Suplementación nutricional, clave en el balance energético en vacas lecheras

Por: 
CONtexto ganadero
01 de Septiembre 2021
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Durante el periodo de transición de las vacas la suplementación juega un papel importante para tener una rápida recuperación lo cual se traduce en mejores resultados. Foto: Fedegán

El objetivo de un sistema de lechería bovina, debe estar encaminado a que las vacas produzcan un alto volumen de leche por lactancia y queden gestantes en el menor tiempo posible después del parto, o que su dinámica reproductiva permita alcanzar un producto nacido vivo por año, de acuerdo con un trabajo investigativo de profesionales de la Universidad Nacional.

 

Los sistemas de bovinos lecheros en condiciones tropicales, basan su competitividad en el pastoreo y la adaptación fisiológica a las condiciones de estos sistemas.

 

La producción lechera demanda alta oferta de alimentos para cumplir con los requerimientos nutricionales de la misma. El periodo de transición está marcado por intensos cambios endocrinos y metabólicos, asociados a la disminución en la ingestión de alimentos y el balance energético de los tejidos, el cual es función del consumo y gasto de energía para mantenimiento corporal y para la síntesis de leche. (Lea: 3 aspectos a tener en cuenta en la elección de la suplementación bovina)

 

Un incremento en las necesidades de nutrientes en este periodo, asociado con la disminución del apetito puede generar en las vacas Balance Energético Negativo (BEN), el cual es a menudo observado entre la última semana de la gestación y los primeros dos meses posparto.

 

Para minimizar los efectos del BEN se han desarrollado estrategias alimenticias en las vacas en pastoreo durante el periodo del posparto temprano. Lo más usual es la suplementación con fuentes ricas en carbohidratos, pero éstos en altos volúmenes afectan la fermentación ruminal; igualmente, se han empleado diversas fuentes de lípidos como aceites de pescado, semillas de oleaginosas (algodón, girasol o soya), así como grasas de sobrepaso como las grasas hidrogenadas o jabones de calcio de ácidos grasos, señala el trabajo.

 

El incremento en la densidad energética de la dieta, favorece la producción láctea, previene desórdenes metabólicos, restaura la pérdida de condición corporal y mejora el desempeño reproductivo de la vaca. El suministro de energía para las vacas lecheras sin efectos negativos sobre la fermentación ruminal es una opción que parcialmente se logra con grasas de sobrepaso, esta adición se ha propuesto como una forma posible de disminuir la concentración de ácidos grasos libres y ayudar a prevenir la incidencia de cetosis.

 

Se considera que una mayor densidad energética puede también estimular el crecimiento de las papilas ruminales y así mejorar la absorción de los ácidos grasos volátiles, incrementando la insulina sanguínea y disminuyendo la movilización de ácidos grasos desde el tejido adiposo.

 

El trabajo consistió en estudiar opciones de suplementación nutricional durante el periodo de transición, para reducir el Balance Energético Negativo, para lo cual se emplearon 28 vacas adultas, en un sistema semi intensivo de producción de leche, ubicado en trópico bajo. (Lea: 5 consejos para elegir suplementos ideales para su hato ganadero)

 

Se formularon cuatro tratamientos: grupo control, grasa sobrepasante, nitrógeno no proteico encapsulado, y, monensina sódica (un antibiótico poliéter aislado que se usa extensamente en la alimentación de animales rumiantes).

 

Se analizaron hormonas y metabolitos relacionados con energía, proteína y minerales. Mediante ultrasonografía, se determinó la dinámica folicular y la presencia de cuerpo lúteo, igualmente se evaluaron indicadores reproductivos y producción de leche.

 

Al final dos de los cuatro tratamientos de la suplementación inciden directamente sobre el ambiente ruminal; el tratamiento con monensina mostró ventajas apreciables en la producción de leche y en la reducción de los días abiertos. La grasa sobrepasante, igualmente mejoró el comportamiento reproductivo con relación al grupo control, pero no superó al tratamiento con monensina.

 

La urea de liberación lenta afectó negativamente el comportamiento reproductivo, si bien, no hubo diferencias en las estructuras ováricas, el porcentaje de preñez en este tratamiento fue el menor de los cuatro. La monensina, mejoró la producción de leche estimada por lactancia, en este tratamiento se calcularon 700 kilos más que el grupo control.