Esta es la hacienda África donde nació, se formó y se conserva la raza Velásquez

Por: 
Luis Humberto Caballero R.
04 de Marzo 2019
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“La hacienda África ostenta ganancias diarias de peso en promedio en todo el año que oscilan entre 570 y 600 gramos al día”, dijo José Antonio Velásquez. Foto: Hacienda África.

La hacienda África, es la cuna de la raza Velásquez, bovinos eficientes productores de carne y leche y en cuya genética se encuentran interesados varios países. Hace 63 años no hacen ningún cambio de pastos ni siembran árboles, únicamente dejan que la naturaleza obre por si sola. Es una ganadería regenerativa que ostenta una tasa de fertilidad de 90 % y una producción por hectárea de carne al año de 270 kilos.

 

La hacienda África, cuna de la raza Velásquez, comenzó su historia cuando José Velásquez, –que era médico veterinario y decano de la facultad de medicina veterinaria de la Universidad Nacional– compra este predio en 1955 y se da cuenta que tiene una gran cantidad de forrajes y de árboles nativos, y así, la conservó hasta que fallece en 1983, de hecho sus hijos aún mantienen intacta su naturaleza.

 

Los forrajes eran muy eficientes y lo que hizo José Velásquez, fue crear una raza que fuera igualmente eficiente en la producción de carne y leche, y que soportara las condiciones difíciles de clima que había, en esa época, en la región de La Dorada en el Magdalena medio.

 

Fue así, que la hacienda África se convirtió en el epicentro de la raza Velásquez, –combinación de las razas Romosiano, Brahman rojo y Red Poll– y en donde durante 28 años –desde 1955 hasta 1983 cuando fallece– su creador se dedicó a mantener la genética tanto de sus bovinos como de la raza. (Lea: Velásquez, raza pionera de la reconversión ganadera en Colombia)

 

Su legado lo continuaron su esposa y sus hijos Natalia –de profesión Bióloga– y José Antonio –médico veterinario–.

 

El creador de la raza Velásquez realizaba sus actividades productivas de forma totalmente natural. Nunca cambió los pastos que tenía la finca, de hecho, en la hacienda esa ha sido la premisa, producir sin fertilizantes y sin herbicidas.

 

En los 63 años que lleva bajo el cuidado de la familia Velásquez, nunca han realizado un arado en la tierra, ni quemas y se produce con forrajes nativos.

 

Carme y leche natural

 

“Producimos carne con una raza colombiana en un ambiente que no ha sido modificado nunca”, dijo José Antonio Velásquez.

 

En dicha finca se produce con forrajes nativos que tienen más de 200 mil años en Colombia, como es el caso de la maciega (Paspalum virgatum) y otros que son considerados malezas en el Magdalena Medio. Cuenta igualmente con una cantidad de leguminosas también nativas. (Lea: Plantas nativas, más virtudes que molestias para la ganadería)

 

Esa mezcla permite un equilibrio entre proteína y energía que hace que los ejemplares tengan una ganancia de peso bastante aceptable.

 

La mezcla de los pastos nativos y de las leguminosas hace que la leche tenga altos contenidos de sólidos, grasa y proteína. “Es una producción en la que las praderas son manejadas con periodos apropiados y no se usa concentrado y ningún alimento adicional a los pastos”.

 

La carne producida en la hacienda África ha sido certificada por la Universidad Nacional. “Este centro docente tenía un frigorífico y allí le hicieron el beneficio por muchos años a nuestros animales”. (Lea: Las bondades de la raza Velásquez)

 

Dicha universidad certificó la carne de nuestra raza por su terneza, grado de marmóreo y la edad de sacrificio que era de 24 meses y salían de 480 kilos.

 

Producción de genética

 

Actualmente esta ganadería se concentra en la producción de genética y los terneros que no cumplen los parámetros determinados, los descartamos de 280 kilos y de ahí salen para otra finca a etapa de levante hasta los 380 kilos.

 

Desde la creación de la raza nos hemos dedicado a mantener las características de producción de la raza Velásquez. Hacer que se transmita su progenie y que sea heredable. Que se siga manteniendo la adaptación, rusticidad y capacidad de producir con forrajes frescos.

 

“La raza ha mantenido la fertilidad alta y los pesos al destete durante el tiempo. En la medida que uno empieza a buscar un mayor peso al destete –actualmente es de 185 kilos– entran otras características de las vacas. Nosotros hemos mantenido esa genética equilibrada que mi padre logró y dejó”, resaltó José Antonio Velásquez.

 

Actualmente la hacienda África, tiene una tasa de fertilidad entre el 85 y el 90 %, índice que varía a través de los años por los factores ambientales.

 

La producción de leche diaria en promedio es de 4,5 litros por vaca. “Tuvimos ordeño, durante una época, pero ahora se ordeña solamente para el consumo de los terneros y los trabajadores de la finca”. (Lea: Razas colombianas, las más resistentes a los cambios climáticos)

 

La Hacienda África tiene muchísimos árboles –Tagales, Dindes, Nogales, Aceitunos y Ceibas, entre otros– porque la sombra es un factor determinante en la productividad del ganado.

 

“Si no se tiene sombra, agua, ni confort, los animales no se reproducen ni producen eficientemente. Es fundamental el esquema arbóreo”.

 

La ventaja de la ganadería regenerativa es que el ganadero no tiene que intervenir sino permitir que la naturaleza actué sola y de manera permanente.

 

La familia Velásquez no ha sembrado pastos ni árboles. “Hemos dejado que la naturaleza actué. Son procesos largos que pueden durar 20 años o más para ver resultados impactantes”.

 

Considera que el número de ejemplares de la raza Velásquez en Colombia se ha venido incrementando tanto en ejemplares puros y en cruzamientos.

 

La decisión es exportar

 

Los creadores de la raza Velásquez tienen proyectado exportar ganado en pie y genética. “Estamos en ese proceso porque ha habido mucha gente interesada, pero los problemas de índole sanitario en el país lo han impedido”.

 

Países como Venezuela, Bolivia y Brasil, entre otros, han manifestado interés en nuestra genética. “Aunque no es fácil porque para enviar embriones habría que firmar protocolos sanitarios”.

 

Valorar lo nativo

 

Colombia es un país con un gran potencial de producción de carne y leche con los recursos locales y nativos que tiene.

 

“Nos hemos dado a la tarea de no investigar lo nuestro. Nosotros heredamos la pasión de mi padre por lo colombiano y nos hemos dado a la tarea de conocer lo que tenemos”.

 

Muchas veces los ganaderos se dejan impresionar por lo extranjero porque tienen datos y campañas publicitarias, pero nadie puede llegar a vender un forraje nativo porque acá ya lo tenemos en la finca.

 

En gran parte del territorio nacional se arrasó con la genética que se tenía en forrajes al importar pastos de otras partes del mundo.

 

En la hacienda África hace más de seis décadas han comprobado que los forrajes nativos están adaptados a las condiciones de clima y temperatura que tiene el país.

 

Es impresionante observar que en esta finca cercana al municipio de La Dorada, a pesar del extremo verano y de que hace más de tres meses no llueve, los pastos continúan aún verdes.

“Eso no sucede con pastos traídos de otras latitudes pues estos, tan pronto comienza el verano se marchitan”.

 

Mientras en la hacienda África el pasto Maciega que se encuentra en el 70 por ciento de sus praderas, no recibe agua y sigue creciendo de manera normal, en el resto del país que implementaron forrajes importados los ganaderos pasan trabajos por la falta de forrajes y de agua como efecto de los veranos extremos. (Lea: ¿Sabe de qué se trata el concepto de ganadería regenerativa?)

 

El rendimiento diario depende de la cantidad de comida que se puedan suministrar al bovino.

 

La creadora y productora de la raza Velásquez, ostenta ganancias diarias de peso en promedio en todo el año que oscilan entre 570 y 600 gramos al día, independientemente de si temporada de verano o de invierno.

 

Hectáreas de carne y leche al año

 

Esta finca ganadera atribuye a su esquema de ganadería natural o regenerativa el ostentar el índice de 270 kilos de carne por hectárea al año que en Colombia es de 100 kilos/ha/año.

 

“El ganadero debe comenzar a medir este índice tanto en carne como en litros de leche”, recomendó José Antonio Velásquez