El proyecto para instalar sistemas silvopastoriles a menor costo

Por: 
Pedro Fonseca
03 de Julio 2018
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La investigación de Pérez en Agrosavia (antes Corpoica) le ha permitido conocer el detalle de las especies ideales para SSP en el Tolima. Foto: Cortesía
Desde hace más de una década, en el corazón del Tolima se ha venido gestando un proyecto adelantado por la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Agrosavia, que le ayudará a implementar un SSP con plantas de su propio predio.
 
Nelson Pérez Almario es investigador Master en el Centro de Investigación Nataima de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Agrosavia. Antes de dedicarse específicamente a los SSP, participó en un proyecto interinstitucional como ejecutor hace más de 15 años.
 
“Esta investigación arrancó con productores del Huila, cerca de la petrolera, en las veredas de San Francisco y Peñas Blancas de Neiva, que son zonas muy deprimidas por la falta de agua”, dijo. (Lea: 5 pastos y árboles que son tendencia entre los ganaderos)
 
El experto contó que el primer acercamiento se dio cuando consultaron a los propietarios de cada finca cuáles eran las especies que se daban en sus predios y cuáles consumía el ganado. De este trabajo salió la publicación “No solo pastos come el ganado” en 2003.
 
“Luego fui a Costa Rica, hice la maestría en Agroforestería, con el enfoque en sistemas silvopastoriles. Allí conocí una metodología de investigación que se llama rasgos funcionales, que lo aplican los ecólogos y biólogos para caracterizar especies del bosque húmedo. A mí me llamó la atención porque esto también lo podemos aplicar para seleccionar especies para SSP”, añadió.
 
En los últimos años, el investigador ha venido desarrollando esta metodología, con unos resultados notables que incluye no solo la identificación de las especies nativas que podrían contribuir a estos sistemas, sino sus características, su valor nutricional y su manejo.
 
De acuerdo con Pérez Almario, en tanto que especies como la leucaena llevan 70 años de investigación, especies como el matarratón o el guácimo no habían recibido la misma atención salvo de algunos grupos que habían concluido que el ganado las consumía y nada más.
 
“Entonces nosotros empezamos a hacer el trabajo de caracterización, midiendo los atributos propios de la especie, que uno debe conocer para saber cómo expresan sus respuestas, sean positivas, negativas o neutras, es decir, todo lo que son interacciones de la especie en el sitio donde está”, indicó.
 
Los resultados de la investigación
 
Basado en la metodología de rasgos funcionales, Pérez Almario puede dar una información precisa y respaldada en hechos concretos de las especies nativas que ha investigado durante todo este tiempo. (Lea: Asopastoril propone día institucional de los sistemas silvopastoriles)
 
La caracterización incluye los aspectos físicos como la dureza de las hojas hasta la cantidad de forraje y los ciclos de producción para recomendarla. Por ejemplo, un determinado cultivo puede sostener cortes, aprovechamientos o rotaciones en un periodo de 30 o 45 días, mientras que otra puede necesitar hasta 3 meses en recuperarse.
 
En este sentido, una característica fundamental que ha evaluado es la densidad de la madera, que permite saber a qué velocidad se recupera, pues la producción de biomasa y rebrotes están en función de esta cualidad.
 
“Por ejemplo, en la moringa o el matarratón, el mismo botón de oro, tienen una densidad de madera muy baja, entonces los rebrotes son altos. En cambio, especies con densidad alta, que son muy duras, muy finas, como el cují o el payandé, necesitan más tiempo para recuperarse porque su dinámica de crecimiento es mucho más lenta”, aclaró.
 
De esta manera, recalcó en la necesidad de conocer al detalle las especies para saber cómo usarlas y recomendarlas. A la caracterización física de la planta se le sumó el estudio de los suelos, que también guardan bastante importancia.
 
En segundo lugar, estudiaron las variables nutricionales de la planta de acuerdo a un periodo determinado, para conocer cuál era el momento ideal de usarla y su tiempo de recuperación entre los 30, 45 y 60 días, o incluso más tiempo.
 
Según Pérez, la cantidad de información que obtuvo con el estudio ha sido tan detallada que conoce características de cada especie como el tiempo de crecimiento antes de darse al ganado, la forma de recuperación, la adaptación, tanto al ambiente como al manejo que realiza el productor.
 
Estamos pensando en cuál es la dinámica de crecimiento de estas especies y cómo puede jugar asociándola con los pastos. Necesitamos saber cuáles especies se recuperan rápido, permiten el ramoneo y no se corre el riesgo de que se mueran”, agregó.
 
Las especies nativas para SSP
 
De acuerdo con el investigador, en la actualidad puede recomendar especies que se dividen en 3 grandes grupos, siendo las primeras aquellas que se pueden sembrar directamente en el campo. (Lea: Crean asociación para promover sistemas silvopastoriles en todo el país)
 
Tenemos otro grupo de especies que por sus características, que solamente pueden ser recomendadas para cercas vivas, y un tercero para corte y acarreo, porque no aguantan el ramoneo o el pisoteo y se corre el riesgo de que se mueran, como el caso del matarratón, el botón de oro y la moringa”, agregó.
 
En el primer grupo, que aceptan el ramoneo, están las plantas como el bohío, una especie nativa del Caquetá y que también se han caracterizado en el Tolima, el ciruelo dulce y el ciruelo ácido, y las erythrinas, especialmente la Erythrina fusca, la más abundante en la región.
 
Para el grupo de cercas vivas, se necesitan árboles con alta densidad de madera, de las cuales casi todas son espinosas, como el cují (Prosopis Juliflora), payandé (Pithecellobium dulce), o el angarillo (Choroleucon bogotense). Estas sirven para sombrío porque crecen demasiado lento y casi no producen biomasa, por lo cual no se deben forzar en el sistema.
 
Hay otras como el guácimo, el gomo o la albizia niopoides, especies nativas que los productores en Colombia casi no conocen y no utilizan para sus predios ganaderos. Asimismo, hay otras como el carbonero y la caliandra, que se pueden sembrar directamente en el potrero.
 
¿Cómo se puede ahorrar?
 
También aseguró que gracias a esta caracterización, se dieron cuenta que no es necesario tener altas densidades de diversas plantas, con lo cual el ganadero puede evitar un gasto excesivo en la instalación del SSP. En su investigación, concluyó que no se requieren más de 1.500 arbustos por hectárea.
 
“Esto bajaría tremendamente los costos, porque establecer un SSP con leucaena está por encima de los $6 millones por hectárea, mientras que con esta nueva tecnología, bajando la densidad, automáticamente bajamos los costos de establecimiento y manejo, y hablaríamos de un valor no superior a los $2 millones, incluida la pastura”, señaló.
 
Por ahora, no hay empresas que comercialicen las semillas de estas especies porque todavía no las conocen y no ocupan un espacio en el sector de los insumos agropecuarios. (Lea: Efectos de los sistemas silvopastoriles en el comportamiento del ganado)
 
Sin embargo, Pérez adelantó que ya están trabajando desde Agrosavia para resolver el tema de la multiplicación del material vegetal, aplicando una metodología proveniente de Brasil y Costa Rica para obtener una altísima densidad a gran escala.
 
“Con eso tendríamos solucionado el problema de la escasez de semilla, para no depender de la estacionalidad. Ya estamos trabajando en eso y mientras tendríamos que trabajar con la recolección de semilla de los árboles dispersos, por ahora, pero yo pensaría que en un año ya tendríamos mucha información de cómo producir a gran escala”, concluyó.