Recuperación del empleo rural tras la pandemia es más lento que en las ciudades

Por: 
CONtexto ganadero
01 de Julio 2021
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El sector rural no ha sido ajeno al problema del desempleo derivado de la pandemia y las personas más afectadas han sido las mujeres y los jóvenes, según un estudio. Foto: minagricultura.gov.co

Al inicio de la pandemia por la COVID-19, algunos actores consideraban que el mundo rural tenía mayor resiliencia que el urbano para enfrentar las consecuencias del confinamiento. Sin embargo, los resultados del mercado laboral rural han mostrado lo contrario.

 

La pandemia por la Covid-19 dejó graves consecuencias en el empleo rural, principalmente en las condiciones laborales de las mujeres y jóvenes rurales, según el estudio “Una mirada al mercado laboral rural colombiano y un acercamiento a los posibles efectos de la pandemia”, de la Universidad de Los Andes y Rimisp Colombia.

 

El análisis muestra que, para el período entre marzo y julio de 2020, en el promedio mensual hubo una pérdida de 578.705 empleos en el mundo rural, y que mientras abril fue el mes con peor desempeño para el agregado nacional, en las zonas rurales el mes de más bajo nivel de empleo fue mayo. (Lea: Desempleo, la mayor amenaza sobre la demanda de alimentos)

 

Lo que muestra el estudio es que los efectos de la pandemia sobre el empleo rural se dan manera rezagada, lo cual se podría explicar por una recomposición del empleo, por la entrada de miembros del hogar a la fuerza laboral, por los efectos rezagados de choques de demanda en toda la economía y porque las decisiones de siembra se tomaron antes de que se percibiera una reducción de la demanda, señala el estudio.

 

Precisamente en las cifras del mercado laboral entregadas este martes por el Dane muestran que la tasa de desempleo en los centros poblados y rural disperso en el trimestre móvil marzo - mayo 2021 fue 9,1 % mientras en el mismo periodo de 2020 fue de 10,1 %. La tasa de ocupación fue 49,7 %, lo que significó un aumento de 3,1 puntos porcentuales frente al mismo trimestre móvil de 2020 (46,6 %).

 

En mayo la población ocupada en centros poblados y rural disperso fue de 4.359.000, en el mismo mes de 2020 fue de 3.967.000 y en 2019 de 4.851.000, mientras que la población desocupada fue de 503.000 este año frente a 495.000 de un año atrás y 329.000 en 2019.

 

En el caso de los hombres la desocupación pasó de 299 mil a 270 mil y en mujeres de 196 mil a 233 mil.

 

En el trimestre marzo-mayo la población ocupada llegó a 4.094.000 y en el mismo periodo de 2020 ascendió a 4.400.000 y la desocupada de 459.000 a 441.000. (Lea: Urge plan para frenar el desempleo en el campo: Acosemillas)

 

De acuerdo con el informe de la Universidad de Los Andes y Rimisp Colombia, se evidencia que las mujeres y los jóvenes son poblaciones que han estado histórica y estructuralmente excluidas en el mundo rural, situación que exacerban los efectos de la crisis de la COVID-19. En particular, se encuentra que las pérdidas de empleo producidas por las medidas de confinamiento afectaron más a las mujeres en actividades no agropecuarias, tanto para el empleo informal como el formal. En cuanto a los jóvenes, resultaron más afectados en actividades informales y agrícolas.

 

Por otro lado, cálculos de escenarios de acuerdo a parámetros de interés indican que, en 2021, el desempleo podría aumentar entre 2,4 y 5,24 p.p. con respecto a los resultados del 2019, la tasa de ocupación caería entre 5,75 a 10,06 p.p. y la tasa de inactividad podría crecer entre 4,91 y 8,1 p.p., de acuerdo con el informe de Los Andes.

 

Para mitigar estos posibles resultados, las recomendaciones de política proponen una serie de medidas que buscan abordar tanto las características estructurales del mercado laboral rural, como los efectos de la crisis de la COVID-19 que podría acentuar aún más las brechas rurales. De esta manera, en términos de medidas de choque, se propone evaluar la posibilidad de tener una cobertura específica en las zonas rurales de los instrumentos de renta básica, como el ingreso solidario, y focalizarlos en las mujeres cabeza de familia y hogares con presencia de jóvenes.

 

Otra recomendación es la diversificación de las actividades rurales, más allá de la agricultura, como una ventana de oportunidad para las mujeres y los jóvenes al mismo tiempo que invita a reconocer el trabajo no remunerado y tomar acciones que permitan la protección de los trabajadores que se encuentran en esta condición. Finalmente, se recomienda el aprovechamiento de los vínculos urbano – rurales para la dinamización del mercado laboral.