Bioseguridad en fincas prevendría abortos en vacas lecheras

Por: 
Agencia de Noticias UN
08 de Abril 2021
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En los hatos libres de brucelosis bovina, donde se está vacunando, se comportaron como factor protector contra la pérdida gestacional. Foto: Grupo Reproducción Animal y Salud de Hato - UNAL.

El estudio epidemiológico, que sería el más grande realizado en el país asociado a los abortos en este tipo de ganado, estableció que aquellos que más influyen en la pérdida gestacional son la bioseguridad.

 

“En desarrollo de esta investigación se hizo el seguimiento durante todo un año a 7.579 animales, pero como en el mismo año algunas vacas que parieron o abortaron volvieron a quedar preñadas, se hizo seguimiento a un total de 10.873 gestaciones”, señaló la médica veterinaria zootecnista Esperanza Polanía Pardo, magíster en Salud Animal de la Universidad Nacional sede Bogotá. (Lea: Para tener bioseguridad en la finca, conozca cómo debe ser el acceso del personal)

 

Los miles de bovinos estuvieron distribuidos en 99 hatos de las zonas lecheras de tres regiones del país: Antioquia, altiplano cundiboyacense y Nariño.

 

Es importante mencionar que la pérdida gestacional bovina (PGB) es uno de los problemas que causa más afectación económica en los hatos de todo el mundo. Diferentes reportes indican que por cada gestación que fracasa se presenta una pérdida económica de unos USD 550, y un impacto anual cercano a los USD 200 millones. Estas pérdidas, sin embargo, no han sido cuantificadas en Colombia.

 

Lo anterior involucra la producción de leche que se esperaba del animal, las crías dejadas de recibir, la alimentación de un animal que no está produciendo y los medicamentos que se utilizan, entre otros factores. (Lea: ¿Puede aplicar los sistemas HACCP en la bioseguridad de su finca?)

 

Participación voluntaria

 

Para esta investigación se realizó una convocatoria a la que los ganaderos se postularon voluntariamente. Las fincas seleccionadas fueron aquellas que llevaban un registro –manual o electrónico– riguroso del día a día de los animales: cuándo fue servido, cuándo se confirmó la gestación, entre otros momentos relevantes.

 

Después de seleccionar los predios se hizo un seguimiento en tiempo real a los animales en el que, mes a mes, se colectaba información de las variables priorizadas. A partir de estos datos se calcularon indicadores de prevalencia e incidencia, siendo esta última una medida muy importante y poco usada por el costo y el seguimiento que implica.

 

“La mayoría de los estudios hechos en el país son muy puntuales, de prevalencia: es como si se tomara una foto; mientras que la incidencia es una mejor medida de enfermedad por ser más dinámica y permite analizar lo que está pasando en el hato (como el video completo)”, explica la investigadora Polanía. (Lea: Aprenda sobre bioseguridad en fincas y cómo prevenir el coronavirus)

 

Al medir todo un año, se observó el comportamiento del fenómeno de las pérdidas mes a mes: cuándo se incrementó, si se redujo o si se mantuvo estable. Es la primera vez que se mide en el país la tasa de incidencia de PGB, en las tres regiones de lechería especializada.

 

Este fue uno de los grandes aportes del estudio, pues dicha tasa permitió observar las diferencias para cada una de las regiones, aunque acumulando se puede decir que por cada 100 animales en riesgo de PGB, se presentan alrededor de 22,8 abortos al mes.

 

Indicadores de riesgo

 

Para identificar los factores que podrían estar asociados con la ocurrencia de pérdidas de gestación (variables de estudio), se hizo una encuesta inicial para analizar aspectos relacionados con el hato y con los animales: qué estaban comiendo, qué tipo de alojamiento tenían, cómo era la bioseguridad del hato, abonos de las praderas, entre otros. (Lea: 8 medidas de bioseguridad en el predio)

 

Se destacaron 22 factores candidatos (que podían estar asociados con la problemática) y después se aplicó un análisis multivariado que permitió conocer cuáles eran los más relacionados.

 

La investigadora destaca la importancia de tener una finca protegida: comprar animales en sitios de confianza, reducir la entrada y la salida de estos y, muy importante, ser conscientes de que muchas veces el ganadero es el mismo que lleva las infecciones al hato, pues asiste a ferias y a otros hatos y no se desinfecta cuando vuelve a su finca.

 

“Lo que estamos haciendo ahora con la COVID-19, porque sabemos que podemos traer el germen de la calle, es lo que deberíamos hacer siempre: cuidar la bioseguridad. Si la pandemia nos dejara esa enseñanza para las fincas, ya sería una enorme ganancia”, puntualiza la investigadora. (Lea: Buenas Prácticas de Bioseguridad – BPB para bovinos)

 

Este trabajo formó parte de las investigaciones que adelanta el grupo de investigación Reproducción Animal y Salud de Hato de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia (UNAL Sede Bogotá), liderado por los profesores Jorge Luis Zambrano Varón (director de esta tesis), Claudia Jiménez Escobar (codirectora) y Harvey Lozano Márquez. Dichas investigaciones buscan estudiar la epidemiología y la dinámica de las enfermedades que afectan la eficiencia reproductiva en bovinos.

 

Fuente: Agencia de Noticias UN.