La genómica contribuye a mejorar parámetros productivos en el ganado lechero

Por: 
CONtexto ganadero
16 de Abril 2020
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El método más sustentable para combatir el estrés calórico es la selección genética con un consecuente efecto en lo productivo y lo reproductivo. Foto: bmeditores.mx - absglobal.com

Con la excepción de la transferencia embrionaria, las estrategias probadas para reducir los efectos negativos del estrés calórico en la reproducción bovina son limitadas.

 

Así lo indicó durante el 13° Simposio Internacional de Reproducción Animal, realizado en agosto de 2019 en Argentina, Peter J. Hansen, del Departamento de Ciencias Animales de la Universidad de Florida (http://www.iracbiogen.com/wp-content/uploads/2019/08/RESUMEN-final-seguro.pdf), quien señaló que la inseminación artificial a tiempo fijo puede minimizar el efecto del estrés calórico en la expresión de celo y mejorar la tasa de concepción en el pos parto.

 

Sin embargo, dijo, la incapacidad de mejorar la preñez por inseminación indica que ésta estrategia solamente revierte parte el problema. Aún no hay suficientes datos para recomendar la suplementación con caroteno o la administración de melatonina como métodos que mejoren la tasa de preñez por inseminación, pero los resultados actuales son promisorios. (Lea: ¿Qué tan rentable es la inseminación artificial en la ganadería?)

 

Quizás el método más sustentable para combatir el estrés calórico es la selección genética. Esto resultaría en vacas que resisten al calor no solo en cuanto a la fisiología reproductiva, sino también en cuanto a la producción de leche de las mismas. Otra ventaja es que esta capacidad seria heredada por las hijas, señaló.

 

La metodología más utilizada para seleccionar vacas resistentes al calor ha sido el cruzamiento genético. A pesar de ser una manera efectiva de lograr el avance, también puede introducir genes no deseados en la población.

 

Los avances en el área de la genómica deberán apuntar a permitir la selección genética por termotolerancia dentro de una misma raza que ya ha sido optimizada para la producción, y también permitir la introducción de nuevos genes específicos desde otras razas para conferir termotelerancia sin introducir genes no deseados. (Lea: ¿Sabe cómo se aplica la genómica en la ganadería?)

 

Manifestó el experto que el estrés calórico tiene dos consecuencias fundamentales para la fisiología de la vaca que resultan en una menor probabilidad de que se preñe.

 

En primer lugar, cambios en el comportamiento animal (por ejemplo: reducción en actividad física), concentraciones de estradiol 17β, que disminuyen las posibilidades de detectar a la vaca en celo. En un tambo de Florida, solamente se detectaron entre 18-24 % de los celos en los meses de verano, mientras que en meses con menores temperaturas se detectó entre 45-56 % de los celos con la misma metodología de la observación directa.

 

En segundo lugar, hay una disminución marcada de fertilidad. La taza de preñez por inseminación en el verano, en vacas en lactancia, puede ser tan baja como 10-20%. La reducción en fertilidad se debe a daños, tanto en el ovocito, como en el embrión. El ovocito puede resultar comprometido por estrés calórico a partir de los 105 días previos a la ovulación hasta el periodo peri-ovulatorio. El embrión en estadíos de desarrollo temprano también es sensible al estrés calórico pero se torna resistente rápidamente de manera tal que el estrés calórico reduce el desarrollo embrionario el día 1 después del celo, pero no el día 3. (Lea: Conozca la importancia del equilibrio entre la fertilidad y la productividad)

 

La estrategia generalmente utilizada para reducir los efectos de estrés calórico en rodeos lecheros, consiste en instalaciones que minimizan este efecto en las vacas. La incorporación de sombra, ventilación, y rociadores de agua han sido implementados por muchos tambos ubicados en zonas cálidas alrededor del mundo. A pesar de ser una herramienta útil, enfriar las vacas no es suficiente para prevenir la reducción reproductiva durante el estrés calórico.