Alejandro, el defensor de los criollos

Por: 
Diego Castrillón Franco
27 de Junio 2017
compartir
ganado criollo, razas criollas, ganado criollo en colombia, razas criollas colombianas, ganadería colombia, alejandro giraldo villegas, beneficios del ganado criollo, diego castrillón franco, contexto ganadero, ganadería colombia
Giraldo Villegas tiene en su predio bovinos BON, Romosinuano y Hartón del Valle. Foto: Cortesía.
Aunque estas especies tienen asociaciones, mesas técnicas y algunas de ellas han sido declaradas como patrimonio del país, este productor ubicado en el Meta se convenció de las bondades de los ejemplares nativos y empezó a trabajar en la divulgación de sus evidentes ventajas.
 
Alejandro Giraldo Villegas es un ingeniero de las telecomunicaciones y electricidad de 30 años. Llegó a la ganadería por herencia como ocurre con muchos colombianos. Su padre, abuelos y bisabuelos fueron criadores de semovientes y carniceros. Desde pequeño estuvo ligado con bovinos, establos y animales, pero su vida profesional fue muy distinta. (Lea: Razas criollas, en riesgo de extinción y sin plan de emergencia)
 
Pese a su juventud, pensó rápidamente en retomar la herencia pecuaria de su familia, por esa razón desde hace 3 años es ganadero. Ese camino no ha sido fácil y su inexperiencia le pasó factura.
 
Inicios
 
Alejandro compró 2 fincas en el departamento de Caldas, zona en la que su familia vivió durante muchos años y en la que ejercieron la ganadería y la carnicería.
 
Los predios están en el municipio de Samaná, uno está a 1.500 metros sobre el nivel del mar y el otro a 900 msnm. Su objetivo era establecer 3 sistemas productivos: leche para que fuera la caja menor de la empresa, doble propósito y carne para obtener terneros de ceba y venderlos a buen precio.
 
Reconoce que se dejó llevar por la moda y compró muchos animales. Para la lechería, que se estableció en la finca de los 900 msnm, adquirió ejemplares de las razas Ayrshire, Girolando, Rojo Sueco, Holstein, Jersey y Jerhol. En el caso del doble propósito le apostó a los Simmental, Pardo Suizo y Normando. Mientras que en carne apeló a los Angus, Brangus y Senepol. Las 2 últimas explotaciones se quedaron en la finca de los 1.500 msnm.
 
Buscando obtener mejores animales, más eficientes y con altas producciones inició un trabajo de mejoramiento genético, pero ahí empezaron los dolores de cabeza por cuenta de la falta de adaptación al trópico. (Lea: Un bovino criollo campeón es impecable de cabeza a pezuñas)
 
En la lechería se presentaron problemas como la babesia, tripanosoma, mastitis, altos intervalos entre partos y la manutención de los animales subió su valor ante la ausencia de pastos mejorados. A eso se le sumó el monopolio de la leche, pues al solo haber un único comprador, poco interés tenía de pagar mejor precio por un lácteo de alta calidad.
 
Los animales no estaban adaptados y eso disparó la farmacodependencia y la necesidad de suplementar constantemente, eso sin tener en cuenta las dificultades con la mano de obra que era muy inestable”, reconoció Giraldo Villegas.
 
En el caso del doble propósito y la carne, aparecieron las garrapatas, los hemoparásitos, el estrés térmico y el alto consumo de medicamentos. También hubo dificultades a la hora de preñar las hembras.
 
En medio de su desespero, Alejandro compró un lote de vacas cebuinas mestizas preñadas y un toro Angus puro. Mientras las hembras empezaron a tener buenos resultados, el reproductor presentó fiebres, requirió suplementación y estabulación ante la nula adaptación al trópico. (Reportaje: Así se trabaja para promover la conservación de razas criollas)
 
Historia
 
Durante todo ese trámite el productor nunca dejó de tomar datos y analizar las dificultades que vivía, por esa razón apeló a la sapiencia de su abuelo que durante décadas fue un ganadero muy próspero en Caldas, quien le dio muy buenas referencias de la raza Blanco Orejinegro, ejemplar criollo con el que trabajó en la década del 50 y 60.
 
Alejandro quiso entonces saber más sobre el BON y llegó a la Hacienda La Cascada, un predio ubicado a 45 minutos de sus explotaciones. Allí se puso en contacto con Juan Carlos Robledo, el dueño, quien le dio unas respuestas claras sobre esa especie nativa.
 
El ganadero asegura que ese encuentro con Robledo fue un “choque científico”, pues vio un predio muy distinto al suyo, con una farmacodependencia baja y un punto de equilibrio muy cercano a lo que quería para su explotación. Eso lo llevó a seguir buscando historia y se dio cuenta que el Blanco Orejinegro logró sobrevivir durante más de 500 años sin medicamentos por cuenta su selección natural, además fue una especie esencial en el desarrollo pecuario de Antioquia y Caldas.
 
Posteriormente, adquiere un lote de novillas BON y una de las hembras mestizas que compró al tiempo con el toro Angus dio una cría Senepol, aunque su tío le dijo que era Romosinuano, Alejandro fue obstinado y nuevamente se dejó seducir por la moda y adquirió un macho y una hembra de dicha raza. Las especies tuvieron una mejor adaptación, pero seguían padeciendo con las garrapatas. (Lea: Cifras demuestran que ganado criollo produce rentabilidad y ahorro)
 
Alto en el camino y rumbo al criollo
 
Los inconvenientes en el predio lo llevaron a buscar ayuda de un experto, así fue que se puso en contacto con Germán Martínez Correal, experto en bovinos criollos quien le dio más herramientas para decantarse por esa clase de especies. Supo que los animales nativos son de sangre bos Taurus, característica apetecida en los mercados internacionales.
 
Luego se presenta la oportunidad de conocer a Marino Valderrama, otro curtido conocedor de los criollos colombianos, quien le recomendó hacer una selección agresiva de ganadero en sus 2 fincas y dejar aquellos que ya tuvieran mejor adaptación y vender y descartar aquellos que no cumplieran con los indicadores deseados.
 
“Volví a La Cascada y hablé mucho con el doctor Juan Carlos, pues mi deseo era adquirir un macho que proviniera de una madre con altas producciones lecheras. El inconveniente es que ese hato no tiene esa especialidad, por lo que se tuvo que mirar bien toda la genealogía de todos los bovinos y encontramos un reproductor muy bueno cuya progenitora tenía menos de 350 días abiertos y alta habilidad materna”, reconoció.
 
Como si lo anterior fuera poco, la explotación lechera tenía problemas con la mano de obra, por lo que Alejandro decidió que los terneros se tomaran la leche producida y eso generó unas ganancias de peso diarias entre los 800 y los 1.500 gramos, de paso combatió problemas de salud y el uso excesivo de fármacos. (Lea: Así es la evaluación racial y lineal de un bovino criollo)
 
Mientras que en los sistemas doble propósito y de carne empezó a cruzar el toro BON con muy buenos resultados. A tal punto que puso a competir al reproductor criollo con el Angus, siendo el primero el de mejores tasas de efectividad, ya que era capaz de preñar a más hembras a pesar de las condiciones extremas, mientras que el segundo solo hacía su tarea en las noches por cuenta de las altas temperaturas.
 
Defensor de los criollos
 
Luego de prolongado camino, Alejandro Giraldo Villegas se convirtió es un convencido defensor de los bovinos nativos. Inicialmente se vinculó con la Mesa Técnica Romosinuano tras haber adquirido un lote en malas condiciones de hembras de esa raza. Aprovechó el furor de las redes sociales y la plataforma de mensajería Whatsapp para conocer criadores y expertos criollistas en Colombia y América Latina.
 
Ese desinteresado trabajo por conocer más, capacitarse y sacarle el máximo provecho a sus especies lo llevó a conocer académicos con altos conocimientos en Romosinuano en Estados Unidos, México, Venezuela o Costa Rica.
 
El año pasado tuvo la oportunidad de hacer parte de la Mesa Técnica de la raza que se llevó a cabo en Norte de Santander y hoy es un criador de bovinos BON, Romo y Hartón del Valle. (Lea: “Buscamos aumentar la población de ganado criollo”: Asocriollo)
 

“Soy defensor de los criollos porque son animales hechos para los ganaderos colombianos que no son adinerados, que son la mayoría. Mientras los productores con buenos ingresos tienen con qué suplementar y sostener especies no adaptadas, los criollos no los requieren y son más económicos. Por ser baratos no significa que sean malos, al contrario son muy buenos”, remató.