La actividad forestal climáticamente inteligente

Por: 
CONtexto ganadero
27 de Diciembre 2018
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En las regiones boreales y tropicales, el cambio climático está haciendo que los bosques sean más susceptibles a factores adversos, señala la Fao en su publicación "agricultura climáticamente inteligente". Foto: eird.org
Los bosques y los árboles constituyen presencias de larga data en el paisaje y son esenciales para el bienestar de las comunidades urbanas y rurales. Actúan como amortiguadores contra perturbaciones y proporcionan los servicios ecosistémicos que sustentan la producción agrícola.
 
Más de la cuarta parte de la población mundial depende de los bosques y los árboles fuera del bosque para obtener su sustento. Dependen de ellos directamente, a través del consumo y la venta de alimentos, medicinas y combustibles vegetales, e indirectamente, a través del empleo relacionado con el ámbito forestal, la prestación de servicios ecosistémicos y la domesticación de alimentos derivados de los bosques.
 
Protegen los recursos hídricos y de suelos, favorecen la evolución de los suelos e incrementan su fertilidad, regulan el clima y ofrecen hábitats para polinizadores salvajes y predadores de plagas agrícolas. Los humedales boscosos y los manglares ayudan a proteger las zonas costeras de las inundaciones, lo que contribuye a estabilizar la producción de alimentos en las tierras costeras vulnerables.
 
Los bosques desempeñan asimismo una función central en la pesca costera y fluvial. Los bosques de montaña protegen los valiosos puntos de captación hídrica, garantizando que las comunidades y los terrenos agrícolas aguas abajo reciban un caudal uniforme de agua de gran calidad.
 
Interacciones entre el cambio climático y los bosques
 
La temperatura del aire, la radiación solar, las precipitaciones y las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera son motores principales de la productividad de los bosques y la dinámica forestal.
 
A su vez, los bosques ayudan a controlar el clima extrayendo grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera y actuando como sumideros de carbono que almacenan el carbono en el suelo y la biomasa.
 
También son una fuente de emisiones de dióxido de carbono, dado que liberan dióxido de carbono en la atmósfera a través de la respiración.
 
La vegetación de los bosques y los suelos contiene alrededor de la mitad del carbono terrestre del planeta. Sin embargo, los ecosistemas terrestres tienen el potencial de fijar mucho más dióxido de carbono de lo que hacen en la actualidad.
 
La deforestación y la degradación de los bosques representan aproximadamente el 17 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
 
El cambio climático y la mayor variabilidad del clima tienen efectos tanto directos como indirectos en los bosques y las poblaciones que de ellos dependen.
 
En las regiones boreales y tropicales, el cambio climático está haciendo que los bosques sean más susceptibles a factores adversos.
 
La reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal, así como la función de la conservación, la gestión sostenible de los bosques y el incremento de las existencias forestales de carbono (lo cual se conoce como REDD+) desempeñarán una función central a la hora de adoptar medidas a nivel mundial para combatir el cambio climático.
 
En el Acuerdo de París, los países acordaron conservar y aumentar los sumideros y reservorios de gases de efecto invernadero, incluidos los bosques. Muchos países asumieron compromisos concretos para llevar adelante iniciativas relacionadas con los bosques en sus contribuciones determinadas a nivel nacional en virtud del Acuerdo de París.