Colegio enseña sobre sistemas silvopastoriles a bachilleres

Por: 
Pedro Fonseca
30 de Noviembre 2015
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En la sede Tierra Libre del colegio Francisco Nuñez Pedroso, los profesores le apuntan a infundir amor por el campo a los estudiantes. Foto: Paola Herrán
En el municipio de San Sebastián de Mariquita, Tolima, queda la sede Tierra Libre del colegio Francisco Nuñez Pedroso, una institución educativa de bachillerato agropecuario que se encarga de la formación de técnicos con especialidad agropecuaria o énfasis en gerencia de finca.
 
Edilberto Marroquín es uno de los 6 profesores que dicta clase a cerca de 90 estudiantes de grado sexto a once. Según él, su objetivo es contribuir al fortalecimiento del sector agropecuario, y aunque la tarea a veces parece titánica, se alegra de cumplir con esta labor.
 
El docente trabaja con proyectos productivos para estudiantes de décimo y once, que hacen pasantías en fincas de la región. “Debido a que no hay personal administrativo en esta sede, enviamos a los estudiantes de once a partir del segundo semestre a manejar proyectos productivos en los predios”, señaló.
 
Los temas que se trabajan en el colegio son producción pecuaria y agrícola, laboratorio agropecuario, gerencia de fincas y maquinaria agrícola. Uno de los proyectos es de sistema silvopastoril, SPP, que cuenta con el apoyo del Comité de ganaderos del Tolima y Cortolima.
 
Un SPP para mostrar
 
Lizeth Angarita y Paola Herrán son 2 estudiantes de grado décimo que se han dedicado a este proyecto desde agosto de este año. Junto con sus compañeros empezaron con la instalación de un vivero comunitario ubicado en un predio vía la Hacienda Peñas Blancas. (Lea: Estudiantes aprenden a preparar ensilajes, gracias a Fedegán-FNG)
 
Cuando terminamos de construir el vivero, comenzamos la labranza de varios terrenos en la finca y en algunos ya sembramos leucaena. Ya germinaron los chusquines de guadua, guamos y ocobos”, dijo Paola Herrán.
 
La siembra de leucanea la hicieron con caballoneo o terreno plano. Fueron los estudiantes quienes labraron el terreno y sembraron las semillas que en esta época germinaron gracias a las lluvias que iniciaron en octubre. Luego que brote la leucaena y los demás árboles maderables, tratarán el pasto al voleo.
 
Lizeth contó que sus compañeros tuvieron la posibilidad de viajar a Buga, Valle del Cauca, para capacitarse en este sistema y transmitir el conocimiento de vuelta a Mariquita. (Lea: Alumnos del sector rural podrán acceder a las becas del Gobierno)
 
Por su parte, Marroquín explicó que este programa fue iniciativa del Comité de ganaderos del Tolima. Los representantes de este fueron hasta la sede y propusieron al docente vincularse en el proceso para mitigar el impacto ambiental de la ganadería en Colombia.
 
A pesar de que hay otros sistemas silvopastoriles en municipios de Tolima como Lérida, Piedras y Honda, las alumnas tienen el propósito de hacer de este proyecto de la sede Tierra Libre un modelo para los productores de la región.
 
“Lo que estamos haciendo es para que las personas pasen por allá y vean las fortalezas. Antes los sistemas silvopastoriles solo estaban en el Valle y en otras regiones lejanas, pero ahora los ganaderos tienen un muestrario aquí, propio, y pueden determinar si les resulta rentable o no”, anotó Lizeth.
 
Muchos de los jóvenes se sienten tan motivados, afirmó el profesor, que trabajan incluso sábados y domingos. A su vez, las dos estudiantes coincidieron en afirmar que este proyecto ha tenido un gran impacto en sus vidas.
 
Hemos tenido la oportunidad de interactuar con distintas personalidades, personas que nos han brindado apoyo. Realmente es un proyecto que nos ha dado muy buenos resultados y estamos contentas de interactuar con todas estas personas”, agregó Lizeth.
 
 
Los retos
 
Sin embargo, a pesar del éxito de este y otros proyectos, las dificultades que ha tenido que sobrellevar el profesor y sus colegas han sido bastantes. (Lea: Jóvenes estudiantes aprenderán a usar la plataforma CvLac)
 
“Nosotros llevamos 29 años de funcionamiento. Antes éramos colegio nacional agropecuario, pero debido a distintas reformas nos fusionaron con un colegio académico y desafortunadamente en ese proceso hemos tenido un bajón fuerte”, relató Marroquín.
 
Con esta fusión, el plan de estudios cambió y algunas áreas técnicas desaparecieron. Entonces, los profesores se dedicaron a fortalecer el trabajo con las entidades que los han apoyado, como el comité de ganaderos, Cortolima y la Unidad Municipal de Asistencia Técnica de San Sebastián de Mariquita.
 
Por ejemplo, la contribución del comité es adelantar gestiones ante el Ministerio de Agricultura y que resultan en apoyos para asistir a eventos y realizar viajes, como el que hicieron los compañeros de Paola y Lizeth para ir a Buga.
 
De otro lado, para el instructor representa un gran logro el que la mayoría de estudiantes provenga del casco urbano, pues ello significa que los profesores pueden enseñar el amor por el sector agropecuario a quienes tienes muy poco contacto con él. (Lea: FNG ayuda a estudiantes que buscan hacer práctica profesional)
 
“Para mí como docente es muy importante vincular a los muchachos en este proceso, pero desafortundamente al sector agropecuario no se le ha hecho la publicidad que debería tener”, manifestó Marroquín, quien reclamó apoyo gubernamental y mejores políticas públicas para fortalecer este tipo de instituciones.
 
El eslogan que tenían hace algún tiempo era “Forjadores de la base agropecuaria, fundamento del desarrollo nacional”. Para él, esta frase era de vital importancia, pues en la sede del colegio fue testigo de cómo sus alumnos encontraban la motivación para trabajar en el campo. El profesor les inyectó lo que él llama “el virus benigno”, el amor por el agro.
 
Este amor se ve reflejado en estudiantes como Paola y Lizeth, que profesan su orgullo no solo por los proyectos como el establecimiento del sistema silvopastoril, sino también por el colegio que les ha inculcado el gusto por el sector agropecuario.
 
Desde mi óptica, el sector agrícola lo es todo, pues gracias a él comemos y tenemos todo lo que necesitamos. En la vida siempre vamos a necesitar el campo”, dijo Paola. (Lea: Estudiantes santandereanos crean una lavadora de vacas)
 
Para ellas, el colegio es como una pequeña comunidad, una familia que trabaja a lo largo del año para crecer y aprender. Como dijo Lizeth, “el colegio es todo para nosotros”.
 
 
El futuro de los egresados
 
Al finalizar el año, los alumnos se dividen entre quienes continuar en el sector con su carrera profesional y aquellos que deciden estudiar algo totalmente distinto. También hay agravantes como la situación militar, que impiden que la mayoría de los estudiantes se puedan proyectar para hacer estudios superiores, o incluso el costo que representa ingresar a una universidad.
 
Algunos de los egresados regresan al colegio después de entrar en un programa universitario, con el interés de montar su finca o de colaborar en los proyectos que se hacen en fincas. (Lea: Estudiante desarrolla sensor para escuchar a las plantas)
 
Así describió Paola su futuro: “quizá varios de nosotros no estaremos totalmente relacionados con este sector, pero sin importar la carrera que elijamos, el agro siempre estará presente, siempre va a ser parte de nuestras vidas”.
 
Agregó que en su carrera como profesional del ejército, le gustaría implementar todo lo que aprendió en el colegio, en temas como liderazgo y gerencia, pues siente el compromiso con el sector agropecuario colombiano.
 
Para Marroquín, las aspiraciones de esta naturaleza son las que lo impulsan a continuar cada día. “Es más el amor, son más las ganas de seguir adelante con el colegio. Yo soy de los que piensa que las cosas se van dando”.