Esta es la carta de navegación del sector agropecuario

Por: 
Alfonso Santana D.
03 de Agosto 2018
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El presidente Duque y su Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Andrés Valencia Pinzón, les corresponde rehacer en los próximos cuatro años lo que en 8 años no logró una locomotora que nunca arrancó. Foto: [email protected]
El presidente Iván Duque se propone, con un capitán técnico, encarrilar el sector agropecuario en la vía del desarrollo productivo y social, teniendo como soporte tres ejes fundamentales: Inversión, redireccionamiento de la institucionalidad pública, e impacto de las variables de oferta y demanda de bienes y servicios del sector.
 
Entendiendo que el presidente Duque –que empezará a ejercer desde el próximo 7 de agosto–, ha sido prudente en sus comentarios sobre el gobierno que termina y que no se conocen informes de las comisiones de empalme, un punto de partida muestra, por lo menos en lo que concierne al sector agropecuario, la gran tarea que debe desarrollar en los próximos cuatro años para hacer lo que en 8 años no logró una locomotora que nunca arrancó.
 
El estado del arte
 
Indalecio Dangond hace en varias de sus columnas publicadas en El Heraldo –algunas reproducidas por CONtexto ganadero–, un corto pero completo resumen del estado del arte.
 
Allí afirma que “no va a ser una tarea fácil poner al día a un sector que el presidente Santos entrega (según el censo agropecuario) con el 54 % de los campesinos sin título de sus predios rurales, el 43 % sin educación básica primaria, el 89 % sin acceso a crédito ni servicio de asistencia técnica, el 83 % sin maquinaria agrícola e infraestructura para transformación y almacenamiento de sus cosechas, el 66 % sin sistema de riego y la mayoría de los predios rurales sin vías terciarias y sin servicios públicos. Ah, y con 16 TLC suscritos con países que tienen resueltos todos estos problemas”. (Lea: El agro de Iván Duque)
 
Al referirse a la nueva Agencia de Desarrollo Rural, a la cual el gobierno Santos le asignó una chequera de $395 mil millones al año, ni siquiera fue capaz de poner a operar la represa del río Ranchería en La Guajira, y que el 90 % de los productores nunca han recibido el servicio de asistencia técnica. (Lea: Corte de cuentas).
 
Agrega que el grupo de entidades responsables del financiamiento del sector agropecuario colombiano –conformado por Finagro, Banco Agrario, Fiduagraria, Bolsa Mercantil y la Dirección de Financiamiento del Ministerio de Agricultura–, le entregan al nuevo gobierno un esquema de crédito ineficiente que solo le llega al 8 % de los productores del campo.
 
Es un esquema de financiamiento donde el 50 % de los créditos está concentrado en cinco de los 32 departamentos del país. Un sistema de crédito que no tiene nada de fomento porque solo el 18 % de los desembolsos va al pequeño productor y el 43 % a la inversión y en el campo, afirma.
 
En materia de desarrollo en investigación, biotecnología y control fitosanitario dice que, “tampoco hay mucho que mostrar. Corpoica y el ICA, que manejan una chequera de $450 mil millones al año, no pudieron sacar adelante la productividad del campo, ni los programas de trazabilidad e inocuidad para poder lograr mayor admisibilidad de nuestros productos en los mercados externos.
 
Y como si lo anterior fuera poco, advierte que el ministro Cárdenas dejó lista el acta de liquidación del sector agropecuario al reducir el presupuesto en un -59,7 % para el año 2019. (Lea: Una mesa agrícola).
 
“Como pueden observar, el actual gobierno entrega un sector agropecuario abandonado, ineficiente y politizado. Ahora le toca al gobierno entrante la imperiosa tarea de convertirlo en los próximos cuatro años en un sector productivo, competitivo y rentable”, concluye Dangond Rivera.
 
Sustitución del 'poder constituido' por el 'poder en formación'
 
A todo lo anterior habría que agregarle el entorno de guerra que se mantiene en el país.
 
Aparejado a los ataques terroristas de las disidencias de las FARC, del ELN, las Bacrim, y de un sinnúmero de grupos que cada día aparecen buscando copar los espacios que no logró el Estado y que eran territorios de las FARC, han aflorado las masacres contra la fuerza militar y de policita, el resurgimiento de los cultivos de coca que ya superan las 200 mil hectáreas sembradas, y un descontento social que está siendo utilizado por la izquierda para desconocer la democracia.
 
Y lo han dicho abiertamente: buscan la sustitución del ´poder constituido´ por el ´poder en formación´, el cual se materializará en muchas marchas y paros agrarios campesinos que es una de las formas de lucha que utilizan– que llevan al traste con toda una sociedad.
 
'El toro por los cachos'
 
Dada la multiciplidad de aspectos-problema que hereda el nuevo gobierno, no era fácil saber por dónde empezar para coger el “toro por los cachos”.
 
Sin embargo, y descontando el ´mucho trecho´ que hay entre el discurso electoral al ejercicio real, los campesinos y en general los empresarios relacionados con el sector agropecuario, observan con beneplácito el giro político que caracterizó al manejo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural durante el Gobierno Santos –con excepción tal vez del ministro Juan Guillermo Zuluaga–, hacia un direccionamiento más técnico.
 
Andrés Valencia Pinzón –el nuevo ministro de Agricultura y Desarrollo Rural– viene a llenar ese espacio de concertación trastocado por la polarización y por el manejo de los recursos públicos en esta cartera y en todo el gobierno en general, que le valió el mote de la 'mermelada'.
 
Valencia es una persona que tiene amplia experiencia profesional en el sector agropecuario, tanto en lo público como lo privado, que tiene disposición permanente al diálogo, lo cual le permitirá convocar a los diferentes eslabones de las cadenas productivas y gremios de la producción a trabajar conjuntamente en la búsqueda de soluciones de todos aquellos retos que enfrenta la ruralidad.
 
Primero la inversión
 
De acuerdo con la gráfica que se muestra abajo, el segundo direccionamiento –el primero pasar de un ministerio político a uno técnico–, se centra en llevar recursos al campo.
 
Esto se observa en los siguientes planteamientos del presidente Duque:
  1. Al menos el 50 % del presupuesto agrícola se invertirá en la provisión de bienes públicos como distritos de riego, vías e infraestructura digital, entre otros, potenciándolo con Asociaciones Público-Privadas, APP, para el crecimiento del sistema de mediana y gran escala.
  2. Crear créditos que incentiven aumentos de productividad, con apropiación de nuevas tecnologías, mejores prácticas ambientales y mejoramiento genético.
  3. Establecimiento de incentivos tributarios por 10 años para inversiones productivas que generen empleos permanentes y de calidad. Además, fomentaremos la financiación y la inversión ampliando los fondos agropecuarios y desarrollando nuevos y mejores instrumentos financieros.
  4. Introduciremos el uso de Big Data y datos abiertos para activar la oferta de seguros en el campo y brindar mayor estabilidad y seguridad al trabajo de los pequeños productores.
 
Y a la par, el redireccionamiento de la institucionalidad publica
 
No menos importante dentro de las tareas es el devolverle y asignarle a la institucionalidad publica una función concreta en el trazado de líneas y estrategias de política pública. Así lo indican las siguientes líneas de trabajo:
  1. La institucionalidad del sector rural será modernizada, despolitizada y enfocada hacia la provisión de bienes públicos, estabilidad jurídica y protección de la propiedad privada, estimulando la integración de pequeños productores con esquemas agroindustriales.
  2. Se modernizará y tecnificará el Ministerio de Agricultura con un enfoque claro en:
    1. Desarrollo de clústeres y cadenas de valor agroindustriales, que integren producciones industriales y pequeños productores.
    2. Aprovechamiento de mercados internacionales.
    3. Incorporación de nuevas tecnologías con registros de productos, datos abiertos, Big Data, Internet, etc.
 
Impacto de las variables de oferta y demanda de bienes y servicios del sector
 
Aquí los planteamientos encierran estas metas:
  1. Transformación del campo mediante la articulación de agroindustria con pequeños productores.
  2. Seguridad jurídica a la inversión productiva, y protección a la propiedad (titulación transparente) y el acceso a la tierra (tenencia de buena fe).
  3. Implementación de estrategias de modernización, con base en:
  4. Innovación y tecnología al alcance de todos, con inversión para el desarrollo de la asistencia técnica, y la investigación y desarrollo tecnológico orientado a la productividad.
  5. Agricultura climáticamente inteligente, mediante la adaptación productiva en los territorios rurales para hacerlos resilientes al cambio climático.
  6. Acceso inclusivo a la tierra, mediante la definición y reglamentación de la tierra, su uso y beneficios, ordenamiento social, productivo y ambiental de la propiedad rural.
  7. Alianzas productivas para el desarrollo, garantizaremos el abastecimiento y suministro de alimentos y productos a la demanda del mercado nacional e internacional.
  8. Creará campañas para incentivar el consumo saludable y responsable, fundamentadas en la calidad, beneficios sociales e impacto ambiental positivos del alimento “Producido en Colombia”.
  9. Fortalecimiento del rol de la mujer rural, como agente de transformación. Se propone implementar medidas que promuevan su empoderamiento, de tal forma que adquiera autonomía en las decisiones respecto a la producción agropecuaria, el uso de la tierra, la economía familiar, la salud, la alimentación del hogar y su participación en el desarrollo local.
  10. Jóvenes y familia de regreso campo (operación retorno) con un nuevo modelo de educación rural, alfabetización funcional para el adulto mayor campesino, emprendimiento e innovación rural para el desarrollo.
 
 
Existen muchas acciones y estrategias que están inmersas en las anteriores líneas, cuyo fin es contrarrestar la ineficiencia del Estado y las falencias en el sector agrario, y que han sido esbozadas por Duque en diversos escenarios.
 
Entre estas se encuentra el fomento al emprendimiento rural, a la innovación y la transferencia de tecnologías; el ordenamiento y legalización de la propiedad rural; el incentivo a la administración del riesgo, uso del recurso hídrico y forestal; fomento a la innovación y a la biotecnología agrícola; la adaptación al cambio climático; la modernización del sistema de financiamiento agrario y la inversión en infraestructura de vías de comunicación y servicios públicos, el acceso a la educación en las zonas rurales, el programa de Escuelas de Emprendimiento Rural (EER), etc.
 
Son iniciativas que, junto con las estrategias de mercado de productos y bienes agrícolas, les brinda a muchas familias campesinas la oportunidad para adquirir las competencias que les permitirían superar una de las principales causas internas del subdesarrollo rural, y a la vez escalar en la productividad y mejorar su ingreso.
 
Papel importante jugarán los instrumentos de incentivos al seguro agrario, a la cobertura de precios y a la tasa de cambio. Es una tarea aplazada que ha encontrado muchos obstáculos empezando por la baja cultura que existe en Colombia de cubrirse de riesgos mediante seguros.
 
Mesa permanente de trabajo con el sector agropecuario
 
Duque anunció que su gobierno tendrá una ‘mesa permanente de trabajo’ con el sector agropecuario –una propuesta gremial consolidada por la SAC–, de manera que se pueda trabajar por la justicia social del campo y mejorando la diplomacia sanitaria para que Colombia logre que más productos de nuestro país lleguen a los mercados que tenemos.
 
Esto se traduce en un aumento del empleo y de la sostenibilidad del empleo a partir de un modelo que genere una expansión de la clase media rural, la micro, pequeña, mediana y gran empresa rural.
 
Un tema importante –o mejor un compromiso del presidente Duque– es que reafirmó que en los próximos cuatro años no va a negociar ningún nuevo tratado de libre comercio. Su directriz es aprovechar los TLC que se tienen firmados mediante diplomacia sanitaria, acceso a mercados, de tal forma que se generen mejores y más empleos formales en el campo colombiano, además de mayores exportaciones.
 
No se puede hablar de la 'olla raspada'
 
Tradicionalmente se habla de que el gobierno saliente no deja recursos. En el caso concreto se trata de una real disminución de recursos para el sector agropecuario, como lo señaló Dangond en uno de sus artículos.
 
El nuevo direccionamiento y alcance que se dará a la política agropecuaria no sólo exige estirar el exiguo presupuesto, sino que además demanda allegar más recursos.
 
Muy posiblemente se tenga que recurrir a destinar nuevamente de una porción del impuesto a las transacciones financieras del 4 x 1.000, y/o a pedir recursos de crédito internacional, y a incentivar la participación del sector privado –que ya lo anunció Duque durante su campaña–.
 
Todo lo anterior no es malo siempre y cuando la hacienda pública no se vuelva a convertir en la caja menor de la Presidencia –Carrasquilla es un tipo serio–.
 
Un esquema que muy seguramente tendrá fuerte impulso es el fortalecimiento de Alianzas Público – Privadas, APP, para la construcción y operación de presas y canales de irrigación, así como su aplicación en otras áreas.
 
Hay una propuesta sobre la mesa sobre la que Fedegán ha sido reiterativa, y que recientemente recogió y amplió Dangond. Se trata de ampliar la cuota parafiscal a la cadena productiva, para fortalecer los centros de investigación gremiales, fomentar la biotecnología y la transferencia de tecnologías a sus afiliados, y fomentar el consumo extendiendo hacia las poblaciones menos favorecidas económica y socialmente.
 
Ya la entidad gremial cúpula de la ganadería la había propuesto, he intentado poner en marcha, mediante lo que denominó un fondo tripartido, en el que aportaban tanto los ganaderos (sector primario) como los industriales (sector transformados) y el gobierno, sin que llegará a feliz término.
 
Como no se trata de cambiar todo, hay iniciativas que van bien avanzadas como las emprendidas por la UPRA sobre ordenamiento productivo del territorio nacional, aunque siguiendo la mala costumbre de cambiarles el nombre, se ha planteado instituir el Programa de Ordenamiento Agropecuario Regional (Poar), como una herramienta básica de planificación agrícola para que los productores sepan qué sembrar, dónde y cuándo de acuerdo con el tipo de suelo y las condiciones agroecológicas de cada región.
 
El fortalecimiento del sector ganadero
 
En un mensaje que Duque les enviara a los ganaderos a través de Fedegán, el presidente abogó por el fortalecimiento del sector ganadero.
 
“Quiero decirles que mi anhelo es contribuir, como presidente de la República, al fortalecimiento del sector ganadero en Colombia. Creo que es un sector que está en una cadena de valor con gran impacto social y económico”.
 
Agregó que “están dadas todas las condiciones para habilitar nuevamente programas de crédito que incentiven la retención de vientres; que nosotros también podamos corregir algunas pérdidas de productividad por la baja natalidad que tenemos frente a otros países; que podamos robustecer el hato ganadero que viene en declive desde hace varios años; y que si tenemos las políticas adecuadas, no solamente se puede recuperar sino que adicionalmente podemos darnos a la tarea de abrir mercados internacionales para la carne colombiana que este gobierno ha sido incapaz de darles espacio”.
 
“También quiero ser muy, muy claro, en mi admiración por los programas que ha venido promoviendo Fedegán también de ganadería sostenible, con gran productividad en pequeñas extensiones y alta rotación”.
 
Enfatizó en que una de las grandes conquistas del gremio ha sido el haber logrado que Colombia fuera un país libre de aftosa. “Sin duda tenemos que devolverle al gremio el manejo sobre los programas de vacunación y prevención en todo el país”. (Lea: Mensaje de Iván Duque a los ganaderos).
 
A modo de resumen
 
Lo importante de todo este conjunto de cosas es que el nuevo ministro logre ensamblar una política de Estado que exprese cuál es la visión que tenemos todos de la Colombia agropecuaria en el largo plazo, y cuáles son los caminos que, como país, debemos recorrer para el logro de tales metas, tal como lo han pedido por mucho tiempo los gremios como Fedegán, la SAC y otros, incluso los mismos industriales, que están sufriendo por falta de política pública para su sector.
 
Colombia es un país que no ha tenido una carta de navegación de política pública económica, aunque gracias a la diligencia de Planeación Nacional con todos los planes de desarrollo que cada gobierno elabora y que se publican a la mitad de cada periodo gubernamental, se pueden llenar muchos espacios en las bibliotecas.