten atracción por el mundo equino, “podemos pasar cualquier sinsabor y seguir adelante con lo que nos une y amamos: el caballo”, expresó Sergio Andrés Sierra Gómez, presidente de la Asociación Nacional de Caballistas Amigos, ANCA, ubicados en Fusagasugá, Girardot y Sumapaz.
 
“El artista es el que nos convoca. El caballo es el que converge más miradas, no es lo mismo ver un cerdo en exposición a un caballo, cuando pasa un equino la gente para sin importar si camina bien o mal, no importa el trancón, las personas se bajan de los carros y miran. Este es un gremio muy bonito, que merece ser visto por todos, que no es de élite y que trabaja por mejorar día a día”, puntualizó el vocero gremial. (Lea: Grado de consanguinidad de equinos se podrá reducir en Colombia)