Estos son los tipos de labranza que usted puede utilizar en su predio

Por: 
CONtexto ganadero
09 de Febrero 2021
compartir
labranza, tipos de labranza, labranza pradera degradada, Praderas, pastos, degradación praderas, labranza ganadería, pastoreo, sistema de pastoreo, planta, labranza convencional, labranza mínima, labranza de conservación, suelo, terreno, compactación suelo, Agua, malezas, forraje, causa degradación praderas, ganaderos, ganaderos colombia, ganado, bovinos, ganado bovino, Ganadería, ganadería colombia, noticias ganaderas, noticias ganaderas colombia, CONtexto ganadero, contextoganadero
Los productores pueden apelar a estos tipos de labranza para descompactar el suelo y permitir que las raíces penetren la tierra. Foto: agronomundo.com

La labranza es una secuencia de actividades que, a través del tiempo, deben conducir a la formación de un suelo óptimo, con el fin de permitir que las raíces puedan explorar el mayor volumen de este y absorber los nutrientes disponibles.

 

Así lo explicaron Álvaro Rincón Castillo y Samuel Caicedo Guerrero, investigadores del Centro de Investigación de La Libertad de Agrosavia (antes Corpoica), en el artículo “Establecimiento de pastos en sistemas ganaderos de los llanos colombianos”. 

 

De forma general, la labranza se hace para corregir cualquier factor fisicoquímico que pocesa el suelo y controlar los procesos degradativos, de manera que la planta pueda expresar todosu potencial genético. A continuación, se mencionan varios tipos de labranza:

 

 

Labranza convencional o tradicional

 

Implica el uso intensivo de implementos de disco como rastras, rastrillos y pulidores que busca remover la superficie del suelo. El número de pases oscila entre 4 a 8, lo que puede ocasionar pérdidas de suelo anuales de 10 t/ha, compactación y degradación de los suelos.

 

 

Labranza de conservación

 

Se refiere al sistema de labranza en el cual por lo menos 30 % de la superficie del suelo debe quedar cubierta de residuos de plantas después de la siembra, con el fin de controlar la erosión. (Lea: Así se renuevan las praderas con el establecimiento de cultivos)

 

Este sistema involucra la labranza reducida y la siembra directa, con los cuales se pretende transformar el modelo convencional en sistemas sostenibles que utilicen la capacidad de producción del suelo a través del uso racional de insumos.

 

Los pilares básicos para los sistemas de labranza de conservación son: operación de maquinaria especializada, rotación de cultivos, uso de coberturas o rastrojos, manejo integrado de plagas y malezas. (Lea: Beneficios de la labranza mínima y 3 formas de realizarla)

 

 

Labranza mínima o reducida

 

Consiste en reducir las labores de preparación del suelo para la siembra de un cultivo o pastura. Es de tipo correctivo e involucra el uso de implementos para una labranza vertical, que incorpora parte de los residuos del cultivo anterior, dejando al menos un 30 % en la parte superficial.

 

En este sistema de preparación, entre 1 y 3 labores son adecuadas para la preparación del suelo, mientras que los implementos más usados son los arados de cincel rígidos, los cinceles vibratorios y las combinaciones de estos con un pase de implemento de disco.

 

Los cinceles rígidos se utilizan para corregir la compactación encontrada a profundidades mayores de 25 cm, reemplazando el efecto de los arados de disco. Para compactaciones superficiales, en los primeros 20 cm, se recomienda el uso de cinceles vibratorios que reemplaza la acción de las rastras.

 

Con esto se logran las condiciones adecuadas para el desarrollo de raíces a mayor profundidad, además mejora el drenaje en suelos que tienen problemas de encharcamiento ocasionando desarrollo deficiente o desaparición de los pastos cultivados.

 

Después de la labranza vertical debe hacerse un pase de rastra para uniformizar el terreno y destruir terrones grandes y, por último, hacer un pase de pulidor, para dejar el suelo en condiciones adecuadas para la siembra.

 

 

Labranza cero o siembra directa

 

Se define como un sistema de producción que involucra la rotación de cultivos, el uso de coberturas y/o abonos verdes y la no labranza del suelo. Permite la siembra del cultivo sin ninguna labor de preparación, pero requiere suelos sin limitantes físicos, químicos y biológicos, además de una sembradora especializada.

 

Esta consta de un cincel que rotura y afloja el suelo en la línea de siembra, una segunda sección que distribuye y coloca la semilla en la profundidad deseada y una última que ubica el abono en las cantidades requeridas. Posteriormente se efectúa la tapada con un conjunto de llantas tapadoras, que pretende mejorar el contacto de la semilla con el suelo.

 

Existen varias tipos de sembradoras: a) de surco, para el caso de maíz, sorgo, soya; b) de densos, utilizadas para arroz, pastos; e) unas mixtas, que combinan simultáneamente la siembra de cultivos de surcos y denso, como en el caso de los sistemas arroz-pastos y maíz-pastos.

 

Este sistema de labranza inicia con el manejo de las coberturas o los rastrojos, mediante el uso de un implemento de corte o la aplicación de desecantes de contacto o sistémicos. (Lea: Lo que debe tener en cuenta al fertilizar y hacer labranza en una pradera degradada)

 

Otro factor por considerar son las propiedades estructurales del suelo como densidad aparente y el espacio poroso, indicadores importantes al momento de decidir la preparación del suelo, pues las labores de preparación deben conducir a la recuperación de estas propiedades.

 

Esto debido a que los suelos que han sido sobrepastoreados o sometidos a laboreo intenso sufren un proceso de compactación, principalmente en las capas superiores, presentando una disminución en el tamaño de los poros que hacen deficiente la aireación y movimiento del agua en el suelo.