“Fundagan me dio la luz del progreso”: Flor Torres

Por: 
Luis Humberto Caballero R. de Fedegán-FNG
29 de Octubre 2020
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“Gracias a Fundagan salí de la pobreza extrema, soy ganadera y vivo de esta actividad”, sostuvo Flor Inírida Torres. Foto: Cortesía.

Luego de encontrarse en la pobreza extrema, recibió la donación de Una vaca por la Paz que se convirtió en su proyecto de vida, le permitió sobrevivir y sacar adelante a sus 7 hijos pequeños. Gracias a la vaca, formó un hato de 10 reses y llegó a tener 5 vacas preñadas al tiempo que al parir le produjeron 40 litros de leche diarios.

 

Flor Inírida Torres, habitante del municipio Nuevo Colón del departamento de Boyacá, fue beneficiaria del programa Una Vaca por la Paz hace 9 años y para ella, esto significó una bendición porque le dio la oportunidad de tener un proyecto de vida, convertirse en una ganadera prospera y generar desarrollo económico.

 

En esa época tenía 41 años y su única educación había sido la primaria. Su grupo familiar lo conformaban el esposo y 7 hijos pequeños que vivían una situación crítica y no tenían una actividad específica que les generara el debido sustento económico.

 

“Vivíamos en una pobreza extrema y no encontrábamos una salida a las dificultades económicas”, afirmó con lágrimas en su rostro esta mujer al describir las difíciles circunstancias en las que vivía su familia. (Lea: Vacas por la paz siguen dándole una oportunidad a familias rurales)

 

Su marido nunca la ha apoyado y por eso tuvo que asumir la responsabilidad de la familia.

 

Buscaba trabajo en actividades del mismo campo para poder cubrir sus necesidades más básicas y prioritarias. “No había plata ni para comprar pan y con la que lograba conseguir compraba harina y lo preparaba yo misma para que los niños comieran con agua de panela. El día que no había trabajo, era la muerte”, resaltó.

 

Pasaba semanas en las que no salía nada de trabajo y tampoco había nada para darle de comer a los hijos. “Mi situación era realmente dura”, replicó.

 

Flor Inírida Torres reconoce que hubo un cambio prominente en su vida. “La llegada de la vaca por la paz de Fundagan, fue una bendición. Tenía un terreno de media fanegada desorganizado y con pastos desaprovechados y la casa contaba con las paredes y dos camas en las que nos acomodábamos con mis 7 hijos y mi esposo”.

 

La vaca donada les trajo la esperanza. “Se convirtió en la alegría de todos, era un miembro más de la familia. No iba a estar en la casa, pero era un ser vivo que comenzamos a querer, a preocuparnos por ella y a pensar en su bienestar”.

 

Los hijos y su familia giraban en torno a la hembra bovina. “Los niños salían del colegio y ya no se quedaban en la calle, ni llegaban a la casa a jugar, sino que tenían la responsabilidad de venir a cuidar la vaca, ponerle pasto para comer, darle agua y también a ordeñarla por la tarde para sacarle la leche del desayuno”.

 

Solo hembras

 

Para esta mujer la donación fue el comienzo del mejoramiento y de la prosperidad. Desde que Fundagan nos regaló la vaca no nos ha faltado el ingreso diario de la familia y tampoco la comida.

 

Poco a poco mejoró la situación económica. “Nació una ternera y tras ella otra y otra. Llegué a tener 10 reses. Fui afortunada ya que sólo una vez tuve un ternero, las demás reses fueron terneras”.

 

Ahora tenemos para las 3 comidas del día, también para las onces que los niños llevan al colegio e igualmente para conseguir ropa y otras necesidades.

 

Compramos más camas para los niños y algunas otras cosas a crédito, como la nevera y la lavadora. Era muy duro madrugar a lavar ropa de 9 personas y llegar en la noche a lo mismo. Además, he podido ahorrar y aspiro a comprarles un computador.

 

Llegó la luz

 

Piensa que por más difícil que sea una crisis económica siempre habrá una luz. “A mí la luz me la dio Fundagan. Llegué a tener 5 vacas preñadas al mismo tiempo que luego de parir, me llegaron a producir hasta 40 litros de leche diarios que al venderla me generaron buenos ingresos”. (Lea: Recibir una vaca es ganarse la lotería, según beneficiarios de Bolívar)

 

El programa Una Vaca por la Paz de Fundagan, me proporcionó un proyecto de vida y me permitió convertirme en ganadera y a la par generar desarrollo y crecimiento en mi hogar.

 

Gracias a este programa sus hijos le cogieron amor a la ganadería. “Aprendieron querer a las vacas y a divertirse con su cuidado”.

 

Pero llegó el momento de la universidad. “Cuando mis hijos empezaron a estudiar en la universidad tuve que vender novillas para cubrir los gastos. Tengo dos en la universidad y otros trabajando para el desarrollo de la ganadería y del campo en esta región del departamento de Boyacá”. (Lea: ‘Una vaca por la paz’ recorre apartadas regiones del país)

 

Producción de ensilaje

 

Tiene claro que no abandonará la ganadería y seguirá progresando. “Ahora tengo dos vacas y dos terneritas, y ahí voy. Hasta he podido estudiar. Yo tenía solo la primaria y me animé a seguir estudiando los fines de semana y cursé el bachillerato el cual terminé este año. Ahora quiero estudiar algo agroindustrial para hacer alimentos propios con las frutas que produzco -en especial con la pera- y dársela a los animales”.

 

Su propósito es producir ensilaje. “Ya tengo una máquina para moler la fruta y hacer ensilaje, pero me falta aprender cómo conservarlo y bajarle la humedad sin perder los componentes nutricionales pues, si le doy esa fruta fresca a las vacas, les produce diarrea. En época de cosechas se pierde mucha pera”.

 

“Le doy gracias a ese maravilloso programa de una vaca por la paz de Fundagan, porque para mí, significó la esperanza y el progreso. Gracias por sacar a las mujeres rurales de las dificultades económicas y de la pobreza extrema”, recalcó.