La importancia del raleo y la poda en los sistemas agroforestales

Por: 
CONtexto ganadero
08 de Abril 2020
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La poda y el raleo requieren mano de obra intensiva y calificada, que domine las técnicas para no arruinar la planta. Foto: http://fbforestal.com

La poda y el raleo son actividades propias de los proyectos forestales que se deben realizar para mejorar el rendimiento de las plantas y prepararlas para que en época de cosecha se encuentren en su mejor momento de productividad.

 

La poda consiste en cortar o eliminar las ramas de la parte inferior del árbol para mejorar su calidad y obtener madera libre de nudos. Se realiza para reducir la sombra sobre el pasto, suprimiendo las ramas que están por debajo de la mitad de altura. 

 

Esta se realiza dependiendo de 2 criterios: altura total promedio o diámetro a la altura del pecho (DAP). Con base en cualquiera de los 2, se determinan la primera, segunda y tercera poda. (Lea: Así es la regeneración natural del algarrobo en sistemas silvopastoriles)

 

Según la DAP, la 1ª poda debe hacerse con 8-10 cm de DAP, eliminando todas las ramas hacia abajo, la 2ª a los 12-13 cm y la 3ª a una DAP de 15-16 cm. En cuanto a la altura, la poda se efectúa a los 4 m, 8 y 14 m, cortando las ramas que sean igual de largas a la mitad, esto es, 2, 4 y 7.

 

Estos datos están contenidos en la presentación Manejo silvicultural de Ottoniel Figueroa, quien enseguida sostiene que la oportunidad de la poda depende del objetivo de producción y del esquema de manejo que se esté aplicando, así como hay que elegir la mejor época para hacerlo.

 

Entre sus beneficios está la reducción del riesgo a incendios, el control de diseminación de enfermedades, la mejora en la forma del árbol y el aumento en la disponibilidad del forraje. (Lea: Así se pueden establecerse silvopastoriles a partir de regeneración natural)

 

 

Raleo

 

Esta práctica consiste en eliminar los árboles de menor calidad, con tronco torcido, enfermos o que están ofreciendo producto de mala calidad por su mal crecimiento o mala forma, con el objetivo de favorecer el crecimiento de los árboles de mejor calidad.

 

El raleo nunca se debe hacer antes de que los árboles alcancen 5 a 7 m, en cambio cuando lleguen al rango de 7 a 9 m. Si se sembró con mucha proximidad, se podría hacer un primer raleo en los primeros dos años dejando un espacio adecuado entre las plantas en crecimiento.

 

La guía “Establecimiento y uso de sistemas silvopastoriles en República Dominicana” recomienda con­sultar cuáles son las variedades que más están siendo de­mandadas en la zona de la finca. (Lea: Cómo manejar la sucesión vegetal con ganadería productiva)

 

La actividad del raleo proporciona ventajas como el aumento del vigor de las plantas, pues quedan las más sanas que se defienden mejor de enfermedades e insectos, el estímulo al crecimiento en diámetro de los árboles remanentes, y los frutos y semillas se producen en árboles vigorosos y dominantes