Un recorrido por el fascinante mundo de las razas bovinas conquistadoras

Por: 
CONtexto ganadero
25 de Octubre 2019
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En barcos españoles llegaron los primeros bovinos a América. Foto: feagas.com - agroinformacion.com

Ya han pasado varios siglos desde el desembarco de las huestes conquistadoras españolas en los umbrales del siglo XV, y aún hoy, aunque reducidas, pastan en nuestras praderas descendientes de los primeros bovinos que pisaron el territorio insular americano para arribar luego a lo que hoy conocemos como la Costa Caribe colombiana.

 

Frente a la proeza épica del descubrimiento, siempre nos imaginamos a las carabelas como imponentes embarcaciones que surcaban el océano sin dificultades. Pero basta revisar la historia naval o conocer sus réplicas vivas, para constatar que apenas eran algo más que grandes barcazas hacinadas de marineros, incómodas con mínimas condiciones sanitarias y muy poca capacidad de carga, como no fuera para las municiones, agua potable y vituallas indispensables.

 

Es fácil adivinar entonces, por qué los vacunos no desembarcaron con el primer viaje de Colón, pues además no era lógico cargar estos animales hacia el destino original de las Indias, donde ya se sabía la existencia de la especie bovina. (Lea: Europa se preocupa por proteger sus razas criollas)

 

Fue por ello que el segundo viaje, en el año 1493, cuando los expedicionarios embarcaron terneros, cerdos y ovejas, hacia el destino ya conocido como la isla de La Española, hoy Santo Domingo.

 

De la Española a Santa Marta

 

Después de la pionera exportación de Colón, la cédula real de Isabel La Católica, en marzo de 1503, aprobó el envío de ganados a América, representados en “bestias y ganados que hubiere menester”.

 

Las dificultades para transportar el ganado subsistían, como también las que tenían que ver con la aclimatación de animales de razas europeas, que no eran los mejores y que, además de llegar en condiciones deplorables, debían soportar el inclemente clima y las plagas del medio tropical.

 

La intención de montar la estación ganadera en La Española sufrió luego un gran revés cuando, en el año 1050, un huracán tropical devastó la isla y mató un gran número de equinos y bovinos.

 

Fue necesario que el hijo de Cristóbal y gobernador de la isla, don Diego Colón, prohibiera totalmente la salida de toda clase de ganados para que fuera posible la restauración del hato.

 

Solo la influencia de Don Rodrigo de Bastidas, quien además de ganadero próspero, había acumulado cerca de 10.000 cabezas, era también oidor y tenía títulos eclesiásticos, permitió la expedición de la cédula real del 16 de mayo de 1524, que autorizó el desembarco, el 29 de julio de 1525, día de Santa Marta, y la fundación de la ciudad que bautizó con el mismo nombre. (Lea: Beneficios de las razas criollas en los cruzamientos)

 

En este viaje llegaron los primeros ganados desde La Española a tierra firme, dando inicio al núcleo ganadero que se irrigaría a lo largo de toda la Costa Caribe, al cual se sumaron posteriores exportaciones desde La Española hacia otros destinos de la Costa, dentro de las cuales se destacan:

 

Las de los hermanos Heredia en 1533, con arribo a Cartagena, la de don Pedro de Lugo en 1542, que desembarcó en La Guajira y desde allí, avanzó hacia lo que es hoy el departamento del Cesar.

 

De esta forma se dieron las condiciones para que, en un posterior y trascendental paso, a partir de la Costa se iniciara la nueva epopeya de adentrarse con los ganados hacia los territorios desconocidos del interior.

 

Las razas fundadoras

 

Entre la reseña histórica anterior y la imaginación, se puede entrever cómo habrían llegado los primeros bovinos a lo que hoy es nuestro territorio, sin entrar a considerar qué animales fueron los que lograron hacer la travesía transoceánica hasta nuestras costas.

 

Desde el punto de vista de calidad, no se puede esperar que hayan sido los mejores exponentes de las haciendas españolas de entonces, sino, más bien, terneros y terneras de las que hoy llamaríamos “comerciales” y de bajo costo, pues no se trataba de arriesgar una inversión alta en una aventura sin muchas garantías.

 

Emigdio Pinzón Martínez, en su “Historia de la ganadería colombiana”, muestra ese fascinante recorrido desde su aparición, del cual se extrajo, sin ahondar en los detalles técnicos, una breve descripción de las principales razas conquistadoras, que se convirtió en un clásico de obligada consulta, que puede ser consultado en la Revista del Banco Ganadero –suplemento–. (Lea: Razas criollas colombianas: eficacia reproductiva)

 

Raza Retinta

 

Se considera, por datos históricos, que esta raza ibérica es muy antigua. Se sabe por ejemplo, que desde los tiempos de los Reyes Católicos, es decir, durante la época de la conquista de América, se dedicaba al trabajo de transporte en Sevilla y Huelva.

 

Sus ascendientes provienen del norte de África, especialmente de Egipto, y por conducto de las corrientes migratorias entraron a la península Ibérica.

 

El actual ejemplar de la raza retinta es un vacuno moderno, perfeccionado, con actitud cárnica manifiesta; muy pesado y precoz. Su cabeza es de tamaño mediano, con cuernos dirigidos hacia los lados, hacia adelante y hacia arriba.

 

Tiene un cuello fuerte y musculoso, tronco ancho, largo y profundo, lomos amplios y llenos; grupa horizontal, larga y ancha; tren posterior convexo muy desarrollad, con musculatura abundante y profunda. (Lea: Las razas bovinas que predominan en Suramérica)

 

Es una raza roja retinta, del mismo color que en Colombia se denomina araguato, cereza, castaño o canela, con mucosas de tonalidad similar.

 

Raza Cacereña

 

Como su nombre lo indica, es originaria de la región de Cáceres. Es necesario diferenciar entre la Cacereña antigua, de mucosas oscuras o pigmentadas, formada por la derivación natural de los ganados primitivos llegados de África a esa región española, y la raza Cacereña despigmentada, resultante de la segregación genética dirigida por los criadores hacia el tipo rubio actual.

 

La Cacereña antigua, es decir, la que existía en España durante la época de la Conquista, se hallaba desde hacía miles de años en la región de Extremadura, una de las provincias más ganaderas de España.

 

Es una raza de tipo ambiental rústico, sobria y resistente a situaciones adversas. Posee excelentes aplomos, buena marcha y un alto poder digestivo, por lo cual se considera como una valiosa reserva genética.

 

Tiene cabeza ancha, con cuernos de tipo ortocero, frente plana, cuello fuerte con abundante papada, dorso ligeramente ensillado y grupa algo estrecha.

 

Raza Berrenda Andaluza

 

Es producto del cruzamiento de la Cacereña con linajes pigmentados, con la Andaluza Negra o la retinta. Los ejemplares resultantes son berrendos, sardos o cárdenos, con piel y mucosas negras. (Lea: Animales de pelaje corto permiten responder contra la garrapata)

La capa está cubierta de pelos blancos y negros mezclados con acumulaciones melánicas en las partes distintas del cuerpo (hocico, orejas y extremidades).

 

Este tipo de ganado abundó hasta épocas recientes en Cáceres, Badajoz, Salamanca, Sevilla y Córdoba; aunque hoy se encuentra casi desaparecido.

 

El Blanco Orejinegro azul y pintado de Caldas, guarda cierta identidad con estos ganados andaluces, que fueron muy apreciados por su color, rusticidad, agilidad, sobriedad y capacidad de trabajo.

 

Raza Gallega

 

Es una de las más importantes en España y quizás la que más influyó en el origen de la ganadería latinoamericana. Es originaria del antiguo reino de Galicia, provincia de Ponteverde, en el noreste de la península Ibérica, donde alternan las montañas con los valles profundos.

 

Posee aptitudes para el trabajo y la producción de leche y carne: es rústica, fecunda y muy versátil para las familias rurales que la explotan, pues aprovecha muy bien los subproductos de la labranza o de los cultivos en las pequeñas parcelas de los campesinos gallegos, para los cuales es también el tractor más económico y disponible.

 

Sus ejemplares son de piel gruesa, cubierta de pelo colorado uniforme, rubio, bayo o trigueño; mucosas rubias, amarillentas, trigueñas o negras; cabeza mediana de perfil recto, con frente y cara planas, cuernos bien desarrollados y dirigidos hacia afuera y hacia atrás en forma de lira abierta. (Lea: 1.600 kilos de la mejor carne del mundo)

 

El cuello es corto y grueso en el macho, y más largo y delgado en la hembra; la cruz algo baja, el dorso ligeramente ensilado, y el lomo bastante carnoso. El tórax es profundo, y la grupa alta y algo estrecha; anca saliente; cola con inserción alta en forma de cayado; miembros finos, fuertes y regularmente aplomados.

 

Para mayor información sobre el fascinante mundo de las razas bovinas conquistadoras, consulte el Libro de las razas de la Federación Colombina de Ganaderos, Fedegán, 2007.