En memoria de don Vicente Carlos Álvarez Arroyo

Por: 
María Alejandra Gómez
05 de Agosto 2019
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Don Vicente Álvarez se destacó por sus grandes valores los cuales siempre inculcó a su familia. Foto: Cortesía.

A los 83 años y a causa de un paro cardiorespiratorio, falleció Vicente Álvarez, filólogo, lingüista y ganadero. Así lo dio a conocer su hija Ruth Esther Álvarez Martínez, directora ejecutiva del Comité de Ganaderos del Área 5.

 

El pasado 25 de junio de 2019, luego de sufrir un cáncer de próstata que hizo metástasis en los huesos, don Vicente, que se dio a conocer por su trabajo como docente de filología y lingüística en la Universidad de Los Andes, la Universidad Pedagógica y la Universidad Distrital y finalmente por sus labores y gusto por la ganadería, falleció.

 

Según su hija Ruth, directora del Comité de Ganaderos del Área 5, su padre nació en la vereda Las Llanadas de Sahagún, Córdoba en la finca de sus abuelos, siendo el mayor de tres hermanos. Sus estudios de primaria los realizó en el municipio de Sahagún y la secundaría la realizó en Sincelejo. (Lea: Murió el reconocido ganadero Edmundo Castro Escamilla)

 

Don Vicente decidió realizar sus estudios profesionales en Filología y Lingüística en Tunja, donde conoce a su esposa, con la que tendrían cuatro mujeres.

 

Aun cuando sus estudios estaban ligados a lo que está lejos de la ganadería, nunca se alejó de ella. “Siempre iba a la finca a estar con mi abuelo en las vacaciones, él iba a ayudar en la ganadería, en el ordeño y demás labores que se requerían”, aseguró la directora.

 

La pasión y gusto por la ganadería siempre la tuvo, tanto así que cuando se pensiona de la pedagogía, se dedica a seguir las labores como ganadero, pese a que tuvo que manejarla a distancia, pues fue quien se encargó de los nietos luego de la muerte de dos de sus hijas.

 

La finca que era del padre de don Vicente Álvarez. Luego de su muerte fue dividida con otro hermano en partes iguales. Su hermano era quién le ayudaba a cuidar el ganado que tenía mientras él laboraba en Bogotá.

 

Siempre inculcó amor por la ganadería a sus cuatro hijas. “Siempre íbamos de vacaciones a Sahagún y le ayudábamos a hacer inventario de ganado y gracias a esto fue que decidí estudiar Zootecnia”.

 

Luego del grado, la directora se encargó de ayudarle a manejar la finca. Comenzaron a tecnificarla, dejando de ser una ganadería normal. “Empezamos a mejorar potreros, a sembrar pastos, realizamos cerca eléctrica, compramos el termo de inseminación, colocamos pajillas de buena genética Brahman, fuimos a ferias, siempre íbamos a AgroExpo”, expresó la directora.

 

Fue conocido por su gusto por la ganadería siempre asistió a ferias ganaderas, recorría con su hija fincas en Montería en búsqueda de toros. El último toro que compró lo adquirió en la hacienda Maroso de Jaime Moroso de quien se hizo amigo, presentados por la directora, quien también adquirió un remate de Maroso, una vaca a la que le sacaron crías y que son toretes Brahman puros que hay hoy en día en la finca.

 

De los últimos 20 años hicimos una genética prácticamente de Brahman puro por cruce, aunque al final nunca nos afiliamos a la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Cebú (Asocebú), le vendemos toretes a gente de la región, digamos a pequeños ganaderos de cría de la región, empezaron a ir a la finca a buscar y a comprarnos toretes, y empezamos también a ser un ejemplo para los familiares de la región haciendo ensilaje de maíz”.

 

Álvarez hizo parte de una gira de México en la que quedó impresionado de los avances tecnológicos, los ranchos que vio y la cantidad de cabezas de ganado; de regreso a Colombia compartió su gran experiencia con familiares y otros ganaderos. A esta feria asistieron a raíz de que una de sus hijas vive allá. (Lea: La ganadería pierde a Ricardo Botero Maya)

 

El reconocido ganadero siempre se caracterizó por ser un ganadero culto, responsable con sus obligaciones, respetuoso, organizado, entre otras cualidades.

 

El legado del amor por la ganadería también fue inculcado a los 5 nietos que siempre quieren estar dentro de los corrales y en la finca realizando las labores ganaderas.

 

Algo para destacar es que Álvarez siempre enseñó a sus hijas el respeto por las personas, valorarlas independientemente de su condición económica.

 

“De niñas nos llevaba caminando o en cabello por potreros a visitar a los indígenas Zenu, personas que fueron quienes ayudaron también en la finca. Él fue muy respetuoso con sus empleados, siempre los valoró mucho, fue un gran jefe, siempre estaba pendiente de ellos. Esta zona que es de mucha pobreza, donde no había que comer, ni que vestir, mi padre siempre estaba al tanto de poderles llevarles cosas y eso nos enseñó”, dijo la directora.

 

El amor que sentía por la música, especial de la música clásica fue algo que también compartió con sus hijas. “Era un costeño raro, diferente, calmado, tímido, culto, supremamente inteligente, supo manejar las situaciones difíciles, fue una persona que nunca cantaba y aun cuando no pudo regresar a su finca por la enfermedad, nunca dejó de preguntar por esta y siempre le mostrábamos fotos, incluso 8 días antes de morir las vio atento”, manifestó su hija.

 

Un gran ganadero parte, dejando legados importantes para la ganadería y la vida. (Lea: La ganadería pierde a Ricardo Botero Maya)