Así se puede lograr una fertilización natural de la pastura

Por: 
CONtexto ganadero
22 de Febrero 2021
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La inoculación de las leguminosas ayuda a que estas fijen nitrógeno, con lo cual el productor se ahorra costos en fertilizantes nitrogenados. Foto: agritotal.com

Para un mejor desarrollo de estas plantas, se ha desarrollado una tecnología que consiste en incorporar bacterias a la semilla, específicamente rizobios altamente eficientes pero inefectivos, que ayudan en la fijación del nitrógeno atmosférico en las raíces.

 

De acuerdo con el INIA de Uruguay, todas las leguminosas se deben inocular para conseguir que las bacterias del género Rhizobium se incorporen a las plantas, formando nódulos en sus raíces que fijan nitrógeno y lo utilizan para su propio crecimiento.

 

Luego es aprovechado por las gramíneas asociadas en la pastura y luego se libera al suelo. A través de este proceso biológico, se logra una fertilización natural de la pastura, reduciendo el uso de fertilizantes químicos, con el consecuente ahorro y disminución del impacto ambiental.

 

Por su parte, Álvaro Rincón Castillo y Samuel Caicedo Guerrero, investigadores de Agrosavia, explicaron que la simbiosis entre bacterias y leguminosas ofrece grandes beneficios. (Lea: Hallazgo para mejorar los cultivos de leguminosas y aumentar su productividad)

 

En primer lugar, la misma planta que aprovecha el nitrógeno transformado por las bacterias, en tanto que el ganado que consume un forraje de mejor calidad y, finalmente, el ganadero no tiene que invertir en fertilizantes nitrogenados, reduciendo los costos de producción.

 

La efectividad de la población de rizobios nativos depende de su abundancia, especificidad, diversidad, competitividad y tolerancia a las condiciones ambientales. La inoculación busca modificar la efectividad de las cepas nativas mediante la introducción de una seleccionada.

 

En algunos casos la leguminosa responde a la inoculación y en otros crece bien sin esta. En ocasiones la población nativa de rizobios es completamente inefectiva y la ausencia de inoculación puede resultar en una falla total en el establecimiento de la leguminosa.

 

En este sentido, Puente, García y Perticari (2011) de los laboratorios BPCV del INTA en Argentina señalaron que las cepas más eficientes son aquellas que tienen mayor cantidad de nódulos medianos y grandes, arracimados y/o palmados siendo rojos en su interior y ubicados en raíz primaria.

 

En cambio, los menos eficientes tienen nódulos más pequeños, ubicados en raíces secundarias y tienden a paralizar la fijación biológica de N en etapas más tempranas presentando nódulos de coloración verde. (Lea: ¿Qué son los inoculantes para silos y cómo funcionan?)

 

La cepa deseada se cultiva en fermentadores a fin de incrementar su número. Con este caldo se procede a la obtención de diferentes tipos de formulados. Estos productos llamados inoculantes pueden presentarse como pulverulentos (soporte turba, dolomita o arcilla, etc.)

 

Es fundamental leer y respetar las condiciones de uso descriptas en el producto inoculante adquirido. Se debe lograr que todas las semillas queden cubiertas con el inoculante, a fin de que cada una de ellas disponga del número de rizobios adecuado.

 

 

Procedimiento de inoculación

 

Rincón y Caicedo, en el artículo “Establecimiento de pastos en sistemas ganaderos de los llanos colombianos”, explicaron el procedimiento que se emplea para realizar la inoculación de las leguminosas. Aquí se lo presentamos:

 

  1. Mezclar el inóculo que contiene la bacteria con la semilla en un recipiente limpio. Para un kilo de semilla, primero se mezcla 100 ml de agua con 10 a 20 g de azúcar, que actúa como adherente. Luego se adiciona el kilo y 50 g de inóculo, que se mezclan bien hasta que haya una buena distribución y cubrimiento.
  2. A las semillas inoculadas se agrega inmediatamente un material que recubra -como la roca fosfórica-. La cantidad depende del tamaño de las semillas; por ejemplo se necesitan 300 g para un kg de semilla de maní forrajero y 400 gramos para un kg de Capica.
  3. Después de peletizar las semillas, se deben dejar extendidas durante 20 minutos en la sombra para que se sequen. (Lea: Leguminosas aumentarían producción lechera en sequías)
  4. El ejemplo presentado para un kilo de semilla se plantea como ejercicio para calcular las dosis de cada elemento necesario para la inoculación. En términos prácticos, este procedimiento debe hacerse al menos para cada 5 kg de semilla.