Un recorrido por los 110 años de la talabartería y marroquinería Mesacé

Por: 
Pedro Fonseca
21 de Julio 2020
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A lo largo de un siglo y una década, Mesacé se transformó de un pequeño taller a una gran fábrica dedicada a la producción de sillas de montar, entre muchos otros artículos de cuero. Foto: Mesacé

Desde hace 110 años, esta empresa se dedica a los artes de la talabartería y marroquinería, con la confección de sillas de montar 100 % colombianas, tanto en sus materiales como su mano de obra, así como de otros elementos indispensables para el trabajo en el campo.

 

Como está consignado en el portal de la compañía, la historia de Mesacé se remonta al año 1910, cuando Antonio Jesús Mesa Caballero inició actividades en un pequeño taller en el municipio de Jericó (Antioquia).

 

Nació el 24 de septiembre de 1886 como el primer hijo de Félix Antonio Mesa y Elisa Caballero Jaramillo. A los 4 años murió su padre, y al ser el primogénito, tuvo que buscar el sustento económico para su madre, doña Elisa Caballero Jaramillo, y sus seis hermanos.

 

En aquella época, el cuero y el café eran los dos actividades más grandes a las que se dedicaban los habitantes de Jericó. Don Antonio Jesús conoció el oficio de la talabartería, y aprendió a trabajar el cuero en lugar de ir a la escuela, por el cual desarrolló una gran pasión.

 

“Mi papá se preocupaba mucho por la calidad de los artículos, porque él sabía hacerlos con sus propias manos. Por ejemplo, los tejidos de los aperos de cabeza, no había quién le ganara a él”, cuenta Octavio Mesa Tamayo para la serie ‘100 empresarios’ de Cámara de Comercio de Medellín.

 

Antes de cumplir los 24 años, fundó su propio taller “Talabartería de A. Jesús Mesa C.”, con dos operarios y una marca con la cual empezaron a identificarse la calidad de sus productos. (Lea: ¿Por qué se destacan las monturas fabricadas por Mesacé?)

 

En 1916, se trasladó a Medellín, pero ante la falta de transporte público, se veía obligado a llevar a pie desde Jericó los materiales necesarios para su arte, y luego desde el barrio Robledo transportaba los productos terminados para venderlos en los almacenes de la ciudad.

 

Cinco años después, un grave incendio arrasó las instalaciones del taller. Sus dos hijos mayores con su primera esposa Josefina Yepes, Gilberto y Antonio León, dejaron la primaria para ayudar con la reconstrucción y continuar con el emprendimiento de su padre.

 

En aquel entonces, sus productos comenzaron a ser reconocidos en las exhibiciones equinas y, con el paso de los años, el pequeño taller de Jericó apenas podía con la creciente demanda de los trabajadores del campo que admiraban la calidad de las sillas y demás artículos.

 

“(Los hermanos) empezaron a trabajar en la empresa y se fueron repartiendo la actividad, siempre Gilberto pensando en la parte comercial y Antonio, mi papá, pensando en la parte industrial, todo bajo la dirección del abuelo”, dice Alberto Mesa Zapata, nieto de don Antonio Mesa.

 

Su relato lo hizo en la misma serie de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, donde agregó: “Cuando la empresa empezó a tener almacenes, Gilberto era el que manejaba los almacenes”. (Lea: Adquiera una silla de montar en el mes del padre y reciba estos regalos)

 

 

La creación de la marca Mesacé

 

Con el propósito de integrar a sus dos hijos mayores, don Antonio fundó una nueva sociedad en 1943 y bautizó a la empresa con la marca simplificada “Manufacturas Mesacé” cuando los dos hermanos como socios industriales de la empresa.

 

En ese momento, el objetivo de Mesacé era la manufacturación, confección, distribución y enajenación de artículos de cuero con sus correspondientes accesorios. El taller contaba con 18 empleados que eran instruidos para entregar la misma calidad que caracterizaba a don Antonio Jesús.

 

Los productos los marcaba A. Jesús Mesa C., Mesa Caballero. La gente los empezó a llamar los productos de Mesacé. Cuando él consolidó la empresa y la institucionalizó en el año 46, la puso Mesacé”, añade el nieto Alberto.

 

La vida de don Antonio Jesús estuvo marcada por momentos muy dolorosos: además de su precoz entrada a la vida laboral y el incendio de su taller, su primera esposa, Josefina Yepes Jaramillo, así como la segunda, Eugenia Tamayo Restrepo.

 

Con su tercera esposa, doña Delfina Gómez Quintero, pudo formar un hogar con sus demás hijos: Lucía Teresa, Ligia, Silvia, Luis Fernando, María Eugenia, Juan Guillermo y Octavio. (Lea: Compre una silla de montar al mismo costo del año pasado gracias a TVGAN)

 

 

Continuando el legado

 

Según su sobrino, Gilberto Mesa Yepes tuvo que renunciar a su sueño de viajar a Cuba por instrucción de su padre, quien lo mandó a Barranquilla porque “allá estaba la plata”, y abrió el almacén Medellín donde vendía los artículos de Mesacé.

 

Mientras que la capital del Atlántico fue el lugar donde Gilberto diversificó la comercialización, en compañía de su esposa Carmen Cepeda con quien se casó en enero de 1943, en Antioquia aumentaron la producción, por lo cual inauguraron nueva planta en Itagüí en 1954.

 

Cinco años después, llegaría nuevamente la tragedia a la familia Mesa, convirtiendo a 1959 como uno de los más dolorosos con tres grandes pérdidas: los fallecimientos de don Antonio Jesús en junio, así como de su hijo Antonio y de Germán Patín, administrador de la fábrica, en septiembre.

 

A pesar de estos duros golpes, don Gilberto no se amilanó y tomó las riendas de la compañía, como indicó su sobrino: “En el año 59, cuando falleció mi abuelo y mi papá en septiembre, a él le tocó asumir la dirección global en la parte industrial y en la parte comercial”.

 

De este modo, emprendió la tarea de modernizar la empresa y visualizó un mercado más allá de las fronteras colombianas, por lo cual en sus viajes renovó la maquinaria. En 1964, Mesacé lanzó línea de viaje con maletas y bolsos en cuero, que fue renovando en años posteriores.

 

La calidad de sus artículos adquirió reconocimiento a nivel nacional, y en 1976 se hicieron merecedores de un trofeo en exhibiciones de alto nivel como la Feria de Cali. Sin embargo, la tragedia volvió a llegar con un segundo incendio el 13 de diciembre de 1977.

 

Ante esta tragedia, don Gilberto volvió a recurrir al optimismo de proveedores y empleados, así como lo hizo su padre 55 años atrás, para levantar nuevamente a la compañía. (Lea: ¿Conoce usted los distintos tipos de cuero? Hay varias categorías)

 

A él le debemos mucho, no solamente en la parte empresarial sino también en la familiar, porque fue el papá que le tocó asumir las riendas de la empresa y de la familia”, revela Alberto. Así siguió don Gilberto sus días hasta su fallecimiento en diciembre de 1986.

 

 

La llegada al siglo XIX

 

Mesacé continuó funcionando bajo la dirección de la tercera generación, pero en 2010, al acercarse a la celebración de su centenario, la firma no atravesaba su mejor momento por la crisis económica, aunque no desfallecía en su esfuerzo de satisfacer el mercado de cuero.

 

Alberto Mesa Zapata era gerente cuando la empresa celebró su aniversario número 100 con la colección denominada “Inspirarte Mesacé 1910”, con el objetivo de seguir conquistando países como Estados Unidos, Ecuador, Puerto Rico, República Dominicana y Panamá.

 

Para esta época, la empresa contaba con 180 personas vinculadas directamente y también trabajaba con otras empresas de las comunas de Medellín de manera indirecta. Al año siguiente, la nómina se redujo a 80, y para 2012 eran 28 talabarteros y artesanos.

 

Por ese motivo, en sus 102 años, Mesacé fue vendida a nuevos accionistas, que se dieron a la tarea de optimizar el portafolio de productos y de adelgazar los costos operativos, como lo mencionó La República en un artículo referente a esta operación.

 

El grupo de inversionistas estaba compuesto por el nuevo gerente, Felipe González Sanín, junto con su padre Sergio González, exgerente de Prebel; Juan David Soto, exgerente de Somex, y “un amigo ganadero y finquero”. (Lea: Industria del cuero atraviesa momentos difíciles)

 

Convencido de la trayectoria de la compañía y la fortaleza de la marca, González Sanín, un ingeniero mecánico de la UPB con un MBA de la Universidad de Oxford, apostó por consolidar el estatus icónico de Mesacé en la manufactura de productos de cuero.

 

En los últimos ocho años, los nuevos propietarios le han apostado a la innovación y la calidad en las diferentes líneas de negocios: Marroquinería (artículos de cuero para uso personal), Equina (sillas de montar y otros accesorios para la caballería) e Institucional (maletines e implementos para ejecutivos).

 

En primer lugar, se concentraron en el almacén propio, el de ventas de fábrica, en la Avenida Guayabal. En 2015, trasladaron la fábrica, fortaleciendo la producción de sillas de montar con materiales más livianos, diseños totalmente novedosos y procesos de tecnología renovada.

 

Hoy en día, su fábrica de producción cuenta con 65 personas que, bajo las buenas prácticas y alta calidad aprendidas por los descendiente de Jesús Mesa Caballero, trabajan como verdaderos artesanos de la talabartería.

 

Los productos que confeccionan son exportados a 11 países y la marca cuenta con un gran reconocimiento nacional e internacional, tanto por su calidad como por la tradición de 110 años en el mercado como pionera en el trabajo del cuero.

 

Tal como lo declaró a CONtexto ganadero, González defiende la calidad de su empresa porque “nuestros productos son herramientas para la finca, nuestras monturas de vaquería están diseñadas para ser funcionales y durables, como cualquier otro equipo del campo”.

 

En su portal web, Mesacé se enorgullece de ser colombiano, antioqueño y jericuano: “En cada jornada de trabajo se honra la confianza de quienes prefieren sus productos, siendo leales a sus expectativas y con el compromiso de dignificar la memoria de sus pujantes fundadores empresarios antioqueños”.