Las vacas siguen limpiando su nombre gracias a la COVID-19

Por: 
CONtexto ganadero
03 de Junio 2020
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Aunque la COVID-19 ocasionó una parálisis mundial, la ganadería se mantuvo y los niveles de contaminación bajó considerablemente. Foto: FAO.

La pandemia desatada por la enfermedad y la cuarentena que se presentó en gran parte del mundo, no solo obligó a parar a las grandes industrias, permitió que la ganadería siguiera trabajando mientras las emisiones siguen bajando.

 

El portal agroverdad hace un análisis muy interesante frente a lo que ocurre en el mundo mientras enfrenta la COVID-19, ya que el Coronavirus trajo el efecto de menos contaminación en el mundo. Este fenómeno le está ayudando a restarle fuerza a ese prejuicio con el que algunos detractores atacan a la actividad agropecuaria. (Lea: Coronavirus demuestra que agricultura y ganadería no son responsables del cambio climático)

 

Sin embargo, el coronavirus llevó a que el mundo detuviera todo tipo de industrias, como es el caso de los aviones comerciales, los cuales son los responsables del 5 % de la contaminación que afecta hoy al mundo.

 

El mismo medio indica que un avión que recorre ida y vuelta entre Madrid y Nueva York emite entre 2 y 3 toneladas de dióxido de carbono (CO2) por pasajero, lo que significa que si la aeronave transporta entre 150 y 300 pasajeros, la contaminación sería de entre 900 y 1.350 toneladas.

 

Ganadería, una aliada del medio ambiente

 

En 2017, Ernesto Viglizzio, investigador del CONICET y asesor del Grupo de Países Productores del Sur (GPPS), decía que "el sector rural está generando un crédito de carbono que no está contemplado en los inventarios". (Lea: Los ganaderos no son los culpables del cambio climático)

 

En una reciente publicación que trajo a colación el estudio de Viglizzo, el Rosgan se formulaba esta pregunta con respecto a la ganadería y sus supuestos efectos nocivos en el medioambiente: ¿por qué en la opinión pública gran parte de esta responsabilidad es atribuida a la ganadería?

 

Según Viglizzio, "aunque la ganadería es un importante emisor de carbono, el secuestro (de CO2) de pasturas, bosques, arbustales y pastizales que integran los planteos ganaderos nacionales es mucho mayor. La clave no está en la biomasa aérea, sino en las raíces".

 

Para Hernán Borbolla, ingeniero agrónomo de la Universidad de Guadalajara y gerente de Mercadeo de Superganadería de Corteva, la situación actual es una prueba de que la ganadería es un pilar, no solo para sostener la alimentación del mundo, sino que da una mano importante en materia económica a nivel global y nacional. (Lea: 5 razones que demuestran que la ganadería no es como la pintan los ambientalistas)

 

“Hay muchos estigmas sin el fundamento correcto y definitivamente estos meses han sido una prueba de que la ganadería no genera un impacto como el que se dice, al contrario, las praderas son parte fundamental para la captación de dióxido de carbono y realmente no es como muchos lo vienen diciendo”, añadió.

 

En tanto, Michael Rua Franco, zootecnista de la Universidad de Antioquia, especialista en Nutrición Animal de la U.D.C.A y director de Cultura Empresarial Ganadera, CEG, recordó que el ganado produce desechos orgánicos, como heces y orina, cuyos componentes son integrados al suelo. Es decir, sustancias nitrogenadas de la orina se volatilizan, pero otras caen y alimentan las plantas, por lo cual se trata de un fertilizante natural.

 

Hay malas prácticas de la ganadería que han llevado a la contaminación, pero hay buenas prácticas que pueden revertirlo. Por ejemplo, la incursión en sistemas silvopastoriles permite que haya un mayor control de los parásitos”, remató. (Lea: Ganadería favorece almacenamiento de carbono)