Así hicieron estas 2 campesinas de Cauca para tener sus propios negocios

Por: 
CONtexto ganadero
02 de Diciembre 2019
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Oliva Díaz (izq.) y Lucy Males (der.) participaron en la conmemoración de los 10 años de la Fundación Alpina. Foto: Cortesía

Lucy Males y Oliva Díaz son 2 campesinas del departamento de Cauca que, gracias a sus esfuerzos y al apoyo que recibieron de la Unión Europea y la Fundación Alpina, establecieron sus propios emprendimientos. Según ellas, un proyecto financiado por el organismo internacional les cambió la vida por completo.

 

Lucy Yesenia Males nació en el corregimiento El Paraíso, en el municipio de Sucre. Allí se quedó, en el mismo corregimiento, donde se casó y tuvo 3 hijos. Durante muchos años se dedicó a trabajar en diferentes cultivos, al igual que su esposo, y generalmente vivían de los pocos ingresos que él obtenía.

 

Por su parte, Oliva Díaz, nacida en el municipio de Párraga, vive ahora en la población de Rosas, donde reside con su esposo y 2 hijos. Antes trabajaba como ama de casa o en los restaurantes que dan sobre la vía Panamericana “o en lo que resultara”, como dice ella.

 

Ahora, estas 2 mujeres son un ejemplo de emprendimiento gracias al apoyo de la Fundación Alpina y al financiamiento de la Unión Europea, como parte del trabajo de género de la UE en Colombia. (Lea: 12 mil familias se han beneficiado en los 10 años de la Fundación Alpina)

 

Ser una empresaria

 

Lucy trabajaba en el campo como jornalera, pero la mayor parte de los ingresos de su hogar los aportaba su esposo, que también se empleaba en otros cultivos o vendía sus propios productos en el mercado del corregimiento de El Bordo, como café, plátano o arracacha.

 

Confesó que durante tiempo se dedicó a laborar en los cultivos ilícitos, pues para nadie en un secreto que esta ha sido la fuente de ingresos de muchos campesinos del Cauca. No obstante, ella siempre supo que esto no era lo que quería hacer.

 

Las personas rurales no queremos cultivar lo ilícito, sino que lo hacemos por una necesidad, por la falta de que el Gobierno llegue a las regiones donde vivimos. Es una forma de sobrevivir, pero no es fácil y muchas personas quisieran salir de ese negocio”, manifestó.

 

La empresaria sostuvo que aun cuando los campesinos de esta zona obtienen un ingreso económico razonable por jornalear en los cultivos de coca, no son una compensación suficiente ante las condiciones laborales extremas y los esfuerzos de estos empleados.

 

“Los cultivos ilícitos están bastante retirados. Además no dan comida, uno tiene que llevarla y comer frío, aguantar sed porque ni agua le pasan. Yo decidí mirar otro camino, algo que sí me ayude a mi hogar así no tenga grandes ingresos, como lo puede dar lo ilícito, pero que tenga una mejor calidad para mí y la familia”, afirmó.

 

Así pues, cuando supo de una convocatoria impulsada por la Fundación Alpina y la Unión Europea, decidió unirse al grupo de 80 mujeres beneficiadas y emprender una granja avícola con gallinas ponedoras. Gracias a este programa, tuvo acceso a las primeras 100 gallinas. Al cabo de 2 años, ya cuenta con 300. Aunque el proceso no fue sencillo.

 

“A nosotros nos dieron el capital semilla que fueron 100 gallinas, y a los 18 meses, que es el ciclo, las vendí y volví a echar otras 100. Con lo que gané, y con otros ahorritos que mi esposo me ayudó, compré otras 200, o sea que tengo 300. Nuestra visión con mi esposo es llegar a las 500 e incluso las mil, para emplearnos los 2”, contó Lucy.

 

La productora señaló que el comienzo no fue fácil porque no encontraban un canal de comercialización, pero gracias al acompañamiento técnico y empresarial, salió adelante junto con su familia y está dedicada de tiempo completo al negocio de producir huevos.

 

En la actualidad, de las 300 gallinas obtiene cerca de 55 cubetas a la semana, que vende en el mercado local y que se venden rápidamente gracias a la calidad que ofrece. Según ella, en ocasiones no da abasto ante la demanda de los comercializadores que le piden más producto.

 

Si bien el negocio es exigente, este también ha sido una oportunidad para fortalecer los lazos familiares, pues ya tiene más tiempo para dedicar a sus 3 hijos, que colaboran en el negocio, así como también emplea a sus hermanos y otras personas del corregimiento.

 

Este proyecto ha significado mucho porque sí tienen en cuenta a la mujer rural, nos ha dado empoderamiento, nos hemos vuelto independientes, tenemos nuestro propio recurso económico”, dijo Lucy. (Lea: Aprenda a identificar la calidad del huevo que consume)

 

La iniciativa permitió que todo el grupo de mujeres beneficiadas sintieran más orgullo por ser campesinos y producir los alimentos que se consumen en la ciudad, así como también les brindó mayor independencia económica y poder de decisión en sus hogares.

 

“Muchas de las mujeres que entramos al programa no teníamos opinión de nada, a diferencia de hoy. No quiere decir que vamos a pasar por encima de nuestros esposos, pero sí tenemos un liderazgo. Por decir, si antes quería una blusa, tenía que hacer cara bonita para que me la regalaran, ahora no, la quiero y me la compro porque tengo mi propio ingreso”, expresó.

 

Cumpliendo un sueño

 

Oliva manifestó que toda su vida quiso tener su propio cultivo de piscicultura pero nunca había logrado emprenderlo por falta de recursos. Cuando llegó el proyecto de la Fundación Alpina y la Unión Europea, comenzó con gallinas ponedoras, pero los técnicos le aconsejaron que se dedicara a la piscicultura cuando vieron que ella ya disponía de su propio lago.

 

“Yo les dije que eso sería maravilloso, entonces empecé adecuando el lago y me dieron 1.500 alevinos. La primera cosecha fue dura porque tocó aprender todo el proceso, aunque gracias al acompañamiento técnico fuimos creciendo poco a poco”, aseguró.

 

Antes, ella solo aspiraba a emplearse en cualquier labor para ganar un jornal mínimo. En cambio, hoy en día puede dar empleo a otros lugareños e impulsar la economía de la región. Para la cosecha de los peces, contrata a 3 empleados además de su familia.

 

Así como Lucy, la empresaria sostuvo que el acompañamiento técnico, empresarial y social fue esencial para continuar en el negocio, pues en los programas de otras entidades solamente les donaban los semovientes o las semillas y las dejaban a su suerte.

 

Según ellas, el proyecto dejó impacto tan grande que ejerció un cambio en la mentalidad de ellas, sus familias y los demás pobladores, pues si bien se resistieron al principio, se convencieron al ver los réditos. (Lea: En el Cauca, los grupos delictivos están ganando terreno en zonas rurales)

 

Al comienzo eran reacios porque mi esposo decía que era una perdedera de tiempo ir a las reuniones, pero después se dieron cuenta que era diferente, entonces ya se preocupaban y se acordaban de la hora de alimentar a los peces. Los que no están en el proyecto, me dicen que cómo pueden entrar porque nos mostraron la forma de hacer empresa en el campo”, relató.

 

Luego de casi 2 años, ya está en la tercera cosecha de tilapia y cachama, y piensa pasar de 1.500 alevinos a criar más de 2.500, pues ya construyó un segundo lago que está en proceso de encalar. En este emprendimiento, ha tenido el apoyo de su esposo y sus hijos.

 

Sus clientes son los propietarios de los restaurantes que están ubicados en los costados de la vía Panamericana, quienes privilegian su pescado porque es fresco, a diferencia del que compran en otras zonas y que llega congelado.

 

Con esta orientación, las mujeres beneficiadas crearon Asociación de Mujeres Emprendedoras de Rosas o más conocidas como ‘Las Ermosas’, y ahora participan en mercados campesinos de varios municipios e incluso han llegado a Popayán, invitadas por la Alcaldía y la Secretaría de la Mujer de la Gobernación de Cauca.

 

“Decidimos formar la asociación organización para poder comercializar mejor nuestros productos, porque ese es el pedacito más duro. A través de la asociación, somos una ventana para el resto de mujeres, no solamente en las unidades que hemos fortalecido sino también lo que hacen las compañeras de manera independiente”, concluyó.

 

Ni Lucy ni Oliva piensan dejar de lado el negocio que han emprendido y seguirán trabajando cada día por hacerlo crecer. Como subrayó Camila Aguilar, directora de la Fundación Alpina, el objetivo es volver este modelo replicable para implementarlo en otros lugares:

 

Dada la primera fase que tuvo unos excelentes resultados, estamos viendo cómo volverlo un modelo que se pueda hacer en otros lugares”.