Carros lecheros, entre la tradición y la informalidad

Por: 
Sully Santos
26 de Mayo 2014
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carros lecheros Colombia
Edwin Ruiz Torres, antiqueño que vende leche desde su camioneta adaptada con un tanque de frío para conservar el lácteo. Foto: Suministrada.
A pesar de los esfuerzos que desde la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, se han hecho para acabar con la informalidad del sector lácteo, hoy en día todavía se movilizan por los caminos del país personas que se dedican al acopio de leche, una actividad reconocida como tradicional para quienes hacen parte del sector rural, pero a la que se le busca poner freno desde la gremialidad.
 
Merardo Cárdenas, nació en Zipaquirá, Cundinamarca; Germán Pastas, en Ipiales, Nariño; y Edwin Ruiz Torres, en Yarumal, Antioquia. Todas zonas productoras de leche colombianas que vieron crecer a estos 3 hombres con algo en común: tener un carro lechero.
 
Los vehículos lecheros, aquellos que se movilizan por zonas rurales y urbanas del país, conducidos por campesinos comercializadores del lácteo, son una tradición en Colombia.
 
Son carros, motos o camiones que paran de finca en finca para que sus conductores compren la leche que luego venderán en tiendas o a plantas procesadoras. De ahí que a los buses urbanos en el país les digan “lecheros”, en este caso por parar en cada esquina a recoger y dejar pasajeros. 
 
Merardo, de 32 años, se levanta a las 4:30 de la mañana, luego se baña, viste y desayuna. A las 5:30 comienza su recorrido por las fincas en las que compra la leche que llevará a la planta procesadora La Arboleda. (Lea: Ganadería doble propósito Vs. lechería especializada)
 
Cinco horas después tiene los 300 litros que le caben al tanque que carga en su camioneta y por los que recibe $240 mil. En promedio recibe $800 por litro de leche. 
 
Merardo se dirige a la Arboleda a entregar el lácteo. Allí se sienta a esperar durante 2 horas la evaluación del producto que ha llegado en un tanque de frío, como “me lo exigió el ICA”, dice Merardo, una de las personas con más tradición en este oficio en Zipaquirá. “Ya son 10 años”, exclama el lechero que gana tan solo $50 por litro de leche vendido.
 
El zipaquireño hace 5 años conduce una turbo en la que carga el tanque de frío de leche, requisito para poder comercializar el lácteo y al que se hizo con esfuerzo tras solicitar un préstamo.
 
 “Lo pedí hace 5 años y ya he cumplido 3 del crédito”, afirma este hombre que desde niño conoce el olor de la leche fresca, la cual le ha dado de comer durante 10 años, a él, sus 2 hijas y esposa.
 
En zonas montañosas de Pasto, lejos de Zipaquirá, se encuentra Germán. Un campesino de 40 años que a las 6 de la mañana sale en su motocicleta a la finca de un ganadero que le vende la leche que luego comercializa en Ipiales.
 
En la cantina que amarra con cuidado en la parte trasera del automotor, van 300 litros de leche. Allí, igual que Merardo, paga $800 por litro y posteriormente vende a 850 o $900. (Lea: Latinoamérica se convertirá en el segundo mayor de lácteos líquidos)
 
“Deme 12 litros”, le dice un comprador a Germán, lechero que desempeña el oficio con 40 campesinos reconocidos en la región por ofrecer un producto de calidad.
 
 “La cantina se lava con jabón industrial, la leche se cierne con un filtro, y siempre la controlan en la Secretaría de Salud de la Alcaldía, por el tema de saneamiento”, explica.
 
Germán termina de repartir la leche a la 1 de la tarde. Al día siguiente vuelve a cumplir la misma rutina. Así, ya ha pasado 17 años.  
 
 
Edwin Ruiz, ganadero innovador de la región antioqueña de Yarumal, adaptó el platón de su camioneta blanca para un tanque de acero inoxidable con grifos, en el que conserva la leche fresca a una temperatura entre los 4 y 5 grados centígrados.
 
Su ocurrencia resultó en 2012 de querer comercializar la mejor leche en la región paisa. A diferencia de Merindo y Germán, el antioqueño, junto con uno de sus trabajadores, ordeña 2 veces al día sus 15 vacas, almacena la leche en un tanque que tiene en su finca a 2 grados centígrados y luego pasa 400 litros a su tanque móvil. 
 
 “La leche primero se agita y mantiene en frío, luego la subo a la camioneta en otro tanque”, describe.
 
La comodidad de la camioneta le facilita transitar por la zona urbana de Yarumal, desde las 6 de la mañana hasta el mediodía, tiempo durante el cual, ofrece la leche a sus más de 140 clientes.
 
"Buenos días Edwin", escucha todas las mañanas, mientras reparte el lácteo.
 
Edwin señala que visita a sus clientes lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. “Trabajo todos los días”. (Lea: Fecha de vencimiento en lácteos, un asunto de cuidado)
 
La elección de comercializar el lácteo directamente a tenderos y familias se debe, afirma el antioqueño, a que es un negocio más rentable, porque las “plantas tienen el monopolio del negocio y pagan a bajo precio y si la venden cara en las tiendas”.
 
El ganadero antioqueño tuvo años atrás un moto carro. ¿Sabe lo que es? Pregunta y responde en seguida: “era incomodo tenerla. Con la camioneta es más fácil repartir la leche. Llevo 2 años con ella”.
 
Los 3 campesinos seguirán en el negocio de tener un vehículo que los lleve por vías destapadas, montañosas o pavimentadas para cumplir con el cometido de comercializar el lácteo en las zonas que los vio nacer, hasta que sus pies se los permitan. 
 
Colombia produce al año más de 6.000 millones de litros de leche, de acuerdo a datos de la oficina de Planeación de la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán.
 
Según afirmó la Asociación Colombiana de Procesadores de Leche, Asoleche, la industria compró a ganaderos del país 3.108 millones de litros de leche en 2013, es decir, 7.11 % más que en 2012.  
 
En el Gobierno anterior se trató de formalizar a todos los que como ellos trabajan informalmente en este tipo de actividades, ley que la actual administración derogó y que hoy en día hace que se sigan viendo en las carreteras del país a personas que evaden el pago de la cuota de fomento, que no pueden garantizar las condiciones del líquido que transportan y que más allá de representar una tradición hacen parte de la informalidad que tanto daño le hace al país.