Razas criollas, claves en la construcción de una producción sostenible

Por: 
CONtexto ganadero
29 de Noviembre 2021
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Las razas criollas por su adaptabilidad a las difíciles condiciones de algunas zonas de producción, son las indicadas para desarrollar proyectos de sostenibilidad. Foto: perulactea.com

Las condiciones de producción en la Orinoquía colombiana son complejas y por eso, en el caso de la ganadería, se deben buscar razas que se adapten al medio para poder lograr buenos resultados.

 

Durante el 6º Foro Ganadero Iberoamericano, organizado por la red Conbiand y Aoscriollanos, Javier Rodríguez Dueñas, Gerente de Inversiones Agrarias y Ganaderas Cachamas S.A.S., señaló que los ecosistemas determinan cuáles son las razas o tipos de animales que mejor se pueden adaptar a ellos sin tener que hacer cambios en el entorno ambiental. Esto se debe hacer así por el factor económico pero también porque esas transformaciones tienen unas implicaciones ecológicas importantes.

 

La empresa tiene una propiedad en un predio llamado cachama en San Martín, Meta, en la altillanura colombiana donde las temperaturas oscilan entre los 23 y los 38 grados centígrados y una humedad relativa entre el 65 y 80 % dependiendo la estación y una sensación térmica entre 25 y 42 grados centígrados. La pluviometría está entre 2.500 y 2.800 milímetros al año concentrada la mayor parte de las lluvias en los meses de abril, mayo, junio y julio y con menor intensidad de agosto a noviembre. (Lea: Las razas criollas, alternativa eficiente ante el cambio climático)

 

En este proyecto confluyen diversos actores como Asocriollanos que ha ayudado con toda la metodología genética; TMC con la parte de evaluación ecosistémica; y, el proyecto Biocarbono Orinoquía con las evaluaciones de captura de carbono.

 

Las coberturas son forrajes toscos y fibrosos, pobres nutricionalmente con suelos que tienen una baja condición de fertilidad y baja tasa de ciclaje de nutrientes por las mismas condiciones ambientales y difícil acceso al agua por las distancias por lo que se debe acudir a los acueductos ganaderos o instalaciones hidráulicas para los abrevaderos del ganado.

 

Son grandes áreas sin sombrío o bancos de sabana por lo que la carga ambiental debe ser soportada por los animales con el consecuente efecto de estrés calórico.

 

Diferentes estudios han mostrado que el estrés calórico es directamente proporcional a la capacidad de producción y a la misma sobrevivencia de los animales, por lo tanto bajo las condiciones en que ellos se encuentran, animales de corte no adaptado tienen pocas posibilidades de reproducción y deben dedicarse casi que a la sobrevivencia, indicó.

 

Cuando se tienen esas condiciones de estrés se afecta el bienestar animal pero también se impacta el consumo de materia seca y se pierde la condición corporal; hay una mayor incidencia de abortos, bajos pesos al nacimiento, aumenta la incidencia de trastornos metabólicos, un menor rendimiento promedio de leche y disminuyen las tasas de preñez. (Lea: ¿Por qué los ganaderos están usando las razas criollas nuevamente? Responde Ricardo Camacho)

 

“Estamos enfrentando la crisis del cambio climático que hará que la temperatura en la región aumente entre 1,5 y 1,8 grados centígrados. Además, se prevén unas variaciones muy importantes en el régimen hídrico con disminución importante de lluvias en el verano y mayores inundaciones en el invierno”.

 

Esto, dijo, también es conducente al cambio en las sabanas nativas, en las coberturas y las especies que más van a tolerar esto son las más fibrosas que captura carbono y que tienen la capacidad de soportar estas altas temperaturas y en general las condiciones extremas.

 

Por eso, con base en dicho panorama se debe pensar en los sistemas sostenibles, qué se debe hacer para conservar el aire de calidad y para hacer mitigación y captura de carbono, la no deforestación, liberar áreas para devolverlas a los bosques y no cambiar las coberturas naturales por lo que la producción debe basarse en las mismas sabanas que se tienen hoy día.

 

La gestión de las praderas es una de las herramientas de manejo más importante, así como la recarbonización del suelo y la fermentación entérica industrial del estiércol adecuadas para mitigar.

 

Así mismo, el agua sigue siendo un factor fundamental y aunque la región es rica es dicho recurso, sufre las condiciones extremas y por eso deben hacerse unos manejos especiales para la producción ganadera. (Lea: Estas son algunas de las ventajas genéticas de las razas criollas)

 

En lo que respecta al suelo, hay que tener en cuenta la constitución de vida y la materia orgánica considerando la pobreza que tienen pero que a partir del ciclaje de nutrientes su dinámica cambia para la producción. Importante porque es el mayor sumidero de CO2 por captura de carbono orgánico soluble del suelo, lo que conduce a un mejoramiento en la calidad y cantidad de la misma sabana.

 

Todo esto debe llevar a una producción y una productividad de acuerdo a la calidad demandada, unos mercados sostenibles y una rentabilidad que se debe generar para el negocio ganadero.

 

En la zona son endémicos a ectoparásitos y enfermedades reproductivas y las garrapatas son una de las infestaciones más grandes que se tienen en la región que también está dada por los sistemas de manejo.

 

En el caso de esta empresa el ganado cebú ha sido el dominante y aunque son tolerantes al calor son lentos en reproducción, no son buenas productores de leche y por lo tanto para la cría, mientras que las razas localmente adaptadas tienen la ventaja de responder bien en estos sistemas y ser la base genética para esos biotipos que se quieren para el medio.

 

Entre los pilares para la toma de decisiones en la altillanura está el recurso hídrico, los suelos, la conservación de la biodiversidad, la producción con recursos genéticos locales, todo ello es importante para lograr esa armonía y entender que allí no hay sistemas productivos sino conceptos. (Lea: 5 razas de ganado criollo que están en peligro de extinción en Colombia)

 

“Esos conceptos cambian de predio a predio de una manera diferencial y de acuerdo a las condiciones de cada uno, esos conceptos se manejan para empezar a trabajar lo que es una producción sostenible en su integralidad”, señaló.

 

Hoy día tienen cruces F1, F2 y hasta F3 y ello ha permitido disminuir la edad del primer parto, mayor precocidad, menor peso al nacer, mayor peso al destete, disminuyeron las mortalidades, mejor corporación corporal gracias al vigor híbrido, menores costos y mayor rentabilidad.

 

El toro sanmartinero ha sido el protagonista de la historia aunque se conservan algunos de la raza cebú y hasta un Blanco Orejinegro (BON)

 

Las razas criollas se introdujeron en este predio entre los años 2014 y 2015 y a partir del 2017 cuando empiezan a haber nacimientos, destetos y demás, se empiezan a observar cambios importantes  en la producción pasando de tener una natalidad del 31 % con ganado cebú blanco a 58 % en el 2020 y en mortalidades un descenso del 10 al 15 % a una entre 2 y 3 %.