Jeannett, una ganadera ejemplar para los principiantes en el oficio

Por: 
Pedro Fonseca
16 de Julio 2018
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Jeannett lleva más de 30 años ejerciendo la ganadería en la finca heredada de su abuelo y su padre. Foto: Cortesía
Jeannett Moncayo Jiménez es una zootecnista de Pasto (Nariño) con una amplia trayectoria en la producción de leche. A pesar de las constantes dificultades del negocio y los golpes de la violencia, esta productora no renuncia a continuar la labor a la que se dedica desde hace más de 30 años.
 
Ella se hizo cargo de la finca de su padre, el señor Javier Moncayo, quien a su vez la recibió de su abuelo. Se trata del predio Alaska, una lechería de 24 hectáreas ubicada en el sector de Río Bobo en zona rural de la capital nariñense.
 
“Nosotros somos ganaderos de siempre. Mi abuelo la tuvo primero, luego mi papá y ahora nosotros. Es una finca que queda cerca de Pasto, a 18 km. Son apenas 24 hectáreas, no son muchas porque se la han repartido los herederos”, dijo.
 
La empresaria contó que desde muy pequeña estuvo en la finca con su hermano, aprendiendo a trabajar con los animales, de manera que ambos optaron por estudiar carreras afines al campo, ella como zootecnista de la Universidad de Nariño y él como administrador agropecuario. 
 
“Ya había una infraestructura, un establo, unos potreros y un pie de cría. Por eso decidimos continuar con el negocio, nos gusta, queremos el campo, lo amamos, es nuestra vida. No la concebimos sin hacer esto”, afirmó.
 
Si bien su residencia está en Pasto, donde cuida de su madre y vive junto con su hermana y su hermano, Jeannett se desplaza todos los días a su finca para ocuparse de ella. (Lea: Nariño, cuenca lechera fortalecida por el Fondo Nacional del Ganado)
 
Litro de leche a $1.240
 
Gracias a sus conocimientos como zootecnista y a la experiencia que heredó de sus ancestros, la ganadera ha podido mantener una constante producción de leche con alta calidad composicional e higiénica, logrando un precio superior al de otras explotaciones.
 
Hace alrededor de 30 años se vincularon a la cooperativa Colácteos. Al principio, tenían problemas con el pago porque no contaban con tanque de almacenamiento y siempre registraban un elevado número de UFC. Por eso decidieron invertir en el equipo, lo que les mejoró el precio.
 
Hoy en día reciben $1.240 por litro en promedio, un valor que se debe tanto al incremento en la calidad higiénica como a la implementación de una genética de calidad para aumentar la grasa y la proteína con el fin de obtener mejores bonificaciones.
 
Con este fin y a sabiendas de las bondades de los cruces y los ejemplares de calidad, introdujeron genética Jersey que cruzaron con los Holstein que ya tenían en la finca. En la actualidad, alrededor del 5% tiene ejemplares Jersey, así como cruces F1 y F2.
 
No solo eso, sino que además cuentan con pastos neozelandeses de rápido crecimiento, precoces, que tienen buena fibra y proteína, que les permiten incrementar el número de animales en cada potrero y alcanzar mejores rendimientos.
 
Además, 6 años atrás fueron de los primeros en obtener la certificación en BPG y aprendieron a llevar los registros de la finca para controlar los gastos con base en los rendimientos de sus animales. (Lea: En 2017 bajó número de explotaciones lecheras certificadas en BPG)
 
Los paros y el flagelo del secuestro
 
No obstante, no todo han sido buenas noticias. En primer lugar, han tenido que lidiar con los paros, que afectan a casi todos los productores en Nariño. Mientras que otras empresas deciden no recoger la leche, Colácteos ha diversificado su portafolio para elaborar otros productos lácteos con el fin de continuar con el acopio.
 
Nada más que recordar el paro agrario de 2013 le causa aflicción, pues por más de 3 semanas no tuvo forma de comercializar la leche y se vio obligada a desechar grandes cantidades, sacrificando varios meses de intensa labor.
 
“Nos tocó botar la leche, había que regarla en los potreros porque no se podían hacer cuajadas ni nada. No había por dónde pasarla porque primeros nos bloquearon las carreteras veredales, después las secundarias y luego salieron a la Panamericana”, dijo.
 
Según ella, las consecuencias fueron tan graves que los campesinos ahora guardan más reservas de iniciar una nueva manifestación, pues son conscientes de los daños que pueden ocasionar a sus compañeros con estas acciones.
 
De otro lado, le tocó trabajar la delicada situación de orden público que se vive en el departamento, pues Jeannett fue víctima de secuestro por parte del frente 29 de las Farc en marzo de 2002. (Lea: Crece temor entre los ganaderos de Nariño por aumento de inseguridad)
 
“Yo estaba en la finca y llegaron 3 personas en un carro, preguntándome por mí. El mayordomo me dijo que me escondiera porque eran guerrilleros, y yo le respondí que a mí no me hacían nada. Ellos se presentaron y me explicaron que el comandante del frente quería hablar conmigo, les respondí que tenía que ponerme una chaqueta y salimos”, contó.
 
Ese encuentro, que ella pensó que sería breve, tardó 4 días, en los que estuvo retenida por los insurgentes. Para su liberación, demandaron el pago de $100 millones, una suma que ellos no tenían. Entonces, su familia tuvo que vender el carro y el ganado, y además pedir prestado, para conseguir el dinero en efectivo. Luego, vendieron la casa para pagar ese préstamo.
 
Aun cuando revivir esta situación provocaría rabia y resentimiento en más de uno, en cambio para Jeannett es una oportunidad para agradecer a Dios que se trató de un secuestro corto y que pudo volver a su casa, mas no a la finca, pues la región estaba asediada por las Farc.
 
“En esa ocasión se tomaron todo Río Bobo, se tomaron la Cruz de Amarillo que queda a 5 km de Pasto. Ahí volaron las torres de energía, era un ambiente bastante pesado. Hasta que llegó el (presidente) Álvaro Uribe y puso el orden, entonces pudimos volver a nuestras fincas sin temor”, reveló.
 
Agregó que a pesar de haberse registrado como víctima y de haber solicitado la reparación, que le garantizaron que llegaría, a la fecha no ha recibido ninguna compensación del Estado para devolverle el dinero gastado en su rescate.
 
Ejemplo para los nuevos ganaderos
 
A pesar de su inmenso amor por el oficio, la ganadera confesó que ha tenido momentos de desánimo ante los golpes que ha recibido el sector en general, como la baja rentabilidad ante un precio que se niega a subir igual que el costo de los productos para el campo debido a la inflación.
 
La rentabilidad antes era mayor, de 28 a 30 %, ahora la tenemos entre el 20 y 23 %. Nos incrementan el precio del litro, pero los insumos también empiezan a subir. Por ejemplo, en esta quincena, Solla y Finca incrementaron sus precios, todo lo que son concretados, sales, medicamentos. Entonces nos quitan por otro lado, la plata que nos subieron”, lamentó.
 
Frente a esta situación, la respuesta ha sido incrementar la eficiencia para no quedar a medio camino. Ella ha conocido el caso de muchos ganaderos antiguos que han dejado el negocio por la falta de garantías, aunque también ha visto cómo los jóvenes empiezan a trabajar en la finca.
 
Jeannett y su hermano decidieron abrirles las puertas a estos nuevos ganaderos, con el fin de compartir sus conocimientos con otros productores y a brindar consejos sin contraprestación alguna. (Lea: ¿Por qué los jóvenes deben volver al campo?)
 
Recientemente tuvieron la visita de 2 personas que dieron sus primeros pasos en el mundo de la lechería y los orientaron en aspectos como el manejo del agua, el establecimiento de las praderas y la elección de los animales.
 
De hecho, a medida que nuevos trabajadores del campo llegan a la región e inician sus propias explotaciones, los más antiguos recomiendan visitar la finca de Jeannett Moncayo para aprender los aspectos esenciales y resolver las dudas.
 
“Son muchos jóvenes los que están comenzando el negocio, gente que está encantada con el campo. Eso sí, dicen que es duro, bastante difícil, así como también dicen que es muy bonito ver nacer las terneras, ver cómo aumenta la leche y muchas otras cosas”, relató.
 
La ganadera está convencida de su pasión por el campo y por la ganadería, y ha podido salir adelante ante los constantes obstáculos. Con su actitud generosa y su talante férreo, está contribuyendo con la producción de leche, sino que además está aportando al relevo generacional que tanta falta le hace al campo colombiano.