Agricultura protegida, nueva forma de trabajar con menos impacto del clima

Por: 
CONtexto ganadero
28 de Junio 2022
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La agricultura protegida tiene menor impacto del clima
La agricultura protegida tiene menor impacto del clima, por lo tanto genera productividad más elevada y constante. Foto: facebook.com/agrofitoymas

Hablar de la agricultura protegida puede ser muy nuevo para los productores, sobre todo, las implicaciones que esta práctica tiene en el cambio climático, llegando a minimizar su impacto. Conozca más detalles.

 

La agricultura protegida disminuye el impacto de las condiciones adversas del clima cuidando los cultivos con túneles, mallas o invernaderos, lo que supone un ahorro energético de agua y fertilizantes. El portal BBVA explica un ejemplo en la Zona bananera de Colombia, en donde bajo una malla de 600 m2 crecen tomates, cebollas de bulbo, lechugas y zanahorias. 

 

El proyecto, desarrollado por la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), estudia el comportamiento de ocho especies de hortalizas locales bajo condiciones de altas temperaturas, prácticamente constantes en el litoral caribeño de Colombia. (Lea: La agricultura y la ganadería ecológica mejoran la biodiversidad)

 

En este trabajo se quiso analizar la viabilidad del cultivo en dos estructuras de protección (invernaderos y casas de malla) en una región que se caracteriza por una producción tradicional en campo abierto, expuesta a temperaturas altas, sequías prolongadas e inundaciones, y poco tecnificada.

 

Joel Hernández, presidente de la Sociedad Mexicana de Especialistas en Agricultura Protegida (SMEAP) expone que “ha habido un gran avance en América Latina, pero e el resto de la región la industria está bastante más regazada que en México. De hecho, hasta el momento no existen datos sólidos oficiales al respecto de América Latina”. Agrega que en México tienen ahora mismo una superficie superior a las 48.000 hectáreas de agricultura protegida, diversificadas en varios cultivos.

 

Este tipo de prácticas nacen del afán de la sociedad y agricultores de producir con un menor impacto en el planeta, sumándole la apuesta de las entidades financieras para impulsar la sostenibilidad del sector.

 

Por ejemplo, en México se están financiando proyectos vinculados a la agricultura protegida. Estas iniciativas financiadas se caracterizan por el uso eficiente del agua, las buenas prácticas agrícolas dotadas con certificaciones internaciones, así como el bajo o nulo uso de pesticidas.

 

Es por eso que hay que tener claro que bajo el término de agricultura protegida se engloba una serie de técnicas de cultivo que controlan total o parcialmente el microclima que rodea al cuerpo de la planta de acuerdo con las necesidades de la especie durante su periodo de crecimiento.

 

El objetivo de esta práctica es mejorar la productividad de los cultivos y reducir el gasto en agua y productos fitosanitarios mediante la gestión de las condiciones ambientales de la explotación. (Lea: Datos que obligan a pensar sobre agricultura sostenible y biodiversidad)

 

Hernández dice que “en México, la agricultura está protegida, principalmente, por diferentes estructuras como invernaderos, casas sombra o mallas y macrotúneles. Por ejemplo, estos últimos son estructuras en arco con una cubierta plástica, sin protección en las partes laterales. Solo están diseñados para proteger los cultivos de las condiciones climáticas externas.

 

Además de las estructuras de protección, este tipo de agricultura puede ser desarrollada sobre el suelo o en hidroponía, un sistema en el que las raíces de las plantas son irrigadas con una solución de elementos nutritivos esenciales y el suelo es sustituido por un sustrato inerte.

 

En ese orden de ideas, las ventajas de la agricultura protegida son las siguientes:

 

- Productividad más elevada y constante.

 

- Mayor eficiencia en el uso de la tierra, el agua, los fertilizantes, los pesticidas, la mano de obra y energía.

 

- Capacidad para satisfacer la demanda de manera rentable durante los meses más fríos en los que la producción en campo abierto se paraliza en algunos países.

 

- Mejor control de las condiciones sanitarias y fitosanitarias para cumplir con los requisitos del mercad y reducir los daños a los cultivos.

 

- Reducción de la vulnerabilidad y del riesgo asociado a condiciones meteorológicas adversas que afectan negativamente a los cultivos y la calidad del producto.

 

- Mayor capacidad para responder a los requisitos cada vez más exigente de los consumidores con respecto al uso de pesticidas, condiciones sanitarias y protección de los trabajadores.