Cuáles son los puntos que se deben analizar en las primeras edades de la cría

Por: 
Melanny Orozco Zabala
22 de Noviembre 2021
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En las primeras horas del animal, el calostro es el alimento que le garantizará el desarollo de su vida. Foto: campogalego.es
La producción láctea actual es un mercado muy ajustado que no permite cometer muchos errores. Los primeros meses de vida de los animales son determinantes para cualquier proceso que se quiera llevar a cabo en la explotación.

 

La revista Frisona Española, explica que la mortalidad de las terneras en los dos primeros meses de vida se asume como algo normal, razón por la que la recría sale costosa, y si se hace mal, se empeora la situación. (Lea: El manejo del destete e inicio de la recría)

 

Todo esto, teniendo en cuenta que de nada sirve invertir en genética si la crianza no se realiza correctamente porque gestionar una buena recría permite mejorar el potencial genético de la novilla, suponiendo que estas representan una oportunidad que permite aumentar la rentabilidad de las explotaciones lecheras.  

 

¿Dónde empieza la recría?

 

La recría comienza con el secado de la vaca. En este periodo tiene mucha importancia tanto para la vaca como para el desarrollo de la futura ternera, pues en los últimos meses de gestación el feto gana el 75% de su peso final y la glándula mamaria se prepara para la siguiente lactación, razón por la que se presenta la formación del calostro.

 

Durante esta fase y teniendo en cuenta las necesidades de cada explotación, se realizan las medidas profilácticas que incidirán posteriormente en la calidad del calostro, teniendo presente que estas medidas no suplen un manejo deficiente de calostro.

 

Es por esto que la vaca no debe parir en pasillos sucios y húmedos, por lo que el parto debe transcurrir en un lugar habilitado, limpio y tranquilo, con disponibilidad de agua. El primer contacto de la cría con el mundo es el suelo y si está contaminado y lleno de excrementos el animal puede desarrollar una diarrea.

 

Los expertos recomiendan permitir que el animal lama al ternero, pues así se estimula la respiración y la circulación periférica del neonato. Además, el lamido incita al ternero a ponerse de pie y tiene un efecto beneficioso para la madre al liberar endorfinas al torrente circulatorio, ya que esto le permite reducir el dolor postparto y estimular la bajada de la leche.

 

En todo el proceso, la clave del éxito es el calostro porque es el primer alimento de la vida y el más importante ya que contiene factores inmunológicos y de crecimiento que aseguran la supervivencia y el crecimiento del recién nacido.

 

La anterior es la razón por la que el calostro es la sustancia natural proveída por la naturaleza capaz de sustentar la vida. En su composición tiene más de 80 sustancias diferentes que forman como un tapiz que proporciona protección, reactivación y programación de genes y crecimiento.

 

Además, modifica la capacidad de ingesta de alimentos y la eficiencia alimentaria. Todo eso es proporcionado por el calostro, que según menciona la revista, es gratis. Por lo tanto, el esfuerzo y tiempo deben ser invertidos en recoger calostro de calidad, limpio y darlo lo antes posible a una temperatura adecuada y en la cantidad suficiente hasta que el ternero no quiera más.

 

El encalostrado va más allá de la transferencia de inmunidad pasiva, pues si se consigue hacer un buen proceso se habrá cumplido con buena parte de los objetivos de la recría, que es calidad genética y desarrollo del parénquima mamario debido a la capacidad del calostro y de reactivar y modular genes que van a permanecer a lo largo de la vida del animal. (Lea: ¿Sabe usted cómo se debe suministrar el calostro en las primeras horas del ternero?)

 

El texto menciona que hay que analizar muy bien la temperatura del calostro, pues desde que “sale de la vaca a 38°C hasta que llega al ternero puede ocurrir que haya bajado la temperatura y esto puede inferir en la transferencia de inmunidad. Es un error que se comete con bastante frecuencia. Se puede calentar al baño maría”.

 

La leche no es un problema

 

Hasta hace poco tiempo las recomendaciones nutricionales para las terneras eran restringir las cantidades de leche o sustitutos de esta para estimular el consumo de alimentos sólidos y así favorecer el desarrollo del rumen lo antes posible, pero el resultado que se obtenía eran animales con muy poco desarrollo.

 

Hoy se sabe que la leche no es el problema y que tener un rumen funcional es importante, pero nunca debe prevalecer sobre el crecimiento del animal. La fase de lactancia permite maximizar el desarrollo y el suministro de nutrientes favorecerá la expresión de respuesta positiva a futuro en cuanto a desarrollo mamario, reproducción y sistema inmunitario.

 

Es necesario dejar de pensar en litros de leche, tazas de sustituto de leche, botellas y volúmenes de líquido, empezar a pensar en las necesidades de energía y proteína que la ternera necesita para alcanzar el máximo potencial.

 

En las primeras semanas de vida, la alimentación con leche es la única fuente disponible de energía y nutrientes para los animales, pues fija la base para el posterior rendimiento de la cría y tiene un gran impacto sobre el futuro productivo del animal ya que el desarrollo de la ubre tiene lugar en las primeras semanas.

 

La alimentación de los terneros con leche puede dar muy buenos resultados, pues se pueden conseguir buenas ganancias medias diarias con un perfil de alimentación adecuado, pero esta requiere de mucha atención. 

 

El tamaño es importante

 

El documento menciona que es aconsejable pesar al animal al nacimiento y posteriormente cada mes hasta el destete para monitorizar su crecimiento y poner en valor los índices productivos en esta etapa. Existe mucha variación de crecimiento de una finca a otra, por eso es esencial conocer de dónde se parte y hasta donde se quiere llegar.

 

Finalmente, cuando no se cumplen con los objetivos marcados es necesario identificar las causas. El pesaje es una herramienta de monitorización fundamental que permite evaluar el crecimiento sostenido e identificar aquellas etapas en las que la alimentación necesita una revisión.