El día sin carne, un Acuerdo que requiere un debate serio

Por: 
CONtexto ganadero
13 de Noviembre 2020
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El Acuerdo merece un estudio juicioso y un debate a la luz no sólo del cambio climático sino de su sustentabilidad en el plano económico y de los alcances de algunos conceptos que se introducen, especialmente para el sector ganadero. Foto: ilustración Contexto ganadero

La alerta que despertó el anuncio del día sin carne en Bogotá es sólo la punta de un iceberg que destapa un conjunto de reformas que pretende introducir el proyecto de Acuerdo Nº 256 de 2020, que se debate en el Concejo de Bogotá. 

 

Con el argumento de una emergencia climática se está promoviendo en el Consejo de Bogotá el proyecto de Acuerdo Nº 256 de 2020 “por el cual se declara la emergencia climática en Bogotá D.C., se reconoce esta emergencia como un asunto prioritario de gestión pública, se definen lineamientos para la adaptación, mitigación y resiliencia frente al cambio climático y se dictan otras disposiciones”. 

 

Por sus implicaciones, el Acuerdo merece un estudio juicioso y un debate a la luz no sólo del cambio climático sino de su sustentabilidad en el plano económico y de los alcances de algunos conceptos que se introducen, pues toca muchos sectores productivos y abre puertas a efectos no claramente establecidos. 

 

Sobre la base del tema del cambio climático señala que hay una emergencia y que es una “emergencia estructural”, que requiere de acciones urgentes en materia de mitigación y adaptación, por lo que es necesario ubicar el cambio climático como el centro de todas las decisiones, estrategias e instrumentos de planeación del territorio, que, si bien no se desconoce esta problemática, deja de lado otras aristas. 

 

Introduce conceptos como la ‘justicia ambiental’ –con una definición que puede catalogarse como ambigua– (“Es una de las formas de la justicia ambiental, que pretende un trato justo de todas las personas y países, así como evitar las discriminaciones que pueden conllevar determinadas decisiones y proyectos que pretenden tratar el problema del cambio climático”); así como el infaltable Enfoque de Derechos Humanos –pero sí ausencia de deberes–. (“Las acciones de las autoridades distritales deben garantizar el goce efectivo de los derechos, especialmente los derechos a la vida, a la integridad personal, a la salud, a la alimentación, al agua y a la vivienda digna y adecuada, con el fin de corregir las cargas diferenciadas, desproporcionadas y excepcionales generadas por el cambio climático).

 

También incluye el tema del enfoque de soberanía y seguridad alimentaria, en donde se habla de ‘modelos democráticos de uso del suelo’. Por esta vía empieza por ordenarle y darle mandatos al gobierno local de Bogotá, para que realice planes, estrategias y acciones.

 

Medidas que afectan a la ganadería

 

A este respecto vale la pena señalar algunos apartes que trae el proyecto de Acuerdo y que afecta directamente la actividad pecuaria no solo de Bogotá sino de todo el país. Veamos:

 

3.1.7. El Distrito Capital promoverá el consumo de productos de origen vegetal en todas las instituciones educativas y en las entidades oficiales. Para tal efecto, se incluirán en los menús alimenticios allí ofrecidos, opciones alimenticias alternativas a los productos de origen animal.

 

El Mandato Cinco, que hace referencia a la prevención y atención por riesgos en salud en cambio climático, señala que:

 

5.1.4. El Distrito Capital adoptará la celebración del “Día distrital sin consumo de carne” cada año, acogiendo recomendaciones hechas por el IPCC y la FAO.

 

Y el Mandato Ocho, que se centra en la Educación y participación para una nueva ética ambiental, promueve “acciones y procesos pedagógicos en la escuela y en la administración, de tal manera que se busquen transformar nuestras prácticas de consumo y nuestro cuidado y manejo frente a la naturaleza”. Señala que “todas las acciones, campañas y planes de pedagogía, educación y cultura ciudadana, deben propender por resignificar la relación entre los seres humanos, la naturaleza, y el entorno ambiental en general”. Para el cumplimiento de este mandato define, entre otras, la siguiente acción estratégica.

 

8.1.5. Teniendo en cuenta la autonomía de las Instituciones Educativas Distritales –IED-, el Distrito capital socializará la importancia de vincular en el desarrollo del currículo, contenidos relacionados con el impacto del sector pecuario (crianza de animales para consumo humano) en la crisis climática actual. Se hará especial énfasis en el impacto ambiental que tienen las actividades concernientes a la obtención de productos de origen animal, y sus efectos negativos, a saber: violencia contra los animales en la industria alimenticia, impactos negativos para la salud humana, inequidad en la distribución de recursos alimentarios y degradación ambiental.

 

Ausencia de un soporte científico

 

La ausencia de un soporte científico sobre los fundamentos de los mandatos caracteriza este Acuerdo. No hay una sola referencia sobre el cambio climático ni sobre los efectos de las medidas se promueven, y plantea otras que van contra el mismo sistema de mercado que promueve (Distrito Capital efectuará los ajustes normativos que se requieran, para asegurar y promover la producción de huertas orgánicas urbanas, la producción agroecológica en propiedad horizontal y las huertas comunitarias)

 

En el caso de la ganadería vale la pena señalar por ejemplo que, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, las principales fuentes de emisión de GEI en EE UU durante 2016 fueron la producción eléctrica (28% del total de emisiones), el transporte (28%) y la industria (22%). La agricultura y la ganadería representaron apenas un 9% de las emisiones, cifra a la que la ganadería contribuye con un irrisorio 3,9%. Los números demuestran que la ganadería no se puede comparar con el transporte en términos de contaminación. (cita del art ‘Sí, comer carne afecta al clima, pero las vacas no están matando el planeta’), en el que además se señala que La renuncia a los productos cárnicos no es la panacea para el medio ambiente y, llevada al extremo, puede producir consecuencias nutricionales negativas.

 

Concluye señalando que “La proyección del crecimiento poblacional a nivel mundial se sitúa en 9.800 millones de personas para el año 2050. Cómo alimentar a una cantidad tan desorbitada de habitantes supondrá un desafío brutal. Los nutrientes por ración de la carne superan a los de las opciones vegetarianas y los animales rumiantes crecen gracias a alimentos que no son comestibles para los humanos. La cría de ganado, además, supone unos ingresos económicos necesarios para los pequeños agricultores de países en vías de desarrollo: se estima que la ganadería es el sustento principal de mil millones de personas en todo el mundo.

 

Finalmente es preciso señalar la ausencia total del criterio de racionalidad económica. Un ejemplo que ilustra esa situación muy bien la viven los productores de papa, que atraviesan hoy una crisis de grandes proporciones por exceso de oferta y contracción de la demanda. Este proyecto de Acuerdo requiere más análisis y debate.