Problemas sanitarios más frecuentes que pueden aparecer luego de una sequía

Por: 
CONtexto ganadero
25 de Marzo 2020
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Luego de la sequía se debe estar muy atento a los animales y a los pastos para evitar, en lo posible, la aparición de enfermedades que pueden ser mortales, Foto: es.greenpeace.org

Luego de un período prolongado de sequía como el que se tuvo desde finales de 2019 y principios de 2020, suelen aparecer una serie de problemas sanitarios, que normalmente, no se presentan cuando los animales están bien alimentados y relativamente en buen estado, según el portal Engormix.

 

En un artículo de Analía Rodríguez y Georgget Bancherp, del Programa Nacional de Carne y Lana de Uruguay, los autores plantean que luego de la sequía las reservas de agua están disminuidas y la oferta de forraje presente y futura está comprometida así como el estado general de los animales.

 

Uno de los problemas que suele presentarse es el de las enfermedades parasitarias. “Es bien conocido que los parásitos gastrointestinales son capaces de reducir el ritmo de crecimiento del animal, ocasionando pérdida de peso y muertes. Estas parasitosis se asocian comúnmente con trastornos digestivos acompañados de diarrea, retraso en el crecimiento, mal estado general y pelaje sin brillo”. (Lea: Parásitos del ganado: ¿hasta cuándo?)

 

Las pérdidas provocadas por parásitos gastrointestinales en bovinos para carne se han estimado entre 30 a 45 kilos por año. Como los parásitos gastrointestinales necesitan de ciertas condiciones de humedad y temperatura para continuar su ciclo biológico, el tiempo seco resulta muy favorable para disminuir las poblaciones de parásitos en pasturas y por ende en el animal. Sin embargo, los vacunos que tuvieron consumos muy bajos y con defensas que se encuentran muy disminuidas, aún con cargas parasitarias reducidas podrían estar seriamente afectados en su productividad, bienestar e inclusive en su supervivencia.

 

Esta situación se vuelve aún más crítica con la aparición de las primeras lluvias. Gran cantidad de huevos de parásitos eclosionan con la humedad y el calor quedando disponibles para ser consumidos por parte de los animales. Además, el forraje disponible sigue siendo muy escaso y por el pastoreo rasante los animales levantan más larvas, ya que éstas se encuentran concentradas principalmente en la cercanía del suelo. (Lea: Las pérdidas directas que ocasionan los parásitos internos)

 

Otro problema que, de acuerdo con los autores, se puede presentar es el Saguaypé, también conocido como Fasciola hepatica, que provoca una de las enfermedades más importantes de los rumiantes conocida como fasciolasis y que es capaz de causar la muerte de los animales.

 

Algunos síntomas que el productor puede observar en los animales son: desmejoramiento del estado general y edema submandibular. Tanto los vacunos como los ovinos se infectan al ingerir pasturas contaminadas por la larva infestante del parásito. La larva se desarrolla en el interior de un caracol que se encuentra en zonas húmedas (tajamares, manantiales, pequeñas corrientes de agua). Al encontrarse en una situación de sequía los animales modifican su conducta de pastoreo, a tal punto que se concentran en aquellos potreros más bajos y con un porcentaje de humedad más elevado, esto hace que aumenten las posibilidades de que ingieran las larvas del Saguaypé.

 

Lo ideal, señalan, sería hacer análisis coproparasitarios con cierta frecuencia, de manera de ir monitoreando las cargas parasitarias de los animales y contar así con un criterio objetivo para decidir la dosificación con antihelmínticos.

 

Se puede saber si los animales están parasitados a través de la Prueba de Mac Master o Recuento de Huevos por Gramo (HPG) para gastrointestinales y la Prueba de Sedimentación o Happich y Boray para Saguaypé. Además, existe la posibilidad de realizar un “Lombritest”, tanto en ovinos como para bovinos, para conocer la efectividad de las distintas drogas antihelmínticas. (Lea: Alternativas biológicas para control de parásitos internos en bovinos)

 

La utilización de antihelmínticos debe ir acompañada de otras acciones de manejo complementarias, como pueden ser el manejo de pasturas y alternancia de categorías animales y especies, de modo de prolongar la eficacia de los mismos. Un enfoque integral de control es el recomendado en estos casos y es el más efectivo, indican los profesionales.

 

También por la sequía es de esperar que aumente el número de casos de Coccidiosis sobre todo en las categorías jóvenes (terneros o corderos). Las coccidiosis se ven muy favorecidas por las condiciones de hacinamiento que se dan por ejemplo al realizar la suplementación con granos, henos, ensilajes, etc.

 

Éste es un parásito microscópico que si no es tratado a tiempo puede ocasionar la muerte de los animales, ya que provoca un grave deterioro de la mucosa intestinal, con pérdida de sangre a través de las materias fecales. (Lea: Alternativas para manejar la coccidiosis en bovinos)

 

Muchas veces la sangre no se evidencia a simple vista y lo único que se puede apreciar es una diarrea oscura o negruzca, por esto, ante cualquier caso de diarrea se recomienda la toma de muestra para su análisis coprológico. El tratamiento consiste en administrar antibióticos durante un período no menor a 5 días. Es conveniente luego de finalizado el tratamiento tomar muestras para análisis coprológico y confirmar la desaparición de este parásito.

 

Otro riesgo está con las enfermedades infecciones como Clostridiosis y Carbunco.

 

Para este último caso, el productor encontrará los animales muertos, por lo general en decúbito dorsal (“patas para arriba”) e hinchados, y en ocasiones con sangrado por orificios naturales (nariz, boca, recto).

 

Esta enfermedad es una zoonosis, o sea, una enfermedad que se transmite en forma directa de los animales al hombre, entonces será imprescindible que no se abran los cadáveres de animales que aparezcan muertos en estas condiciones, hasta tanto no sea confirmado el diagnóstico por un Médico Veterinario. Ante la duda, incinerar estos cadáveres o enterrarlos profundamente rociándolos con soda cáustica o cal viva. Las formas de resistencia de estas bacterias (esporas) tienen la particularidad de permanecer en el suelo e ingresan a través de la mucosa del sistema digestivo cuando los vacunos u ovinos ingieren suelo o pasturas infectadas. (Lea: ¿Qué es el Carbunco sintomático y Edema Maligno?)

 

Para el caso de las Clostridiosis, especialmente la Mancha, la muerte de los animales también sobreviene rápidamente (12 a 48 horas). Las esporas son ingeridas por el animal y permanecen en los tejidos animales hasta que cualquier evento traumático que disminuya el oxígeno a nivel muscular (golpes, vacunas mal aplicadas, castraciones) permita que las esporas eclosionen y se desarrolle la enfermedad.

 

No se deben descuidar las fechas de revacunación contra estas enfermedades. Siempre es recomendable vacunar al menos 20 a 30 días antes del período de mayor riesgo de aparición de la enfermedad. “Recordemos que las vacunas comerciales disponibles contra las Clostridiosis solamente protegen al ganado durante 6 meses y para el caso del Carbunco la protección brindada es anual”, señalaron.

 

De otro lado, indican, las plantas tóxicas en condiciones normales no son consumidas por los animales, salvo raras excepciones. Sin embargo, ante situaciones límite, estas plantas se transforman en un recurso forrajero y por ende en una potencial causa de muerte. De esta manera, resulta imprescindible su reconocimiento para evitar el consumo. (Lea: Consumo de plantas tóxicas, un riesgo latente para su ganado)

 

Entre las plantas a tener en cuenta son: duraznillo negro y el duraznillo blanco. Como prevención se aconseja la revisión de los potreros u otros lugares accesibles para el ganado y el reconocimiento de las plantas para detectar su presencia y así evitar el consumo.

 

Por otro lado, plantas que normalmente no producen patologías se vuelven tóxicas debido a la acumulación de ciertos compuestos en las mismas. Por ejemplo, los sorgos y el sudangras pueden acumular ácido cianhídrico y/o nitratos. Una práctica habitual recomendada desde hace mucho tiempo para evitar la intoxicación con ácido cianhídrico es pastorear los sorgos y sudan con una altura de al menos 50 cm (que pase la rodilla). Estos altos niveles de cianhídrico se encuentran tanto en sorgos de tipo forrajero como para silo, así como en plantas pastoreadas y rebrotadas. Los síntomas son: dificultad para respirar (respiración rápida y dificultosa), incoordinación para caminar, temblores, orinan frecuentemente y el color de las mucosas es rosado y el de la sangre rojo brillante.

 

La escasez de lluvias es también un factor determinante para que haya niveles de nitratos en la planta, superiores a los normales, los cuales son altamente tóxicos para los vacunos y cuyos síntomas son muy similares a los ocasionados por el ácido cianhídrico. Se dan en cultivos como avena, raigrás, trigo, maíz y algunas malezas. (Lea: Cómo evitar intoxicaciones por nitratos y nitritos)

 

Lo importante es incorporar planes de vacunación adecuados para prevenir las enfermedades infecciosas más comunes. Para esto, es fundamental en los animales jóvenes que se vacunan por primera vez, revacunarlos a los 15 a 20 días para lograr una correcta inmunidad. Posteriormente, no descuidar el cumplimiento de las fechas de revacunación, ya sea semestralmente o anualmente, según sea la especie animal y/o la enfermedad a prevenir.